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la granja
Raúl Trejo Delarbre
1 Pobre UNAM De la huelga universitaria se ha dicho tanto y con las mismas fórmulas, que pareciera que nada nuevo hay por afirmar. El tiempo se agota, la UNAM jamás será la misma, el paro atenta contra los universitarios y también contra el pueblo de México, el diálogo se agotó... Todo eso se ha dicho tantas veces y de tantas maneras, que parecería inútil insistir en ello. A estas alturas es evidente que entre los paristas hay un sector que jamás querrá dialogar, que el gobierno ha cometido un error terrible -y costoso, ya se verá- al no querer cumplir con su obligación de aplicar la ley en la Universidad y que las autoridades de la Rectoría hicieron todo lo posible -incluso concediendo más de lo que era política, académica y moralmente pertinente- sólo para ratificar la intolerancia de los secuestradores de la UNAM. Al comenzar esta semana, el atascamiento del litigio universitario únicamente podía resolverse con una decisión política, a la vez que legal, que el rector no se animaba a solicitar y que el gobierno federal seguía teniendo temor a emprender. Distintas voces coincidían en que no hay de otra. Por su parte, los enfrentamientos entre paristas y alumnos adversarios de la huelga se enfilaban hacia una escalada riesgosamente violenta. 2 Sarukhán, verdades Un juicio autorizado y nada complaciente sobre la quizá irremontable crisis universitaria, lo manifestó el ex rector José Sarukhán Kermez en una entrevista para La Crónica de Hoy, el pasado lunes 31 de enero. Con esa sencillez conceptual que suelen tener quienes se dedican a las ciencias naturales pero además con la experiencia que reunió en ocho años al frente de la Universidad, Sarukhán sentenció: "A estas alturas está claro que este problema está totalmente fuera de la Universidad; que finalmente la opinión de la UNAM se expresó y quiere regresar a clases; que la Universidad no tiene los medios para solucionar esto por sí misma; que hay intereses políticos perfectamente definidos detrás de quienes están sosteniendo esta situación. Es perfectamente obvio de quién es la responsabilidad de solucionar esto." Cuando el reportero Rigoberto Aranda le recordó que la autonomía de la Universidad ha sido señalada como impedimento para que el gobierno intervenga, el doctor Sarukhán replicó: "Ellos utilizan una acepción de autonomía que no tiene nada que ver con lo que es la Universidad." 3 "No les importa" ¿Por qué no actúan?, replicó el reportero aludiendo al poder político. "Se puede pensar que en realidad la UNAM no les importa -contestó el ex rector utilizando también la tercera persona del plural-. O que la educación pública superior no les importa." La decisión de no aplicar la ley, dijo Sarukhán más adelante, constituye "un pésimo ejemplo... incluso para la educación cívica de los jóvenes... Se crea la ilusión de que uno puede hacer muchas cosas que quebranten la ley y finalmente no pasa nada". En otro momento, Sarukhán le puso una pizca de sal al triunfalismo que campeó entre las autoridades universitarias después del plebiscito del 20 de enero. "Fue muy bueno saber que votaron casi 180 mil personas. Pero si uno hace un poco de cuentas y quita al personal académico y administrativo -unas 50 mil personas- quiere decir que aproximadamente la mitad de los alumnos participaron". ¿Y el resto de los estudiantes de la UNAM? Sarukhán se sumó a la pregunta: "Qué pasa con la otra mitad. ¿No les importa? ¿Espera que otro venga y arregle las cosas? Parece que hubiera miedo a la participación, a la expresión de sus derechos y a pedir que se regrese a tomar clases. Pero tampoco están del otro lado. Es muy preocupante". Lo es, en efecto. La indiferencia, o el temor a participar de la mayoría de los universitarios ha sido uno de los síndromes más lamentables durante esta huelga, que ya dura diez meses y medio. El plebiscito les dio voz (aunque fuese sólo para adherirse a una propuesta que no pudieron discutir, ni matizar) a muchos de ellos. Pero mientras, literalmente, la Universidad languidece, decenas de miles de sus estudiantes y profesores se quedan nada más mirando. Además no tienen de otra. Recuperar las instalaciones, no es tarea de una turba de antiparistas. La aplicación de la ley sigue siendo indispensable. 4 Chabacanización En la misma entrevista, el doctor Sarukhán deplora las ambigüedades que suelen nublar el discurso acerca de la Universidad: "Veo con pavor la cantidad de eufemismos que usamos para calificar lo que está pasando. Parece que es una enfermedad nacional ser políticamente correcto. Llevamos esto a un grado verdaderamente asombroso; `moderados`, `grupos de apoyo`, `paro en defensa de la Universidad`. Vivimos una chabacanización del idioma para describir lo que verdaderamente está pasando." Tiene toda la razón el biólogo Sarukhán. El miedo a las palabras se ha extendido como resultado de la falta de compromiso político y, entonces, también retórico. Se le dice "moderados" -ya lo comentaba esta columna la semana pasada- a un sector de quienes, sin continencia alguna, han sostenido la huelga. Se denomina "grupos de apoyo" a las organizaciones corporativas que mantienen a centenares de sus miembros en Ciudad Universitaria, no por solidaridad con la causa de los paristas sino en espera de cobrar su salida del conflicto con réditos clientelares como los que han sido habituadas a recibir. Tiene razón el doctor Sarukhán. La terminología chabacana que se emplea en éste como en otros asuntos nacionales es parte de la frivolidad con que los actores políticos y en ocasiones los medios de comunicación encuentran más cómodo acuñar estereotipos triviales (lights) en vez de decirle a las cosas por su nombre. 5 Oídos sordos No todos sucumben a esa chabacanización. El lunes, en uno de los planteles de la ENEP cuyos estudiantes acudieron a exigir a los paristas que ya los desalojen porque ellos quieren tomar clases, una muchacha gritaba: "¡Si ustedes no quieren ser alguien en la vida no es nuestro problema. Nosotros sí. Nosotros sí queremos estudiar!" Exigencias como ésa se han repetido desde hace una semana en todas las escuelas de la Universidad. Ante ellas no sólo entre los paristas hay oídos sordos. También en el gobierno Correo: rtrejo@etcetera.com.mx |
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