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Virtudes de la siesta
Marina Robles
Dicen que todos los grandes personajes del mundo de ayer y de hoy han dormido siesta. Si usted no lo hace, bien valdría una reflexión sobre sus sueños de grandeza. A mí nunca me ha funcionado del todo ese momento de reposo diurno, no porque no me guste el descanso, pero aunque esto no es para contarle mis secretos, debo decirle que el humor con el que despierto después de una siesta es para que el amable señor que es mi jefe (por cierto, no canta mal las rancheras del malhumor) me despida en cuanto me vea actuar bajo esa condición. Así que me he encargado de archivar ese asunto y hacer lo que los expertos ahora dicen no funciona para poner en estado de alerta al cerebro: tomar café, correr a lavar los platos, pensar en mi tesis que no termino o en la lista de cosas que mis hijos pidieron a los reyes y no les trajeron por motivos de falta de espacio. En muchas familias mexicanas la siesta es un momento común, aunque ciudades como el Distrito Federal provoquen que la mayor parte de sus habitantes las hayan olvidado o las tomen en los camiones o mientras piensan que trabajan. En algunos países industrializados, ciertas empresas han hecho algunas investigaciones sobre los beneficios productivos de las siestas. Todo ello con la idea de aliviar diversos accidentes y errores que se cometían en sus sistemas de producción que, al parecer, obedecían a una condición de somnolencia crónica en la que se mantenía buena parte de sus empleados. Para analizar y poner a prueba las propuestas de investigadores como el doctor David Dinges, un estudioso del sueño de la Universidad de Pennsylvania, o el doctor James B. Maas, psicólogo de la Universidad de Cornell, estas empresas construyeron cuartos de siesta amueblados con sillas reclinables, alfombras y despertadores. Los trabajadores con este tipo de prestación, al ser encuestados, han respondido que regresan a sus trabajos con energías renovadas y más entusiasmo. Esas compañías han reportado una reducción significativa del número de accidentes y errores y han incrementado su productividad. Al parecer, los estudios sobre el tema han encontrado que los trabajadores somnolientes tienen más errores y más accidentes y son además más susceptibles de ataques cardiacos y desórdenes gastrointestinales. En un estudio de la NASA, por ejemplo, se muestra que una siesta de 24 minutos mejora significativamente el estado de alerta y desempeño de los pilotos en vuelos transatlánticos. El doctor Dinges explica que el cerebro, cuando es privado de suficiente sueño, causa traspiés y falta de atención en el desempeño y frecuentemente esto termina en microsiestas involuntarias que provocan accidentes. Por su parte, el doctor Maas anota que las siestas sumadas a ocho horas de sueño dan más que si usted agregara 20 minutos a su descanso nocturno y que esos descansos vespertinos no deben exceder los 30 minutos, pues el cuerpo puede caer en un sueño profundo del cual es difícil despertar rápidamente, mientras una persona que descansa ese tiempo lo hace llena de nuevos bríos. Ante esos resultados no me queda más que pensar que mis siestas siempre han sido de dos horas o más, por lo cual intentaré experimentar alguna diferente y también recomendaré al señor que es mi patrón siga mi ejemplo, a la mejor así se pelea menos con el mundo Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM. |
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