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nostalgia ¿El principio del fin?
Julián Andrade Jardí
Inicia el principio del fin. Una especie de cuenta regresiva donde la violencia está latente. Los universitarios, organizados, intentan recuperar escuela por escuela y la policía nacional preventiva tiene una función parecida a la de los porteros o los veladores, aunque por pocas horas. No nos engañemos, la autoridad interviene después que los universitarios ya se han liado a golpes, ganando asambleas y tirando rejas. Cansados y desalentados intentan tomar el toro por los cuernos y resolver el conflicto. Es una sociedad que se organiza; los funcionarios universitarios tienen un papel ambivalente, quieren quitar a los ultras, pero les aterra molestar al señor Presidente, quien les aclaró, hasta el cansancio, que él no está para recuperar escuelas que no han sabido expresar el sentir mayoritario. Quedó claro, al menos, que tendrá que ser la propia comunidad la que se arrime y resuelva las cosas, con un apoyo apenas tenue, e incluso discreto, de quienes juraron cumplir la ley. Sucedió un hecho curioso: se pensaba que la Policía Federal Preventiva se quedaría a salvaguardar las instalaciones. El asunto era espinoso por aquello de la autonomía y por una historia de incursiones policiacas nefastas. El terreno era fangoso, pero no quedaba de otra. Así parecía, pero se cambió de opinión y las escuelas fueron dejadas a su suerte. La ENEO y el CUEC son lugares alejados del campus, en los que la participación de activistas es poca. Me pregunto, sin embargo, ¿qué pasará si se retoma Derecho y luego se abandona? No hay mucho terreno donde maniobrar y los ultras pueden regresar en cualquier momento. Es de celebrar que los universitarios se organicen, pero no deja de ser dramático que tengan que arriesgarse por la desesperación que tienen por ver la UNAM cerrada. Aquí la responsabilidad de las autoridades también es obvia, pero no parece que esto les interese demasiado. Ojalá mi pesimismo fracase, pero me temo que esto puede terminar muy mal. Si un grupo se mete a la Universidad y corre a quienes la ocupan por la fuerza, se llama despojo y está tipificado como delito. En teoría las autoridades intervienen porque tienen el monopolio de la fuerza. Se trata de que los ciudadanos no hagan justicia por su propia mano. En la UNAM, al parecer, las cosas son distintas, porque los gobernantes piensan más en su prestigio que en el interés legítimo de la gente. Todo esto me recuerda al temblor de 1985, cuando la gente se organizó por su cuenta, al margen del gobierno, y funcionó bien, hasta que el regente y sus "ciudadanos colapsados" tomaron cartas en el asunto. Aquí es distinto, ya que por desgracia se requiere la intervención de la autoridad, para evitar que investigadores de gran prestigio tengan que soportar los golpes de los panchos villas, militantes del PRD, hoy indiciados por el crimen de Polo Uscanga Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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