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difusiones Campañas
Francisco Báez Rodríguez
Arrancaron formalmente las campañas presidenciales y, con ellas, el monitoreo de la autoridad electoral al comportamiento de los medios informativos. Esta particular actividad de vigilancia viene de lejos: de una época en la que, a pesar de la equidad en la distribución del tiempo oficial dedicado a los partidos políticos, en los espacios informativos había una desigualdad abrumadora en favor del PRI y de su candidato. Al momento del arranque formal, las encuestas señalan que las preferencias son, en el orden, por Labastida, Fox y Cárdenas, mientras que los otros tres candidatos están prácticamente desaparecidos. La cobertura de medios, particularmente la de los electrónicos, durante los meses anteriores (es decir, cuando ya había campañas, pero no era "oficial") se ha distribuido casi totalmente entre los tres "grandes", con una ligera ventaja para Labastida. Según las encuestas de salida, la mayor parte de la población obtiene su información política de la televisión y el partido que tiene un mayor porcentaje de votación inercial es el PRI. Si bien no podemos establecer una relación causa-efecto de manera directa, la simultaneidad de estos dos elementos debe mover a reflexión. A partir de ahora veremos que las principales cadenas de radio y televisión dedicarán tiempos muy similares a Labastida, Fox y Cárdenas en sus noticieros (que son los abiertamente monitoreados), mientras que a Muñoz Ledo, Rincón y Camacho le dedicarán tiempo token: proporciones algo más que simbólicas. Al final, lo probable es que, tras el monitoreo de noticieros, tanto los "pequeños" como alguno de los "grandes" resulten haber sido cubiertos por los medios en un porcentaje superior al de sus votos. La pregunta que pende es: ¿qué pasa fuera de los noticieros? Cómo medir entrevistas, actuación de los Peluches, participaciones en programas de entretenimiento, referencias cruzadas, etcétera. Ahí habrá beneficiarios claros y claros olvidados. En otras palabras, en el afán de medir y utilizar la plomada para garantizar una cobertura equitativa, lo que se obtiene de un lado puede perderse de otro. Y con ello, dar al traste a la equidad anhelada. Y no es posible, ni deseable, que las autoridades, en su cariz de representantes oficiales de una sociedad que no es oficial intervengan en las tareas propiamente editoriales, que corresponden a los medios. Los padres de Gloria y del infierno Hay un par de cosas en las que la televisión, que tanto se ha solazado con esa máquina de rating que es el escándalo Trevi-Andrade, ha preferido pasar por alto. Una es la escala de valores de los padres (o las madres, como es el caso de la Trevi) de las chicas a las que enviaron, de plano niñas, a los brazos de Sergio Andrade. Muy sencillo: dan la hija al promotor para que la haga estrella y ella los saque de pobres. La otra es la escala de valores de las empresas televisivas, que promovieron (Televisa, con singular énfasis) y todavía promueven la factura de "estrellas" tan precoces como hechizas. ¿La desmemoria es tan grande como para olvidar que desde la pantalla se lanzaban invitaciones abiertas a los castings para formar parte de los grupos artísticos de Sergio Andrade? Es que así como se ha desenmascarado lo que había detrás de la "rebeldía" de la Trevi, se podría desenmascarar lo que hay detrás de la "defensa de los valores familiares" de más de una empresa Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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