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Deuda externa
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

cuentas claras


Enrique Contreras Montiel

¿Quién financia las ideas?

Si bien casi todos, o cuando menos muchos, estarían de acuerdo con el cumplimiento del principio de la educación gratuita, muy pocos o casi nadie se da por enterado en otro de los temas que involucran el cumplimiento de dicho ideal, y es de dónde se sacará el dinero para que así se cumpla.

Unos, incluso, los más osados, claman por que el gasto en educación sea un equivalente a 8% del Producto Interno Bruto; otros más, por que a los "inditos" de calzón de manta, como los que salen en las películas, se les vea en los pasillos universitarios; no faltan quienes sugieren que los profesores universitarios e investigadores realicen sus labores en las mismitas comunidades campesinas; pero pocos, incluso los que pueden pagar, como muchos de los estudiantes actuales, proponen poner un peso de su bolsillo para mejorar el sistema educativo en México.

 

Si las ideas fueran de oro...

Para que el gasto en educación fuera equivalente a 8% del PIB tendría que ser cerca de tres veces lo que es en la actualidad. Como idea no está mal pero, en las condiciones actuales, su puesta en práctica podría implicar muchas cosas. De algún lado tendría que salir el dinero: podría ser de más impuestos, de endeudamiento público o del financiamiento privado (privatización).

Sin embargo, la instrumentación de las ideas en la práctica podría pasar por la reasignación de la misma cantidad del dinero en diferentes objetivos. Por ejemplo, si solamente se reasignaran los gastos de política social, se dejaría sin presupuesto a todo el ramo de Salud y Seguridad Social, y con esta cantidad todavía faltaría una adicional correspondiente al resto del gasto en política social para que el gasto en educación equivaliera a ese 8% del PIB; o quizá se preferiría prescindir del de Agricultura, Comunicaciones y Transportes, de Hacienda, etcétera, en realidad, de la mitad de todo el gasto programable para cumplir con ese objetivo. Es decir, los mexicanos tendrían que olvidarse de la democracia, de las carreteras, del fomento a la industria, al comercio, a la inversión, etcétera, para lograr más educación.

 

¿Educación para pobres o para ricos?

Ahora que si el objetivo es aumentar el gasto en educación superior, sobre todo el de la UNAM, se debe enfrentar un dilema fundamental: educación superior o básica. El gasto asignado a la UNAM equivale a más de 7% del total que se destina para educación en México. Nuevamente, con los recursos disponibles, la decisión de ampliar el gasto en educación superior implica la reasignación del gasto, lo cual conduce a ponderar la importancia de la educación superior sobre la básica en un país donde la tasa de analfabetismo es de alrededor de 10% de la población mayor a 15 años.

Ya de por sí la educación media y superior absorben 22% de los recursos federales destinados a la educación, y permiten atender a 14.6% de la matrícula pública nacional. En contraste, la educación básica atiende a 83.6% de la matrícula estudiantil, en tanto que solamente dispone de 65.9% de los recursos presupuestales destinados a la educación. La decisión de aumentar el gasto en educación superior para lograr un licenciado más en este país implicaría dejar sin escuela a algunos pobres

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