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¿Es Labastida el mejor candidato?
Mauricio López Velázquez

 

 

 

 

 

 

No. Carece de propuestas

Marco Levario Turcott

El país, sin duda, ha tenido enormes avances en la construcción democrática y uno de ellos está, precisamente, en la organización de la jornada electoral del próximo 2 de julio. Para decirlo rápido, y contando con que el lector tiene presentes los antecedentes que hay según el desarrollo de las contiendas políticas anteriores: es muy posible que la expresión de la pluralidad política realmente existente tenga una expresión institucional y configure a los principales actores políticos con quienes continuará el esfuerzo democrático.

Sucede, empero, que la solidez de esa empresa también está en el ofrecimiento de las ideas y de las propuestas que hacen los partidos políticos y sus abanderados presidenciales durante el desarrollo de su campaña. Flaco desarrollo habría en el país si tenemos un sistema electoral creíble que soporte la orfandad de ideas y la ausencia de proyectos. Francisco Labastida Ochoa no es el único candidato que ha exhibido una notable carencia de ofertas programáticas, ni siquiera es el más chistoso u ocurrente, pero tratándose de la persona que mayores posibilidades tiene de ganar, concentra esa responsabilidad que no ha enfrentado en sus justos términos.

El origen del candidato

En el principio de este cuestionamiento está la forma como fue electo candidato, aun teniendo en cuenta la apertura del PRI y la altísima votación que recibió tanto de militantes como de simpatizantes de ese instituto. Y es que el asunto de fondo continuó siendo marcado por una señalada intromisión presidencial, así como por la operación de una estructura política que nos dio cuenta claramente que el PRI no es un partido político y que su reforma para orientarse en esa dirección, al menos por lo que se ve hasta ahora, seguirá siendo pospuesta.

Y ¿dónde están las propuestas?

El ex gobernador de Sinaloa expresa catálogos de buenos deseos, pero no desmenuza los medios con que (supuestamente) se cristalizarían. Y, aunque no rehuye a los ataques que recibe, concentra la mayor parte de sus energías para contestarlos o perderse en la bruma de la retórica y las frases comunes. Tiene presente que uno de los principales problemas del país es el de la pobreza extrema, pero toca el tema como si fuera una necesidad del pragmatismo de una campaña electoral y no como lo que es, un asunto que requiere el reconocimiento de que es un saldo de la enfática preocupación por los índices de la economía macro que él ha compartido e impulsado.

A oídos prestos para recibir propuestas, palabras huecas y efectistas son las que ha ofrecido el político sinaloense.

El discurso, sin alma

Labastida Ochoa no es un hombre entusiasta ni carismático ni emprendedor ni autocrítico, por lo menos para mí. Es un señor que sigue contando con la ventaja de la inequidad que aún hay en las contiendas electorales, carece (o no las ha ofrecido) de ideas rectoras, novedosas y posibles para llevar a buen puerto algunos de sus espejismos, entre otros, ¿cómo hará posible que cada año se generen un millón de empleos?

No votaré por un nuevo PRI que no veo sino en frases genéricas, no elegiré al hombre contradictorio con donaire de seriedad con que se presenta a los ciudadanos, no cruzaré mi boleta en favor de un hombre que aprovecha el poder de uno (Zedillo), el prestigio de otro (Colosio) o el descrédito de uno más (Salinas) para vestirse con prendas ajenas

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera.Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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