![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | medios | ensayos | cultura | |
| mañana | tianguis | libros | espectáculos | |
| etcétera | ||||
|
columnas |
||
|
textos por los caminos de sancho nostalgia barandal el hombre aproximativo
|
bahías La gran provocación
Rafael Cordera Campos
El Bloque de Fuerzas Proletarias, el Frente Popular Francisco Villa, los colonos de Santo Domingo, el Frente Zapatista de Liberación Nacional, el Bloque de Organizaciones Sociales y la Central Unitaria de Trabajadores, entre otros organismos, han estado en la Universidad Nacional Autónoma de México apoyando a unos huelguistas, que cada día son menos, en un secuestro que lleva ya más de nueve meses. Sí, desde un principio, esa huelga que ha paralizado a la universidad más importante de México ha contado con la presencia de organizaciones y personajes extraños que han consolidado las acciones y objetivos de una minoría evidente. El plebiscito propuesto por el rector De la Fuente y organizado por el Consejo Universitario hizo evidente lo que ha estado pasando. La mayoría de los universitarios o, si se quiere ser preciso, 180 mil de ellos, demandaron el fin de la huelga y avalaron las propuestas de la autoridad universitaria. Ciento ochenta mil personas no las ha podido juntar el CGH ni en sueños de todos o de por lo menos sus "estudiantes-profesores" o "profesores-estudiantes" y asesores que los acompañan. Ni en marchas ni en sueños, los atilas del sur de la ciudad de México han podido siquiera imaginar el respaldo social con que cuenta hoy Juan Ramón de la Fuente. Sí, el rector de la UNAM tiene el respaldo explícito de 180 mil universitarios y de la opinión pública. Cuando los más duros del CGH se niegan a aceptar el resultado del plebiscito, cuando no aceptan recibir de la mano del doctor De la Fuente el documento que detalla ese proceso, cuando no quieren aceptar que se realice, entre otros, el tan llevado y traído congreso para procesar la reforma universitaria, lo que en verdad le dicen tanto a la comunidad como a la opinión pública, a la sociedad y al Estado, es que no secuestraron a la institución para reformarla sino para mantenerla cerrada. ¿Para qué mantener clausurada a la institución? Solamente lo saben los que han dirigido esa operación. ¿Puede ser para llegar al 2 de julio y provocar situaciones difíciles al país? ¿Se trata también de poner en cuestión la viabilidad de la universidad pública? Puede ser eso y más. Hoy por hoy no es posible saber a ciencia cierta cuáles intereses mueven la estrategia puesta en práctica. El caso es que se está, como se ha podido demostrar, frente a una gran provocación. Y mientras tanto, la Universidad aparece sola y por ello debe atenerse a sus fuerzas, a las que le proporciona su comunidad, sus estatutos jurídicos y la solidaridad social que está expresándose. Lo demás que habría que esperar no es lo de menos, pero no existe hasta ahora. El "tratamiento" que decidieron darle a la asistencia del doctor Juan Ramón de la Fuente y personalidades de la calidad académica y moral como Alejandro Rossi y Luis de la Barreda, entre varios más, habla de lo que son los agrupados en las siglas del CGH. Los escupieron, los golpearon y ofendieron, les querían impedir que dejaran un lugar público, en la avenida Insurgentes, frente al edificio de la Rectoría y, con todo ello, estuvieron a punto de crear situaciones verdaderamente difíciles, particularmente en términos de la seguridad de esos ciudadanos. Un día después de esa visita, las notas informativas dieron cuenta de las escuelas que están siendo recuperadas a pesar de la oposición de los paristas y sus aliados, miembros de organizaciones sociales extrañas a la Universidad. Se vive en el filo de la navaja, los frágiles equilibrios se pueden romper. Los huelguistas y quienes les dan solidaridad y seguridades quieren ser reprimidos, buscan mártires, para poder pasar a situaciones mayormente difíciles y arrancarle la iniciativa a las autoridades y a esos 180 mil que acudieron al plebiscito. Lo que quieren es mantener a la Universidad paralizada y secuestrada. No están por ninguna reforma precisamente porque de ello no han hablado, por lo menos con consistencia y rigor, y no lo han hecho porque de eso nada saben. No tengo la menor idea de lo que pasará en estos difíciles días en la UNAM. Pero tampoco dudo de la necesidad de apoyar las iniciativas de Rectoría, pues es en ellas y con ellas en donde, fortaleciéndolas social y políticamente, se pueden encontrar posibilidades de avanzar y terminar, aunque sea gradualmente, con la imposición que la ha afectado gravemente. Tal vez la recuperación de la institución pueda irse por el camino iniciado, es decir, escuela por escuela, dependencia por dependencia. Tal vez así se pueda llegar a demostrar la minoría que ha ejecutado el secuestro -y el saqueo- de la institución. Tal vez, pero sobre todo, hay que esperar que esa gran provocación contra la Universidad y el país no logre sus objetivos, aunque quienes la han puesto en práctica desde el inicio de la huelga impuesta van a intentarlo todo con tal de mantener su secuestro. Al tiempo Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
|
|
|
![]() |