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nostalgia Capitulación
Julián Andrade Jardí
¿Debemos alegrarnos por el plebiscito? Quién sabe, y al menos debe ser una alegría contenida. Lo que votaron miles de universitarios fue en sí a la propuesta del CGH. En los hechos, la Universidad retrocede y queda claro que el chantaje es una buena herramienta de la política. Pero también podemos decir -lo que es cierto- que puede ser un paso para que la Universidad se abra, y que vistas las condiciones políticas del país y la actitud de quienes lo gobiernan, no quedaba de otra. Sin embargo, eso no es lo peor, pues ahora los universitarios se tendrán que enfrentar a la soledad en la que se encuentran. Ninguna autoridad, ya lo han dicho hasta el cansancio, intervendrá para que sus instalaciones sean recuperadas. La consulta, sin duda democrática, enfrentará la cerrazón del CGH, su agenda delirante y la descomposición que lo acompaña. Por eso digo que debemos estar contentos a medias o menos que eso. No creo, por lo demás, que el resultado implique el levantamiento de la huelga, pero lo cierto es que el desaliento entre la mayoría de los universitarios será enorme y acaso irreversible. La mayoría que votó por el fin de la huelga es impresionante y un observador casual podría pensar que esto es el anuncio del fin del paro, pero la red de grupos y ánimos que ahí se conjugan son tan intrincados que difícilmente eso sucederá. Que los paristas dejen las escuelas tampoco quiere decir mucho. Ahí está el caso del CCH Naucalpan, abandonado a su propia suerte después que "los moderados" decidieron retirarse, más por cansancio que por convicción. Las autoridades señalaron que no aceptarán la entrega, porque quieren toda la Universidad. En fin, para no creerse. Tendremos que esperar para ver cuál es la respuesta de las autoridades y para observar con atención si el CGH es capaz de aceptar su triunfo y dar paso a la apertura de la UNAM. Mientras tanto prefiero ser pesimista. Esta historia ya nos enseñó que la lógica no es la que impera y que los ultras son presas de delirios no siempre comprensibles. Ojalá que la capitulación de miles de universitarios sirva como ejemplo de los extremos a los que llega la desesperación cuando no existe la autoridad o cuando ésta es autista. Miles votaron contra ellos mismos porque no encuentran otra salida, lo cual no deja de ser un anuncio de consecuencias funestas para el futuro del país. Se me dirá que triunfó el diálogo, pero estoy convencido de que éste nunca operó. Si algo hace posible el festejo es la estulticia de los ultras y no que la comunidad haya decidido sin presiones su futuro, cosa que, en efecto, no ocurrió porque la institución está secuestrada desde hace meses Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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