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nostalgia La elección olvidada
Pablo Hiriart
Si la elección presidencial no ha logrado despertar todavía el interés de la población, la competencia por la jefatura de gobierno del Distrito Federal está peor. Sin embargo, es una elección clave no sólo por lo que se juega en la capital, sino que incidirá fuertemente en el panorama nacional. Da la impresión que las elecciones locales no despiertan el interés de los votantes ni de los analistas políticos. ¿Será por los candidatos? Tal vez, pero en realidad tanto el PRD como el PRI llevan figuras de renombre nacional que han estado en el ángulo de interés de la opinión pública. Hasta antes de que fuera candidato, todo lo que dijera Jesús Silva Herzog era motivo de noticias en primera plana y se le dedicaban amplios espacios para especular los motivos del ex secretario de Hacienda para dar cualquier opinión. Pero apenas se convirtió en candidato a la jefatura del DF, prácticamente desapareció de los medios de comunicación. Y no es una postura abusiva de los medios para castigarlo por ser abanderado de un partido, sino que sencillamente dejó de interesar a la opinión pública. Desde que fue nombrado secretario de Hacienda en el gobierno de López Portillo, Silva Herzog ha sido permanente objeto de la atención de los medios. Su retiro de la administración pública, su reincorporación como embajador en Madrid, su regreso al país al cargo de secretario de Turismo y como representante diplomático ante la Casa Blanca, fueron un imán para los informadores. Todo eso se diluyó con su candidatura. Con Andrés Manuel López Obrador ocurre algo similar. Desde que fue derrotado como aspirante al gobierno de Tabasco en 1988, sus apariciones públicas o sus simples opiniones daban lugar a controversias en los espacios estelares de los medios. Sus caminatas desde Villahermosa hasta el DF, los bloqueos a carreteras y pozos petroleros, sus enfrentamientos físicos con la policía, y su condición de dirigente nacional del PRD fueron la plataforma idónea para garantizar su presencia en los primeros planos de la información nacional. Todo era noticia en López Obrador, hasta que se convirtió en candidato. ¿Es responsabilidad de Silva Herzog y López Obrador haber decaído en el interés de la ciudadanía? El punto es discutible, pero lo que resulta claro es el hecho de que sus comentarios y actos públicos han dejado de interesar. El debate sostenido la semana pasada en el Club de Industriales fue prácticamente clandestino. Fue posible verlo en televisión, de manera diferida, cerca de la media noche. Como debate estuvo más ameno que otros. Tuvo más agilidad que ese soporífero encuentro de 1997, entre Del Mazo y Cárdenas. Empero no pudimos ver nada que justificara la atención de la mayoría de los votantes. Hasta en las discusiones se quedaron cortos de ideas para evidenciar al oponente. López Obrador jamás usó el argumento de que el PRI está tan desprestigiado que hasta el propio Silva Herzog se avergüenza de él, ampliamente documentado en los últimos tres años. Y Silva desaprovechó la ocasión para evidenciar con mayor convicción y énfasis que López Obrador es un político ligado a los grupos violentos que tanto daño han hecho a la ciudad. Tampoco le exigió una definición con respecto a la crisis en la UNAM, dada la cercanía de López Obrador con los grupos que mantienen secuestrada la máxima casa de estudios. Sin embargo, a Silva le pareció formidable idea atacar a su oponente por su origen tabasqueño. ¿A alguien le importa en esta metrópoli, cosmopolita y desprejuiciada, dónde nació Lopez Obrador? Creemos que a nadie le interesa, salvo al equipo de campaña del abanderado del PRI. Así transcurre la elección olvidada: en la penumbra y a media voz. Lo que no se entiende es por qué el PRD y el PRI han permitido que así ocurra, toda vez que en el DF se decidirá quién tiene la mayoría en la Cámara de Diputados. Si el PRI pierde de nueva cuenta la capital, es prácticamente un hecho que con el resto del país no le va a alcanzar para reconquistar la mayoría en San Lázaro. Y esa meta, según Francisco Labastida, es un requisito de gobernabilidad Pablo Hiriartes director general del periódicoCrónica. |
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