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Los días y los años del CGH

Jaime Ramírez Garrido

¿Cuáles serán las consecuencias de tolerar el secuestro de las instalaciones de la UNAM por parte de lo que queda del CGH y de sus cómplices del Frente Popular Francisco Villa y anexos? Las secuelas pueden ir más allá de los destrozos, la descomposición de la institución educativa y otras evidencias que remiten a una verdadera y efectiva merma en la de por sí precaria cultura institucional de México.

Con el antecedente de Chiapas como referente, los ultras del CGH promueven una cultura del secuestro de las causas (los derechos indios y la educación gratuita), cristalizadas en la toma por la fuerza de un espacio público (Las Cañadas y el campus) arrogándose una representación que difícilmente les corresponde (los indígenas de Chiapas, los estudiantes de la UNAM).

Esta actitud es correspondida por parte de las autoridades, por una "cuarentena legal" -como la ha llamado Gilberto Rincón Gallardo-.

La cultura del secuestro y de la cuarentena legal amenazan con permear la cultura política nacional. El secuestro encuentra un premio en la excepción legal que, a su vez, está justificada por una supuesta tolerancia. Este círculo vicioso se convierte en un remolino que parecería convocar a todos los movimientos sociales a buscar el logro de sus objetivos mediante el secuestro y el chantaje y su posición de fuerza mediante la negativa a negociar.

Se ha cedido en todos los puntos propuestos por el CGH; se ha cedido en todas las condiciones para la negociación; se realizó un plebiscito -me parece que con las inscripciones para este semestre se hubiera confirmado el mismo resultado que la consulta- y nos encontramos ahora de frente al abismo donde cada día es más difícil convencer a quienes están dispuestos a recuperar la UNAM por cualquier medio que la justicia por propia mano es criminal y peligrosa.

Habría que preguntarse, en todo caso: ¿qué merma más el Estado de derecho? ¿La supuesta tolerancia con quienes han dado todas las muestras de intolerancia posibles, el premio a quienes se arrogan el derecho de los demás sobre las decisiones, o el uso legítimo de la fuerza?

La respuesta no es sencilla. Requiere de una solución tan compleja como complicado es el escenario al que hemos llegado. Y esta solución pasa, necesariamente, por pensar -más allá de las barricadas y las clases perdidas- qué universidad se quiere un día después de que comience la nueva normalidad. Lo peor que podría pasarle a la UNAM es mantenerse, cuando el paro termine, como antes del mismo

Jaime Ramírez Garrido es encargado de Despacho de la Secretaría General Adjunta del Partido Democracia Social.

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