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Pagando los platos rotos
Maribel Ramírez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El perdón de la deuda
Nicaragua como ejemplo

Ricardo Becerra

Existen deudas y deudas. Usted puede pedir prestado y emprender un proyecto productivo, digamos un taller de bicicletas. Ese taller dará empleo y producirá recursos para pagar los intereses y si todo va bien, finalmente el principal. Pero suponga que yo pido una deuda y la gasto en una fiesta (a mi edad, por desgracia ya no sería la primera vez); no seré más rico ni tendré más bienes ni instrumentos para ser más productivo. Lo peor es que estaré endeudado y obligado a pagar intereses.

Pues bien, según el Banco Mundial, casi 40% de la deuda del Tercer Mundo es del segundo tipo: préstamos que no fueron utilizados para generar riqueza sino recursos utilizados para pagar intereses vencidos, atrasos o refinanciar el esquema de adeudos. En muchos países la deuda externa ha cobrado "vida propia", crece por sí misma, deviene impagable ya no por el monto principal sino sólo por los intereses que genera. Para decirlo crudamente: algunos países de Africa y de América Latina están pagando al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo una cantidad de dólares mayor de la que reciben. La paradoja está consumada: una transferencia neta y masiva de recursos financieros de los países pobres hacia las instituciones creadas precisamente para financiar el desarrollo de los países pobres. El mundo al revés.

Pero para algunas naciones esto es sólo parte del problema; quiero decir, hay países en el mundo que simple y llanamente no tienen viabilidad financiera si siguen pagando su deuda externa. Y para encontrarlos no hay que ir muy lejos: Nicaragua es el caso mundial prototípico.

La gravedad de su situación es inmensa: entre 1980 y 1995, es decir, durante un periodo de 15 años, Nicaragua observó una tasa de ahorro negativa; sus bancos simplemente no tenían dinero para prestar, el país no podía financiar ningún proyecto de inversión más o menos importante. El economista español Luis de Sebastián calcula que el déficit de recursos para crecer, es decir, el déficit de inversión, alcanza 27% del PIB.

Sólo 20% de la población nicaragüense gana dinero suficiente para poder ahorrar; pero, ¿que es lo que hace ese estrato privilegiado? Pues coloca sus ahorros en bancos del exterior, preferentemente en dólares, precisamente por la debilidad de sus bancos. ¿Y el gobierno, ahorra? Nicaragua lleva nueve años consecutivos en los cuales los gastos del gobierno son mayores a sus ingresos. Tiene un Estado que no puede hacer una reforma fiscal: su recaudación es pequeña, no tiene dispositivos de control y la evasión se calcula en 45% de la masa de impuestos.

El sector externo de Nicaragua es otro desastre; el comercio con otros países representa 75% de toda su producción. Pero en esos intercambios acaba pagando más dólares de los que recibe: alrededor de 35% del PIB es su déficit en cuenta corriente. Por esas razones, Nicaragua se ve obligado a recurrir, una y otra vez, al endeudamiento externo.

Es el peor de los mundos; ese país centroamericano hereda la desgracia de una larga dictadura, una guerra civil y un periodo de transición extraordinariamente complejo. Además fue uno de los más afectados por la catástrofe que trajo el huracán Mitch, en noviembre de 1998. Por lo tanto, no es casual que cuando en los foros internacionales se habla de perdón a la deuda se piensa en Nicaragua (o en Mozambique o en Honduras, que exhiben realidades estructurales muy parecidas).

Repitámoslo: Nicaragua es un país que no puede progresar económica, política ni socialmente si no logra el perdón de su deuda. Allí las cosas han sido demasiado trágicas y han ido demasiado lejos. Son más de cinco millones de personas con una deuda de casi siete mil millones de dólares. ¿A qué se debe comprometer Nicaragua a cambio de la condonación?, ¿qué reformas debería emprender?, ¿cuál será la exigencia internacional? Esta es la clave del jubileo porque, como decía Disraeli, perdonar la deuda sólo se hace una vez cada mil años. Muy pronto sabremos qué tan lejos puede, quiere llegar Nicaragua

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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