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cuentas claras
Enrique Contreras Montiel
Decisiones soberanas Al parecer en la economía mexicana se ha operado un cambio estructural de notable profundidad en los últimos años. El recorrido seguido por el sector exportador propició que la relevancia de las variables que determinan su actividad haya cambiado. En tanto que previo al Tratado de Libre Comercio el tipo de cambio jugaba un papel importante en la determinación del ritmo de producción exportadora, en los años recientes tal parece que ha perdido fuerza como variable explicativa. La razón es que el sector exportador tiene en la actualidad pocos eslabones con el mercado interno y, por tal motivo, su repercusión en el ritmo de actividad interna es marginal. Dependencia real, no monetaria Según se tomen los datos, se puede calcular una sobrevaluación del peso superior a 20%. En particular, si se toma como año base 1994, la sobrevaluación del peso mexicano respecto del dólar es de 21.6%. Hay otros analistas que toman como base 1988 y calculan alrededor de 30%. Ello implica que las mercancías importadas se están abaratando y las de exportación encareciendo, presumiblemente en ese porcentaje. En teoría, el déficit comercial tendría que acelerarse, aunque éste efectivamente aumentó, no parece encender (cuando menos todavía) los focos rojos. Todavía más, el margen de sobrevaluación no ha repercutido en el nivel de la actividad del sector exportador. Lo que sucede es que éste ha mantenido un ritmo de crecimiento constante, incluso con una ligera tendencia a la aceleración, porque está respondiendo a la demanda del vecino país más que la paridad cambiaria. El sector exportador Las exportaciones tenían un ritmo de crecimiento en la segunda mitad de la década de los 80 de alrededor de 5.6%. Las expectativas que se crearon con las negociaciones del TLC, no obstante, empezaron a acelerar el ritmo de expansión del sector exportador, al grado de crecer 6.25% en promedio anual entre 1990 y 1994. Pero una vez establecido el TLC el sector exportador recibió un fuerte impulso que lo llevó a rebasar 16% en promedio anual después de 1994. El rápido crecimiento de ese sector se debió a la coincidencia de la puesta en operación del TLC y una relativa aceleración de la economía estadounidense. La producción de ese país creció a un ritmo promedio anual en la primera mitad de la década de los 90 de 3.9 a 4.5% que registró en la segunda mitad. Ello implica que si efectivamente se empieza a desacelerar la economía del vecino país, lo que en los buenos tiempos fue euforia, en los malos será una profunda depresión para México. Por eso, más allá de desear que el gabinete económico mexicano "la haga", está que sea el de EU el que logre mantener a su economía en crecimiento permanente |
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