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Presagios de fin de siglo
Arturo Córdova Just
No se expande el ruido, las que se expanden son las ondas emocionales; Freud se ha equivocado, sólo los ángeles pueden ser terapeutas. Mi sangre hace erupción todos los días, y todos los días, la tierra tiembla. Yo soy el otro que está conmigo, con él observo el amanecer y resulta un interlocutor idóneo. Soy de los hombres que no se han olvidado de escribir. Es a los usureros a quienes el mundo les estallará en las manos; el dinero circula mientras ellos mantienen la inmovilidad. Honor a la Diosa que es la Rueda de la Fortuna. Los que conservan el dinero en una caja fuerte, creen que así conservarán sus almas; no saben que la única salvación está en la Tierra, es decir, en el contacto con los otros. Si no arriesgo por mí, ¿por quién puedo arriesgar? Ser mortal duele y, sin embargo, es la sola vía hacia la eternidad. Hay un nuevo mundo, pero los grises esperarán hacerte creer que es el de ayer. Sin afecto no hay camino posible. Los débiles de hoy, son los fuertes que sonreirán al final de esta película. Llegará la hora en que nadie tendrá que morir por los demás. Si las serpientes cambian de piel, ¿los hombres, no? Escribir es una misión, un trabajo para los más hermosos ejemplares; de los que todavía consideran que los matrimonios son del cielo y del infierno. Mil años para todos los colores; mil para miles, no para unos cuantos. Vamos a usar cualesquiera instrumentos para escribir, para pensar, se valdrá desde un lápiz hasta una computadora. Por fin el recuerdo servirá para algo, y habrá menos manicomios y asilos para ancianos. Aprenderemos que, sin pecar, uno puede divertirse. Ninguno estará obligado a decir que Sí; el No es fundamental para existirnos. Usted se percatará que es imprescindible usar cada parte del cuerpo. Que la gloria de vivir nos estremezca. La tierra dejará de permanecer bajo la vigilancia de los mudos y de los ciegos. Ganarán las pasiones humanas, no la abstracción ya globalizada. La liberación femenina ya no engendrará mujeres envidiosas, y ser solteros no se hallará mal visto. No sólo a través de la pareja se establecerán nuevos modelos. Los estados del alma son la evidencia de la diversidad más elocuente. Las mejores parejas se ven, a lo ancho y largo de sus vidas, un puñado de minutos, que también son expresiones de la eternidad. Es oportuno estar a solas, contentarse o llorar frente al espejo. La fiesta comienza con, y en uno mismo. Haz esperar a los invitados. No es déjalo ser, es dejarse ser. Aunque usted no lo vea caminando por su calle, Dios oye lo que usted pide, lo que usted dice. La alegría posee futuro. ¿Qué autores se irán, o decidieron irse?, ¿qué autores han venido? La literatura es la madre de las ciencias. La civilización comenzó al ser imaginada, esto es, al ser posible. Terminándose los sueños, terminarán los hombres. En el principio eran el verbo y los sueños. Al soñarse a sí mismo, Dios empezó a surgir sobre la faz de la Tierra. El hombre primigenio no se pidió nacer, le arrebató a Dios su derecho al nacimiento. A estas horas del día, quejarse casi no sirve de nada. Es inútil el exceso de plegarias, incluso para los penitentes. El exceso fomenta el rencor; hay asesinos que son producto de lo exhaustivo del exceso. Fatiga el tanto repetirse. No tendremos un siglo para la dispersión, lo tendremos para concentrarnos. Sí, un siglo para íntimos. A veces, la fama aturde. La amistad será el más perfecto de los estados. Lo civil volverá a ser espiritual. No es levántate y anda, es levántate y grita. Atrévete a mirarlos, hay ángeles en cada esquina. Ven a derrotar al miedo, a las pésimas noticias. Es el tiempo de gustarnos mucho. Soy un hombre de lugares porque, de algún modo, le pertenezco a mi cuerpo. Hay dos principales direcciones hacia la sabiduría: los libros y las emociones. Me fascinan mis amigos, lo cual no significa violar el espacio de mi masculinidad. Antes que los géneros, importan las personas. La luz del mundo la producirán los individuos. Sé que el deseo puede transformarse en tiranía, y que lo más extraordinario es la opción de quien se ha reconocido. Quiero ser acorde con mis fantasías, no con lo que fantasearon sobre mí. La lealtad comienza por tu propia casa. Vida y muerte no son sólo acontecimientos, son esencias que establecen un diálogo y, otras veces, escenifican un combate en tus entrañas. Hoy sé que la belleza es igual a la paciencia. Los hombres que se pierden, son los que cedieron el poder de su palabra, y admiten sin chistar que otros hablen por ellos. Para vivir, es un requisito armarse de valor. El Diablo es el doble de Dios, y hay quienes entregarían sus almas. En el nuevo siglo, por el mismo barrio, veremos a los santos y a los asesinos. Salvar al amor, es aprender a extrañarlo. La costumbre mata. Hablar de mí, es hablar de nosotros. Para que las palabras funcionen, tendrán que arder en tu memoria. La gente ordenada votará por el fascismo; la que se decide por una disciplina interior, se inclinará por la democracia. Las más excelsas sociedades, son de individuos que hacen travesuras. Reír es cultura. Estoy harto de convivir con hombres tristes; tanta depresión es perniciosa. El aprendizaje de los necios se inicia por un No. El aprecio por el arte, es el aprecio de uno mismo. Las maletas son mías, de nadie más. Soy yo el vecino con el que es inevitable establecer acuerdos. Después de todo, no soy tan original como lo presumía, pero no voy a dejarme solo. Ante lo cursi, lo más sublime es compartir el llanto. Lo peor de la sociedad es que está desposeída de recursos emocionales. Por ventura, yo no soy escueto; si escribir es un delito, buscaré ser el más conspicuo de los delincuentes Arturo Córdova Just es poeta. Su libro más reciente es Al reverso de la herida, IPN, 1999. |
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