![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | medios | ciberia | ensayos | |
| águila y sol | tianguis | libros | cultura | |
| espectáculos | etcétera | |||
|
ensayos |
||
|
tono
|
Globalización y mundialización
Carlos Castillo Peraza
Hace más de diez años que usamos la palabra "globalización", pese a que aún no es posible encontrar este neologismo en el diccionario castellano. Se trata, dice Rodrigo Borja,(1) de un vocablo que viene del inglés (globalisation) con el cual se designa la internacionalización y la interdependencia crecientes de las economías nacionales, en el marco de un planeta que tiende a ser una gran unidad económica y un solo gran mercado financiero, monetario, bursátil y comercial que funciona las 24 horas del día. El proceso se ha visto favorecido por los instrumentos que hoy pone a nuestro servicio la tecnología moderna, y por el desarrollo de los medios de comunicación, del transporte y del turismo internacionales. Me detendré un poco en la palabra misma. Es evidente que "globalización" viene de "globo". A su vez, "globo" nos llegó del latín globus, para nada inglés, término equivalente en español a "bola", "esfera", "canica". Los matemáticos, los geómetras, los navegantes de antaño encaminaron sus esfuerzos y afanes a demostrar que la Tierra era un globo, una esfera. En cuanto sus cálculos y sus viajes probaron que lo era, construyeron "globos terráqueos" a escala y sobre ellos fueron pintando mapas, rutas, meridianos y husos horarios. Joan Coraminas nos informa(2) de esos orígenes y significados, y añade que "globo" comenzó a utilizarse a mediados del siglo XV. El mismo autor nos hace saber que "mundo" es palabra hija de mundus, aparecida en nuestra lengua en el siglo XII, mucho antes que "globo", y que sirvió para referirse al sitio habitado por seres humanos, tanto en su versión sustantiva cuanto en las muy variadas y adjetivadas como "el otro mundo", "el inframundo" o "el supramundo". Es así que se comprende que los hombres que salieron de Europa con el propósito de probar que el planeta era un "globo", desde el momento en que hallaron seres humanos en las primeras islas con que se tropezaron, llamaran a su descubrimiento "nuevo mundo" y no "nuevo globo". Y así se entiende también que hubiese nacido la expresión "tercer mundo" para referirse a una parte del globo habitada por seres humanos pobres, y no la frase "tercer globo". Del mismo modo, no hay teólogo ni predicador que nos hable de los que se van o están en "el otro globo", sino en "el otro mundo". El "mundo" es, en consecuencia, el "globo" cuando éste es pensado y tratado como lugar de lo humano, como realidad humanizada, como domicilio o demora de los hombres. El globo fue desde aquellos siglos y hasta ahora lo físico, lo científico, lo geométrico, lo continuo, lo mismo. El mundo es lo humano, lo nuevo, los otros como yo, lo otro: las otras lenguas humanas, los otros vestidos humanos, los otros dioses de los otros hombres, las otras costumbres de las otras personas, las otras historias y las otras culturas de los otros, mis o nuestros semejantes. La "globalización" no empezó recientemente, pero sus características actuales son totalmente inéditas. En efecto, la añosa Fenicia, la antigua Atenas de Pericles, la Roma de los césares, el Madrid o la Sevilla de las carabelas, el Londres de los piratas y la de la reina Victoria fueron otras tantas capitales desde las que se impulsó la "globalización". Pero es evidente que no es lo mismo "globalizar" a caballo que en Concorde, en carreta que en trailer, en bergantín que en container ship, con palomas mensajeras que con e-mail, en diligencias de las Wells Fargo que vía satélite, con remesas de lingotes de oro que con transferencias instantáneas electrónicas, con aduanas y fronteras que sin confines ni garitas. Aún más: las herramientas de la "globalización" en curso lo mismo sirven para mover manzanas que cocaína, para trasladar dinero limpio que para lavar moneda sucia, para comerciar prendas de vestir que para traficar con armas, para difundir saberes sanos que para divulgar métodos terroristas o pornografía, para predicar la paz que para invitar a la guerra, para construir la aldea global que para edificar la Babel electrónica.(3) Todas éstas, las buenas y las malas, son realidades "globalizadas" para las cuales el planeta es ese "globo" de los científicos, los técnicos, los comerciantes, los financieros, los tarjetahabientes, los narcotraficantes y los ladrones. La "globalización", en tanto que fenómeno económico, se da hoy en el marco de tres revoluciones: la de la internacionalización acelerada de los grupos industriales; la del desarrollo tecnológico cuya velocidad sólo tiene como límite la obsolescencia programada de las nuevas máquinas y, finalmente, la del ascenso, en términos de poder, de la "esfera financiera que tiende cada vez más a autonomizarse en relación con los otros componentes económicos".(4) Todo lo anterior es cierto y puede comprobarse. También lo es que, en la actualidad, el capital puede moverse y, de hecho, se mueve en "tiempo real", transformar varias veces al día su denominación monetaria, emigrar, buscar en segundos el sitio donde son mayores sus probabilidades de obtener rendimientos más altos, y castigar o premiar a uno o a varios países. Washington camina más despacio que Wall Street. Y es que Wall Street es un poder financiero "global"; la Ford es un poder industrial y comercial "global" y la mafia rusa o colombiana son poderes delictivos "globales" que se saltan fronteras, en tanto que Washington es la única potencia política "global" que, precisamente por ser política, no puede actuar como si los hombres, las culturas, las fronteras y las realidades nacionales no existieran. Es, en síntesis, que ya hay "globo", pero todavía no hay "mundo". Esto se debe a que la política, la ley, el Derecho van muchos pasos atrás de la economía y la ciencia y las aplicaciones de ésta, muchas veces impotentes para hacer razonable, es decir, humana, justa y buena la racionalidad técnica y económica de la "globalización". En términos "globales" los países cada vez se parecen y se acercan más, pero dentro de cada nación las diferencias sociales son cada día mayores y las disparidades cada vez más ofensivas y lacerantes. Para las empresas "globales" el planeta no está compuesto por "sociedades, por poblaciones que tienen una historia, una cultura, necesidades, proyectos. (Para ellas) antes que la sociedad cuenta el mercado. Ahora bien, éste no tiene más historia que la de corta duración. La vida de un producto y de un servicio es cada vez más breve, los mercados se vuelven volátiles, efímeros y su carácter nodurable aumenta la incertidumbre de los propios mercados" y así, "en tanto que se educa a nuestras sociedades para que privilegien un desarrollo durable (sustainable development) en el ámbito del medio ambiente y el social, la economía, que obedece a la cultura de la conquista, afirma que no hay durabilidad posible: lo que cuenta es ganar ahora".(5)
La "globalización" del tipo descrito y que se da en nuestro tiempo, no sólo genera pobreza y miseria sino, lo que es peor y más destructivo, convierte en prescindibles -que es peor que marginados- a millones de seres humanos. Esta "globalización" es la que ha producido, paradójicamente, la fragmentación interna de los países "por la vía de la profundización de sus diferencias sociales".(6) Y este deterioro, que alguien tan insospechable como George Soros atribuye al "fundamentalismo del mercado", orilla hasta a los más brillantes y afortunados de sus beneficiarios a lanzar un grito de alerta: "La posibilidad de sociedades abiertas -es decir, democráticas- estará cada vez más en peligro" y crece la tentación de llamar a ocupar el poder a dictadores que intenten restablecer, "mediante medidas crueles y opresivas un Estado que no funciona". De aquí las conclusiones del famoso financiero: la sociedad no es una simple suma de intereses individuales, existen intereses colectivos que no pueden reflejarse en valores de mercado, los mercados no pueden ser todo ni la finalidad de todo, el papel del dinero desvirtúa el proceso político, se requiere de una organización internacional que disminuya la inestabilidad y la arbitrariedad de los mercados mundiales, las personas tienen que ser tratadas como tales.(7)
Vuelvo a mi punto. Hay globo. Pero para que el globo no hiera a los seres humanos, tiene que haber mundo o, mejor dicho, hay que propiciar una "mundialización" que equivaldría a la "globalización" del Derecho, de la justicia, de la política o, si se quiere, en términos empleados recientemente por el papa Juan Pablo II, de la solidaridad. Sin embargo, para que esta frase pontificia no se quede en el catálogo de las buenas intenciones o de los llamados sin eco a la virtud, me parece que el esfuerzo mundializador tiene que concretarse en ámbitos precisos y crecientes del Derecho y las instituciones jurídicas y políticas internacionales, mundiales,(8) y en una reflexión seria en relación con lo que es, lo que puede ser y lo que debe ser el mercado. Los primeros que pensaron en términos jurídicos y políticos el mundo como uno fueron los teólogos españoles del Siglo de Oro y, entre éstos, de manera especial, el P. Francisco de Vitoria, a quien con verdad se califica de "padre del derecho internacional", materia a la que este autor llamó "derecho de gentes", es decir, de hombres articulados en "naciones". Fueron ellos los inventores del "imperio mundial" que Vitoria definió como la soberanía universal del Derecho, obligatorio hasta para el emperador que no podía ser considerado ni tratado como Dios, sino como otro hombre con rango y función determinados por la ley justa, por la norma general que obliga a todos por igual -porque los considera esencialmente iguales- y constriñe al poder a someterse a la conciencia y así le da grandeza real.(9)
Se pasa del "globo" al "mundo" cuando el "globo" es abordado en tanto que tierra de hombres, habitación de familias y pueblos, lugar donde los seres humanos se organizan para vivir humanamente coordinando razonablemente sus racionalidades, sus libertades y sus dignidades en beneficio del conjunto, con base en una ley justa y en una autoridad legítima.(10) Para que haya "globo" basta la racionalidad. Para que haya mundo, ésta debe ser acotada por la razonabilidad, es decir, por ese elemento que orienta y activa la formulación de normas y el diseño de instituciones cuyo fin es que los hombres vivamos bien. ¿Qué significa esto? Lo trataré de explicar apelando a Paul Ricoeur.(11) El hombre vive bien cuando el trabajo que hace no sólo responde a exigencias imprescindibles de racionalidad sino, además, cuando lo que logra gracias a ese trabajo le parece humanamente sensato. Lo "global", en los días que corren, responde a la racionalidad necesaria. Lo "mundial" sería lo que completaría lo racional con lo razonable. Dicho de otro modo, lo "mundial" tiene que ser fruto del esfuerzo por articular la "diversidad de instituciones, funciones sociales, esferas de actividad que constituyen la comunidad histórica en un todo orgánico". Lo razonable está en la acumulación moral que una comunidad va logrando a lo largo del tiempo y que le permite tomar decisiones para vivir en libertad y en justicia, darse fines a los cuales sirvan los instrumentos de la racionalidad técnica y económica, conciliar racionalidad y razonabilidad. Según Ricoeur, y comparto con él este juicio, tal función "razonabilizante" compete al Estado legítimo, medio cuyo fin es lograr la síntesis entre "lo racional y lo histórico, lo eficaz y lo justo".(12)
Esto quiere decir que, para que el "globo" que ya somos ascienda a "mundo", se requieren Estados nacionales legítimos y de Derecho. Al mismo tiempo, exige que, como la estructura técnicoeconómica es "global", el ámbito estatal también lo sea, es decir, contar con leyes e instituciones tan "globales" como aquellas estructuras. Así lo intuyó el P. Vitoria cuando escribió totus orbis, quo aliquo modo est una republica, esto es, "el orbe entero, que de algún modo es una sola república".(13) Dicho de otra manera, exige "globalizar" la política, lo que, parafraseando a Ricoeur, es "condición para la supervivencia de cada comunidad histórica... es el problema político por excelencia".(14) De lo contrario, las historias nacionales que constituyen la historia mundial como esfuerzo de razonabilidad vinculado a la acumulación moral, correrían grave peligro, y nos encontraríamos frente a la probabilidad de ese "fin de la historia" del que tanto se ha hablado en tiempos recientes. Sin política "global" no habrá "mundo". Habrá racionalidad sin razonabilidad, razón sin historia, "polvo sin mundo" como canta Serrat. Sólo habrá "globo". Con todo lo anterior no pretendo ni remotamente insinuar que regresemos a los estatismos lamentables de los que vamos apenas saliendo, sino postular que debemos avanzar hacia Estados cuya legitimidad, legalidad y eficiencia sean constantemente medidas por la sociedad, en términos de "desarrollo humano"; que no sean fines en sí mismos, sino herramientas de la sociedad; que no actúen como sustitutos de los responsables de la vida económica y social, sino como órganos con autoridad y fuerza suficientes para exigir a aquéllos el cumplimiento de sus responsabilidades; que no cultiven ni propalen astuta y maquiavélicamente ese nacionalismo sin civismo que acaba por ser sólo el pretexto de una opresión política sin contrapesos, sino un nacionalismo que entienda que, sin "mundo", la soberanía nacional es irrisoria frente al capital, el narcotráfico, el transporte, la producción, la información y el comercio de armas "globalizados", y actúe en consecuencia para evitar el desorden que es generado por la "globalización" y sus agentes "globales", cada vez más irresponsables ética, política, social, económica y culturalmente. Dicho de otro modo, requerimos de Estados nacionales y de leyes e instituciones internacionales, es decir, mundiales y mundializadoras, que nos salven de pagar "retrospectivamente y con intereses los errores cometidos durante las fases autoritarias" de nuestras historias, y que eviten los nuevos autoritarismos que, si bien "pueden dar prueba de cierta eficacia en periodos de expansión, resisten mal a la hora de las crisis económicas".(15) Necesitamos un "globo razonable": un "mundo" fundado en Derecho, en un Derecho que humanice la "globalización", no que trate de impedirla, pues el proceso seguirá como siguió la revolución industrial a pesar de los luditas que trataron de detenerla rompiendo las máquinas y que, hay que recordarlo, fueron derrotados por los primeros sindicalistas socialistas. Estos últimos tuvieron la perspicacia de entender el progreso técnico y de crear la fuerza social necesaria para hacerlo humano, justo. Resulta curioso cuando menos que, en la actualidad, muchos que luchan bajo banderas supuestamente socialistas dediquen sus esfuerzos al intento inútil de frenar la "globalización", y no a construir la nueva fuerza social que la haga humana y justa o, lo que es lo mismo, a tratar de conservar las ventajas obtenidas en el pasado y no a construir las del futuro. Esto los convierte, paradójicamente, en "defensores encarnizados de las formas arcaicas del capitalismo", atados a los "despojos del capitalismo nacional" y atrasados en relación con los empleadores en la percepción del futuro, en la medida que con tal proceder se ven constreñidos simultáneamente a "exaltar el papel del Estado" y a "estigmatizar a los dirigentes de éste". También los mueve a cambiar la lucha justiciera contra la explotación del hombre por el hombre, por una actitud fundada en el odio por el dinero y el resentimiento y la envidia sociales, "como si el populismo fuera la escuela primaria del socialismo". Esto, en el caso de los conflictos entre empleados públicos y Estado-patrón, hace que los dos campos decidan arreglarse con cargo a los contribuyentes, pagadores obligados de los errores del Estado como empresario ineficiente, así como a convertir el temor a la competencia en falso argumento "nacionalista" para justificar monopolios estatales diversos.(16)
Asimismo ha conducido, no menos paradójicamente, a que lo que fue el "internacionalismo" se vea hoy reducido al más cerrado de los localismos, a la tribalización que, en términos de lo que sería la fuerza social mundial correctora de la "globalización" y constructora de la "mundialización", no es más que trivialización, en la medida que no hay contrapeso real para un capitalismo que "no conoce fronteras políticas más que en dimensiones del mercado que es capaz de organizar, es decir, hoy, las dimensiones del planeta". Por este camino, "el movimiento obrero corre el riesgo de ser menos ambicioso que el de los negocios y de abandonar a éste la organización del futuro", olvidando que "el mérito del socialismo y del movimiento obrero, en el siglo XIX, fue llevar sus ambiciones a la altura del adversario y presentarse como solución alterna".(17)
En lo que toca al mercado, pieza básica del proceso de "globalización", caben asimismo algunas consideraciones. La primera es que, sin regulación alguna, dejado enteramente a la oferta y la demanda a lo largo y lo ancho del planeta como único motor y única medida del proceso de "globalización", ya son visibles los estragos que puede producir. Ya "se escuchan por todas partes comentarios sobre la debilidad de las instituciones para hacer frente a situaciones inéditas de volatilidad mundial", escribe Héctor Aguilar Camín,(18) aunque yo la llamaría volatilidad global, en la medida que se debe a ese vacío o a esa fragilidad institucional que es lo mismo que la falta de "mundo". Algo muy parecido expresa George Soros: "En esta época en la que el fundamentalismo de mercado se ha convertido en el dogma dominante, los mercados se han hecho verdaderamente globales, y no tenemos instituciones internacionales comparables para prevenir los excesos... la preocupación por el bien común ha desaparecido prácticamente al permitir que sean los mercados los que toman las decisiones".(19)
A este respecto, hay que decir que incluso en las hipótesis de que la ley de la oferta y la demanda fuese ley de la naturaleza, no hay que olvidar que ésta puede ocasionar catástrofes y que el propósito de cualquier economía humana es dejar atrás la muy natural eliminación de los débiles por los fuertes. El hombre está en el mundo para humanizar la naturaleza, no para ser devorado como uno más de los animales que forman parte de aquélla. En segundo término, valdría la pena evocar que el liberalismo económico fue, en sus orígenes, una idea de las que esgrimió lo que en el siglo XVIII fue la "izquierda" o, si se quiere, el "progresismo": la libertad económica fue bandera de los hombres de "avanzada" frente o contra los controles, alcabalas, proteccionismos y monopolios de reyes o señores feudales. Lo recuerda un pensador y escritor socialista -Jacques Julliard- en sus dos libros más recientes y en artículo periodístico en el que, además, coincide en buena medida con opiniones recientemente vertidas por George Soros.(20)
La economía de mercado, dice Julliard parafraseando a Churchill, "es el peor sistema económico excepción hecha de todos los demás". Sin embargo, irá hacia el caos si no acepta articularse con los otros elementos de la sociedad democrática que son, además, sus coetáneos: "el individualismo igualitario" y "la exigencia de justicia relativa", pues las diferencias y las desigualdades sólo resultan personal y socialmente aceptables "si permiten la elevación de los más desfavorecidos". El asunto, aclara, no es del ámbito de la funcionalidad económica, sino del de la "aceptabilidad social" que tolera las injusticias si comprueba que pueden ser provechosas para la comunidad. En este ámbito, los Estados nacionales y el Derecho a la autoridad internacionales tienen la obligación de crear las condiciones para que coexistan el interés y la justicia. A esto le llama George Soros abandono del "fundamentalismo del mercado", o la "preocupación por el bien común". Por otra parte, Soros expresa su preocupación por la "sustitución de los valores profesionales por valores de mercado" y la conversión del "Derecho o la Medicina en negocios", lo que coincide con una afirmación del escritor francés mencionado: "Hay que rechazar la extensión de los principios de la economía de mercado a todo el resto de la sociedad", porque hasta los fundadores del liberalismo advirtieron que los vicios del mercado, para que éste fuese viable, debían quedar circunscritos al campo económico. Cita en apoyo de su idea a otro economista insospechable -Francois Perroux- quien escribió: "Toda sociedad capitalista funciona regularmente gracias a sectores sociales que no están impregnados ni animados por el espíritu de ganancia y de mayor ganancia. Cuando el alto funcionario, el soldado, el magistrado, el sacerdote, el artista, el sabio son dominados por tal espíritu, la sociedad se desploma y toda forma de economía se ve amenazada".(21)
Es así que renace la nostalgia por el capitalismo de ayer, infinitamente más cruel y más duro que el moderno, tanto entre la izquierda como entre la derecha que se oponen a la "globalización" como quien realiza un acto de resistencia sin pensar las nuevas realidades científicas, técnicas, sociales y políticas; sin acometer el reto de hacer el "mundo", paralizadas de miedo por la indetenible constitución del "globo". Es una reacción de odio a lo nuevo, de misoneísmo que las conduce a "erigir la decepción en un futuro soñado, en una abominación del progreso real y a disimular bajo un ultrademocratismo... un aristocratismo nostálgico y pendenciero". Y es así también que "las élites dirigentes siguen practicando el culto al progreso sin preocuparse de su costo social, aliadas al liberalismo cultural... en tanto que el pueblo vive en el temor del progeso y reacciona con el conservadurismo cultural",(22) con la fuga hacia lo tribal, con el llamado al caudillo de las promesas demagógicas, incumplibles, con la pérdida de la sociedad abierta, con la condena sistemática del gobierno, paradójicamente simultánea a la exigencia de un Estado tutelar, paternalista y populista. Es, pues, necesario "globalizar" en términos de la economía para evitar el renacimiento de los nacionalismos estatistas y populistas, y "mundializar" al mismo tiempo en los de la política para evitar la deshumanización regresiva del "globo". No habrá "mundo" si se permite al mercado imponer su ley sobre lo que no es, ni puede ser, ni debe ser económico. Tampoco lo habrá si se pretende imponer políticamente controles irracionales al mercado, en lugar de hacer razonables, sensatos, justos y buenos los resultados del mercado, por medio de la ley. Sí a la economía de mercado. No a la mercantilización de toda la vida social. Hay y deberá incluso haber "globo", si y sólo si hay "mundo" Notas 1 Enciclopedia de la política, México, FCE, 1997, pp. 455-457. 2 Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1990. 3 Bino Olivi y Bruno Somalvico, La fine della comunicazione di massa, Bologna, II Mulino, 1997. 4 Philippe Séguin, En attendant l`emploi, París, Seuil, 1996, pp. 10-11. 5 Riccardo Petrella, Le bien commun, Bruselas, Labor, 1996, pp. 9-13, 49-52. 6 Rodrigo Borja, op et loc cit. 7 George Soros y Jeff Madrick, "La crisis financiera mundial", Política exterior, núm. 68, vol. XIII, Madrid, marzo-abril, 1999, pp. 33-49. 8 Jacques Julliard, Ce fascisme qui vient..., París, Seuil, 1994, p. 118. Este autor escribe: "Si la justicia sin la caridad es una ilusión, la caridad sin la justicia es una impostura". En otra obra -La faute aux élites, París, Gallimard, 1997, pp. 127-131- el mismo escritor socialista señala que "al privilegiar (los intelectuales) el testimonio por sobre la reforma, se conforman... con el doble imperativo de pureza y no-responsabilidad que está en el corazón de la actitud revolucionaria que subsiste en estado de reflejo moral desde el momento en que la moral es abandonada, lo que deja enteramente a ésta en manos de los tecnócratas, de los cuales aquéllos denuncian la impericia en las opciones de solución... lo único peor que el `horror económico` es el oscurantismo antieconómico...". 9 Pueden consultarse, en relación con el tema, dos obras importantes de José Ma. Gallegos Rocaful, El hombre y el mundo de los teólogos españoles del Siglo de Oro, México, Stylo, 1946, y La doctrina política del P. Francisco Suárez, México, Jus, 1948. 10 Véase a este respecto el ensayo "La conciencia en el tiempo", de Joseph Ratzinger, en Iglesia, ecumenismo y política, Madrid, BAC, 1987, pp. 183-198. El autor analiza la obra de Reinhold Schneider acerca de Fray Bartolomé de las Casas. 11 La revista Ixtus publicó en su número 21, año V, 1997, pp. 16-23, un ensayo de este pensador francés -traducción de Nazario Vivero- bajo el título "Etica y política". 12 Ibid, p. 18 y ss. 13 De Potestate Civili, 21. 14 Op cit, p. 21. 15 Jacques Julliard, op cit, p. 81. 16 Jacques Julliard, La faute aux élites, París, Gallimard, 1997, pp. 19-32. 17 Ibid, pp. 133-135 18 "Hacia una izquierda moderna", Proceso, núm. 1169, 28 de marzo, 1999, p. 33. 19 Loc cit, pp. 48-49. 20 Se trata de los ya citados -Ce fascisme qui vient... y La faute aux élites-, y de la crónica titulada "Remettons le marché à sa place!" publicada en el núm. 1792 del semanario parisiense Le Nouvel Observateur, 11-17 de marzo, 1999; así como del libro financiero estadounidense La crisis del capitalismo global. La sociedad abierta en peligro (Madrid, Debate, 1999) y de la entrevista a Soros por Jeff Madrik publicada primero en inglés por The Yew York Review of Books y luego en castellano por la revista madrileña Política exterior, núm. 68, vol. XIII, marzo-abril, 1999. 21 Citado por Julliard en el artículo "Remettons le marché à sa place!", loc cit. 22 Jacques Julliard, La faute aux élites, pp. 145-150.
Carlos Castillo Peraza es periodista. Este trabajo utiliza buena parte del ya publicado en nexos, núm. 241, enero, 1998, pp. 93-97, bajo el título "El globo en busca del mundo", que a su vez fue la versión corregida y aumentada de la ponencia que presentó el autor en el seminario "Globalización e identidad nacional", organizado por Force Démocrate y la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) el 6 de noviembre de 1997, en París, Francia. A partir de ambos, se intenta aquí desarrollar el tema abordando asuntos relacionados con la globalización y la mundialización que han ido surgiendo después y siguen siendo discutidos hasta la fecha. |
|
|
|
![]() |