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Diez años con Los Simpson
¿Han llegado al límite de su originalidad?

María Cristina Rosas

El pasado 11 de enero, los habitantes más problemáticos de Springfield celebraron su décimo aniversario al aire. Con ese motivo, la 20th Century Fox organizó un reventón en Hollywood al que concurrieron las celebridades que han dado vida a Bart, Lisa, Homero, Marge y Maggie y a los demás personajes que circundan a Los Simpson. En diez años, Los Simpson han roto varios récords: además de los Emmys recibidos, la serie revolucionó por completo el concepto de los dibujos animados e innovó en infinidad de detalles técnicos, por ejemplo, al recrear en tercera dimensión a Bart y Homero en un especial de noche de brujas; o bien al incorporar las voces de la crema y nata de la farándula de EU (y también de otras latitudes, por ejemplo, U2, Sting y Tito Puente). Las alusiones políticas han pululado en los episodios de la serie, por ejemplo, con la presencia de monos que representan a Gerald Ford, Richard Nixon, George Bush, William Clinton, Albert Gore, Mijail Gorbachov y hasta a Fidel Castro. El mismo Clinton se ha declarado, a diferencia de su antecesor Bush, un seguidor fiel de las peripecias de Los Simpson y Matthew Groening (Matt, para los cuates), creador de estos "monos", es un asiduo visitante de la Casa Blanca. Es más: la revista Time incorporó a Bart Simpson a la lista de los 100 personajes más influyentes del siglo XX. Y por si fuera poco, la serie es vista por millones de televidentes en todo el mundo.

Pero, ¿Los Simpson han llegado al límite de la originalidad? ¿Podrán sobrevivir otros diez años? ¿Será posible que otras series de dibujos animados igualen y superen el éxito del pequeño y rebeldón Bart? En previsión de que algo así pudiera suceder, Matt Groening dispuso el desarrollo de un nuevo proyecto: Futurama, al que, paradójicamente, muchos seguidores de Los Simpson no le ven futuro. A pesar de que la idea de crear una nueva serie de dibujos animados, mezcla de Los supersónicos y Los Simpson, es atractiva, las odiosas comparaciones son inevitables. Futurama se desarrolla en la ciudad de Nueva York en el siglo XXX. Sus protagonistas son muy singulares. Fry es el terrícola despistado que se encuentra atrapado entre dos milenios: el que dejó (el siglo XX) y al que llegó (mil años después). Simboliza a una generación atribulada, indefinida, con otras expectativas de vida pero que termina cayendo en la misma rutina. Fry era repartidor de pizzas en el siglo XX, y mil años después es también repartidor, aunque de paquetes. Bender es el contradictorio Homero Simpson de Futurama, bebedor de cerveza, inconforme con el trato que recibe de los humanos, pero irónicamente es el mejor amigo de Fry. Leela es la cíclope extraterrestre, la voz de la razón (una especie de Marge Simpson) que pone el orden ante el desparpajo de Fry y las ocurrencias de Bender. Groening ha dicho que quiere hacer con Futurama a la ciencia ficción lo que hizo con Los Simpson a los dibujos animados, esto es: innovar. De ahí que justifique las similitudes entre los caracteres de Futurama y los de su laureada creación Los Simpson. Pero de las bondades de la ciencia ficción animada, habrá que convencer a los fans de Los Simpson porque, hasta ahora, el episodio más aplaudido de Futurama ha sido el que hizo una parodia de la película Armaggedon. Una bola de basura generada por el "viejo Nueva York" en el siglo XX arrojada al espacio, está por regresar al "nuevo Nueva York" mil años después, amenazando con sepultar a la ciudad. Fry, Bender y Leela son enviados en una misión para destruir la masa hedionda antes de que llegue a su destino. Al arribar al basurero intergaláctico, Fry se encuentra con la basura del siglo XX, incluyendo, por supuesto, miles de muñecos de plástico que representan nada más y nada menos que a Bart Simpson. Bender toma uno de esos muñecos del que pende un cordel para accionar la voz. Cuando Bender jala el cordel escucha del pequeño Bart la consigna eat my shorts ("cómete mis calzones") y el robot, siguiendo al pie de la letra lo dicho por el muñeco, le quita los calzones y se los come.

Otra serie que intenta resolver el problema del posible declive de Los Simpson es Family Guy, mejor conocida en México como Padre de familia. Esta también retrata a una familia disfuncional que se sienta frente al televisor. La familia Griffin consta de cinco miembros encabezada por el torpe Peter (obviamente, el padre de familia), la esposa Lois, el pequeño Stewei, y los hijos adolescentes Meg y Chris. Asimismo, hay un perro parlanchín, Brian, que gusta de ver la tv (igual que sus amos) disfrutando de martinis con todo y aceituna. El creador de Padre de familia es Seth McFarlane, un dibujante prodigio que además de diseñar a los monos de la serie hace las voces de buena parte de ellos. McFarlane tiene en Los Simpson su fuente de inspiración, aunque sabiendo lo inevitable de que a los Griffin de Padre de familia se les compare con los habitantes más jocosos de Springfield, se ha esmerado por dotar a sus personajes de algunas características singulares. El pequeño Stewie no es el vivo retrato de Bart. Es mucho más grosero que éste y su voz no es la de un niño. En el doblaje en español, Stewie aparece hablando con un acento madrileño, además de que tiene una maliciosa inteligencia que le permite hacer las máquinas más sofisticadas para regresar en el tiempo y evitar los dolores de la dentición, o bien para cambiar el clima y congelar las brócolis que tanto detesta y que su madre le hace comer cotidianamente. Además es muy cabezón (y no sólo en términos anatómicos).

Peter es obeso (como Homero), bastante estúpido (ídem), y sus ocurrencias lo han enemistado con todos y cada uno de los miembros de la familia en algún momento. Al chocar contra una antena de transmisión y al enfrentar un posible linchamiento por parte del pueblo, Peter culpó del accidente a su hija Meg. La pretensión de que Chris se convirtiera en boy scout llevó a ambos a un bosque en una reservación india, donde la voz de la naturaleza obligó a Peter a entrar en razón. Al instalar un bar en el sótano de su casa, Peter olvidó una cena romántica con su esposa Lois. Esta, frustrada por la poca atención que le prodiga Peter, se convirtió en la atracción del bar al cantar y bailar para deleite de los asistentes (y ante el enojo del propio Peter). Por último, en un concurso canino, Peter quiso obligar a Brian a actuar como un perro amaestrado, a lo que la mascota se negó. Brian se fue de la casa y los Griffin se dieron a la tarea de buscarlo hasta que lo encontraron, salvándolo de una inyección letal.

Todas estas historias son similares a algunas de Los Simpson. Al igual que Peter Griffin, Homero Simpson no es un esposo ejemplar, y los matrimonios de ambos han estado al borde del colapso. "Huesos", la mascota de Los Simpson, ha huido de casa ante los regaños y el maltrato de sus amos, para reintegrarse, más tarde, igual que Brian, en el círculo familiar. Homero ha tratado de culpar a la esposa y los hijos de errores cometidos por él.

Sin embargo, hay una distinción importante entre las dos series. Si algunos puritanos desde un principio objetaron que Los Simpson pudieran ser aptos para todo público, los clamores se incrementan en mil por ciento con Padre de familia. Hay escenas memorables, por ejemplo, la que muestra cómo se dio la ovulación para concebir a Stewie y como éste, al nacer, repudia haber pasado nueve meses en el útero materno. Para quienes todavía defienden el argumento de que los niños vienen de París traídos por la cigüeña, lo dicho por el pequeño Stewie debe resultar francamente chocante.

Pero hay otra diferencia más importante, y tiene que ver con el concepto mismo sobre los dibujos animados. Pareciera, pensando en el caso de Matt Groening, como si la idea fuera caricaturizar las experiencias cotidianas de los seres humanos. MacFarlane, en cambio, es un caricaturista más tradicional: sus caracteres actúan de la manera como las personas están acostumbradas a asumir a los dibujos animados, con un perro parlante, con máquinas del tiempo que permiten rehacer la historia y cambiar el clima, aunque con guiones más atrevidos. Mientras Groening hace un tributo al ser humano con Los Simpson, MacFarlane efectúa un homenaje muy singular a los dibujos animados. Eso permitiría suponer que Los Simpson podrían aspirar a estar en el aire por muchos años más (que así sea), dado que su materia prima es la experiencia humana, fuente inagotable de guiones. Aunque una cosa es cierta: Bart Simpson y Stewie Griffin son la prueba fehaciente de que los niños de ahora no son como los de antes. Y en una introspección se vería que seguramente ello ha influido para que los dibujos animados hayan evolucionado como lo hicieron Los Simpson, Padre de familia y, naturalmente, Futurama. Otra historia son Los reyes de la colina, presuntamente aburrida, ya que la cadena Fox, que había decidido transmitirlos diariamente (igual que a Los Simpson), optó por presentarlos únicamente miércoles, sábados y domingos. De ellos se hablará en otra aburrida (que no aburrada) ocasión

María Cristina Rosas es profesora-invesitigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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