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reseña

Sociedades plurales
La tolerancia según Walzer

David Acevedo

¿Cuál es el orden político que puede presentarse como el más adecuado para ofrecernos la práctica de la tolerancia? ¿Se puede decir que tolero lo que apruebo? ¿Debemos tolerar a los intolerantes? Michael Walzer ha intentado dar respuesta a estas y otras interrogantes en sus clases en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. Ahora presenta sus reflexiones en forma impresa.

Algunas partes del libro que nos ocupa fueron expuestas en el marco de las conferencias Castle en el programa de Yale sobre ética, política y economía que Walzer impartió en esa universidad en 1996.

La experiencia individual adquiere en las formulaciones teóricas una forma de expresión a veces velada, en ocasiones descubierta. En su condición de judío-estadounidense Michael Walzer creció considerándose un objeto de tolerancia. El punto de arranque del ensayo se encuentra en su comprensión de Estados Unidos como un país en donde es necesario tolerar a los demás. Su objetivo es contestar a preguntas centrales: ¿qué es lo que la tolerancia sostiene? ¿Cómo funciona? Por otro lado, la existencia en común exige acuerdos morales y legítimos, en última instancia o en primer lugar la tolerancia remite a la vida misma.

El resultado de la tolerancia, cuando ocurre, es la coexistencia pacífica de grupos con distintas historias, culturas e identidades. Las formas de la coexistencia han aparecido en el debate de nuestros días de una manera intensa, quizá porque la diferencia, la otredad, se han vuelto una presencia percibida como amenaza.

Su preocupación es "... la práctica de la tolerancia cuando las diferencias a considerar son culturales o religiosas y se relacionan con diferentes modos de vida, cuando los otros no son copartícipes, cuando no existe un juego en común y no hay una necesidad intrínseca de respetar las diferencias que cultivan y practican" (p. 24).

El ejercicio de la tolerancia manifiesta actitudes personales: aceptación resignada de la diferencia, el reconocimiento de los derechos de los otros, indiferencia, voluntad de escuchar y aprender. Sin embargo, las buenas relaciones personales no bastan para consolidar un régimen político. Walzer distingue cinco modelos políticos de sociedad tolerante en la historia de Occidente: imperios multinacionales, comunidad internacional, confederaciones, Estados nacionales y sociedades de inmigrantes.

Los imperios multinacionales son los regímenes más antiguos, entre ellos están Persia, Egipto y Roma. Son la forma más eficaz de incorporar la diferencia. Son tolerantes porque no están ligados a ninguno de los grupos que incorporan y se sitúan distantes de los grupos conquistados. Con todo, no dejan de mostrar una carga enorme de represión. El autor señala algunos casos complicados. Francia es visto como el Estado nacional clásico a la vez que como la sociedad inmigrante más notoria de Europa. El peso de la tradición republicana ha sometido las manifestaciones culturales de los grupos avecindados en el Estado francés. La tensión que la inmigración genera deberá ser uno de los focos rojos del próximo siglo, señalado de antemano como el siglo de la migración, millones de seres humanos desplazándose del sur al norte en busca de mejores condiciones de vida.

Israel es un caso que incorpora características particulares: el Estado nacional de Israel es un Estado nacional establecido por un movimiento nacionalista; a ello se suma que Israel es uno de los Estados que proceden de la desintegración del imperio otomano, en tercer lugar la mayoría judía de Israel es una sociedad de inmigrantes. Las tensiones en el área son tema conocido, los grupos se sienten legítimamente poseedores de un espacio y ello dificulta no sólo la convivencia, compromete la vida misma.

Canadá es una sociedad de inmigrantes con la salvedad de encontrar en su interior a grupos como los indígenas y los quebequenses -grupos instalados con anterioridad-; ambos casos son sujetos de diversas consideraciones.

El autor de Esferas de la justicia señala que en el lenguaje de todos los días, la tolerancia se establece como una relación de desigualdad: "Tolerar a alguien es una relación de poder, ser tolerado es una aceptación de desigualdad" (p. 65).

El poder, la pertenencia a una clase, el género, la religión, la educación, la religión civil (término tomado de Rousseau), la tolerancia a los intolerantes, son algunas de las cuestiones prácticas en donde es posible asistir a la observación de comportamientos y actitudes favorables o no para la tolerancia. Las prácticas culturales son un terreno accidentado para el reconocimiento de valores consensados.

La religión es otro de los aspectos en donde la presencia de los diferentes suscita mayores niveles de intolerancia, es legítima porque muestra un rasgo de la vida colectiva, si un individuo intentara colocarse en el ámbito de sus peticiones, no sería atendido. Los conflictos en distintas partes del mundo y en regiones como Bosnia se explican en parte por la presencia de fuertes creencias religiosas.

Lo que Rousseau llamó la religión civil, la cual "... consiste en todo el conjunto de doctrinas políticas, narraciones históricas, figuras ejemplares, celebraciones y rituales conmemorativos mediante los cuales el Estado se inculca en las mentes de sus miembros, en particular en las de los más jóvenes o de más reciente incorporación" (p. 88), en los hechos contribuye muchas veces a la intolerancia entre los individuos que se reconocen como parte de identidades separadas. Los nacionalismos exacerbados son una muestra de construcciones históricas con alto grado de intolerancia.

El discurso de la modernidad presenta dos formas de tolerancia: asimila al individuo y reconoce al grupo. Nuestro tiempo ha visto ascender al individuo como unos los pilares de las sociedades actuales; la tensión no resuelta entre comunidad e individuo deberá colocarse como punto central en los próximos años.

El multiculturalismo estadounidense cierra la exposición del profesor Walzer. Después de pasar revista a los problemas de la sociedad estadounidense de los años 90, nos propone el equilibrio entre multiculturalismo e individualismo, a lo que denomina democracia social.

Los regímenes democráticos son, en nuestros días, los lugares por donde habrán de transitar el respeto y la tolerancia: la formación de una nueva ciudadanía

Michael Walzer, Tratado sobre tolerancia, Barcelona, Paidós, 1998, 128 pp.

David Acevedo estudió Historia en la UAM-Xochimilco.

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