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Referéndum
Ultima llamada para el CGH

Rafael Cordera Campos

Los doctores Pablo González Casanova, Octavio Rivero Serrano, Guillermo Soberón, Jorge Carpizo y José Sarukhán firmaron un documento público dirigido a todos los universitarios. Los ex rectores de la UNAM hacen sus consideraciones a propósito de la crisis por la que atraviesa la institución, merced al secuestro con el que durante nueve meses se ha castigado al proyecto cultural más importante del México moderno.

"La Universidad Nacional Autónoma de México ha vivido, en los últimos nueve meses -dicen ellos- una de las crisis más graves que ha tenido a lo largo de su historia. En este tiempo la vida universitaria se ha trastocado en forma verdaderamente dramática". A ello, esos hombres con una calidad moral que difícilmente alguien podría poner en cuestión, agregan una opinión favorable a la propuesta que el rector Juan Ramón de la Fuente hizo al Consejo Universitario para que, a su vez, éste la hiciera suya y la presentara al Consejo General de Huelga, organismo que mantiene postrada a la máxima casa de estudios.

Todos ellos, autoridades universitarias en distintos momentos, saben de las crisis en la cual han situado a la UNAM pues, como muchos podrán recordar, durante sus respectivos rectorados, cada uno de ellos tuvo que conducir a la institución en circunstancias difíciles. En pocas palabras, los ex rectores saben de lo que hablan y, por ello, en su misiva pública dicen:

"La transformación de la UNAM ha sido, es y será de todos cuantos integran su comunidad, en ésta, el personal académico ha tenido y tiene una gran responsabilidad de crear y recrear la Universidad para impulsar su desarrollo y, consecuentemente, una misión muy especial en el debate por venir, pues los valores académicos son el principal punto de convergencia para promover cualquier cambio de la Universidad. Los valores académicos son el motor de la fuerza universitaria y una garantía para la realización intelectual plena de estudiantes, profesores e investigadores."

Con esas y otras palabras, los ex rectores convocan a la comunidad universitaria a apoyar la propuesta rectoral que asumió también el Consejo Universitario. Para cuando se publique este número de etcétera, los universitarios estaremos acudiendo al llamado de las autoridades universitarias y es deseable que sea una gran mayoría la que responda positivamente. Aún así, no es difícil imaginar la negativa del CGH a una decisión como la que esperamos se tome ese día. De cualquier forma, hay que insistirle a los miembros del CGH que adopten una posición consecuente con la Universidad y el país, que den muestras de buena voluntad y levanten ese paro que ha afectado sobre manera a la institución.

El trabajo a realizar una vez que dicho paro se resuelva solamente podrá restituir su normalidad a la Universidad y, sobre todo, la reconstrucción de su presencia y prestigio, si se hace entre todos los universitarios. Esa es la perspectiva que se puede encontrar en el congreso universitario, que debe ser representativo de todas las comunidades universitarias. Y esto es algo que el CGH no debe olvidar: se trata de que la representación sea real y no de unos cuantos. En el mundo de los estudiantes ha sido más que evidente que dicho organismo no representa a la mayoría que, como todo el mundo sabe, ha permanecido inactiva y en silencio.

La situación que prevalece en la UNAM, tras nueve meses de huelga impuesta, no debiera olvidársele a nadie. Por eso es indispensable respaldar las iniciativas del rector De la Fuente y del Consejo Universitario. Hay que eliminar el secuestro de la institución y crear las condiciones para que todos los universitarios se expresen. Esto solamente será posible con la Universidad abierta y con los universitarios en sus escuelas y facultades, en los institutos, en sus centros de trabajo y estudio.

Por no poder estar ahí, donde tienen las condiciones para expresarse, es que el paro impuesto ha logrado su objetivo de no permitir las reuniones entre los miembros de la comunidad universitaria. Y esto que se dice rápido es una gran lección para todas las universidades públicas. Nadie se puede permitir el lujo de repetir una aventura como está que ha perjudicado más de lo que se puede calcular, tanto a la institución como al país.

Los paristas deberían reconsiderar su política. Deben, aunque sea tarde, expresar su condición de universitarios, accediendo y asumiendo los compromisos de las autoridades universitarias. Lo contrario, es decir, continuar con el paro, no será más que una definición que expresará su decisión de mantener secuestrada a la institución de educación superior más importante de México. Aunque a ellos también se les agotó el tiempo

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.

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