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unam UNAM en gris
Julián Andrade Jardí
El problema con los operativos policiacos es que uno sabe cómo inician pero jamás cómo terminan. La Policía Federal Preventiva entró en CU sin problemas mayores. Los líderes del CGH, que en ese momento se encontraban reunidos, fueron arrestados con otros cientos de estudiantes. Es evidente que la actitud del CGH era insostenible, que su radicalidad los hizo perder la perspectiva y dilapidaron, de modo absurdo, los que sin duda eran sus triunfos. La UNAM no podía permanecer cerrada, no si se pensaba en el bien del país y en el de miles de estudiantes. Cerca de mil estudiantes se encuentran presos, mientras otros son buscados por la policía. Lo desproporcionado de los cargos, en la mayoría de los casos, propiciará que se queden en prisión por largos meses, quizá hasta que termine el sexenio. No creo que eso sea justo ni inteligente y dudo mucho que pueda resistir un análisis jurídico profesional. Algunos jóvenes -detenidos en CU- alcanzaron su libertad después que la UNAM formalizó el desistimiento en las demandas que le competen. Qué bueno. La ley no es un capricho y la inteligencia de nuestros constituyentes hizo que los delitos sociales fueran vistos con benevolencia. La Constitución, por ello, asume la comprensión de los conflictos y se flexibiliza. Me dicen que los ultras se lo buscaron, que nunca creyeron en la democracia y el diálogo. Es cierto, pero el Estado no puede permitirse la venganza y mucho menos la tontería. La espiral de detenciones, los arrestos a deshoras y el clima enrarecido que se respira en la UNAM no traerán nada bueno. Quizá sea un reflejo de otros tiempos lo que me conmueve, pero lo cierto es que no encuentro argumentos suficientes para entender lo que está ocurriendo. Se recuperó la UNAM y eso no significa nada. Pasarán años antes de recobrar la normalidad, esa que propicia la libertad y el diálogo. Entiendo que sólo construiremos una modernidad democrática con el apego a la ley, pero sospecho que en estos días no estamos avanzando por ese camino. Posdata para un campo en gris Recorrer el campus, custodiado por la PFP, es percatarse de lo frágil que es la libertad y de los múltiples peligros que la acechan. Las facultades son el signo de los meses de despojo, de los salones convertidos en habitaciones y de los auditorios habilitados como fondas. Es el ejemplo de la posposición de la ley, de la terquedad del gobierno por conservar el aplauso. Ahora, sin embargo, los vientos que soplan no son los mejores. Hay jóvenes acusados de terrorismo y órdenes de aprehensión solicitadas sin mayor conocimiento. Es tiempo de que la UNAM dé una lección de cordura, ojalá la dejen Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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