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unam Comprensión o linchamiento
Edgardo Bermejo Mora
La primera impresión que me dejan los acontecimientos de los últimos días en la UNAM y el desenlace no por eficiente anticlimático del domingo 6 de febrero, es que hay algo por ahí que todavía no podemos o no acabamos de entender, una explicación menos ampulosa y más comprensiva del fenómeno político y social que representa este singular movimiento estudiantil al que se le aplicó como remedio, por mucho que lo mereciera en nombre del Estado de derecho, el desenlace ramplón de las rejas y del linchamiento moral. Al primero lo explican nuestra legalidad y no hay mucho que alegar al respecto, pero el segundo, el linchamiento moral, es el resultado de nuestra reincidente miopía, y nuestra poca gana de ver más allá de lo aparente y de lo obvio, de condenar sin ingenio, de vilipendiar sin imaginación ni suspicacia. Me asumo entre los ciegos y me lamento por ello. ¿Quiénes son, quiénes eran esos miles de jóvenes que se unieron en el tremendismo "antineoliberal", la radicalización y la intransigencia? ¿Qué parte de nuestra historia contemporánea explican? ¿Dónde ubicarlos social y culturalmente? ¿Qué distingue a la masa enfebrecida y rabiosa, pero a fin de cuentas convencida, de las cúpulas ideologizadas y profesionales que sólo parcialmente los dirigieron? Buscamos explicación en todas partes y con distintos tonos sin dar hasta ahora con una respuesta convicente e integral. De este lado del muro se derramó demasiada tinta para condenarlos y muy poco seso para comprenderlos. Le debemos a la opinión pública y al país una explicación más sensata y menos furibunda. Si no queremos extraviarnos en las rabietas testarudas y supinas de tipos como Eduardo Ruiz Healy -verdadero sucesor televisivo del tristemente célebre Blanco Moheno-; si aún nos queda un poco de curiosidad intelectual y de honestidad para preguntar antes que para concluir, será necesario regresar la cuenta atrás y repensar lo que pasó, más allá de la obviedad racional que nos llevó a criticarlos y descalificarlos de primera instancia. No sólo se trata de "ultras" como representación atávica y previsible de un sector trasnochado de nuestra izquierda; la toma de CU demostró al menos que el EPR o similares no tenían el grado de protagonismo que por un momento pudimos suponer; ¿dónde están las armas?, ¿dónde las acciones militares de respuesta? Acaso en nuestra retroimaginación. En este caso, como en otros, leímos al movimiento con anteojos del pasado cuando acaso el pasado se hizo presente en forma simbólica, pero no más. La explicación sigue esperando en otro sitio. El futuro pasó frente a nuestras narices y acaso no nos hemos dado cuenta. De Seattle a Davos a Ciudad Universitaria, hay algunos rasgos en común que por lo menos es necesario considerar. Versiones aún más chatas hablan de jóvenes "manipulados" por líderes torvos con intereses "extrauniversitarios", con un desprecio a la voluntad disidente de los jóvenes no menos pernicioso que las bobadas que se decían de los estudiantes en el 68: inocentes manipulados, jóvenes "sin valores", "rebeldes sin causa", "pseudoestudiantes", el lenguaje de la descalificación no es menos pobre, ni menos peligroso, altanero y procaz que las consignas antigubernamentales de los estudiantes del CGH. Vemos en el fondo de las reacciones más furibundas y menos generosas un conservadurismo de ultraderecha, no menos fanático que lo enarbolado por los radicales del CGH. En la disputa de ultras versus ultras son la inteligencia y la comprensión las primeras en salir derrotadas. Algo pasó en el país, en la Universidad, en nuestra democracia, como para que tuviésemos un movimiento tan desorbitado pero al mismo tiempo tan exitoso como el del CGH. ¿Qué se necesita para cerrar a la UNAM por espacio de casi un año?, ¿sólo un grupo de radicales o algo mucho más complejo? El conflicto universitario de 1999-2000 tocó demasiadas fibras de nuestra realidad nacional como para limitarnos a la simpleza de acusar a un grupo de fanáticos por todo lo ocurrido. El CGH, la huelga eterna, la debilidad del Estado, el oportunismo de los partidos, la estupefacción de los intelectuales, la toma policiaca de las instalaciones, me dejan con más dudas que respuestas. Algo me queda claro: el CGH es más que un simple movimiento de ultraizquierdistas radicalizados y se necesita algo más que la acción eficaz de la policía preventiva para entender y solucionar algo que por ahora no ha quedado resuelto. La UNAM se abrirá pronto, esperemos que pronto también se abra nuestra voluntad y nuestra capacidad de entender qué de viejo, pero sobre todo qué de nuevo, hay en toda esta historia Edgardo Bermejo Mora es escritor y periodista. Correo: edbeme@prodigy.net.mx |
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