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conversación

Kinski, "mi mejor enemigo"

Ruth Valentini/Werner Herzog

Werner Herzog acaba de realizar un fascinante documental sobre su "mejor enemigo", el actor de Aguirre, la ira de Dios, Klaus Kinski, titulado Enemigos íntimos.

A Werner Herzog, como buen cineasta visionario, le encantan las grandes proezas y los destinos marginales, y también Klaus Kinski, por su sensibilidad exacerbada y su erotismo intenso. "Es el actor más fascinante que conozco", se entusiasma Werner Herzog. Durante el rodaje, Klaus Kinski era un exhibicionista insensato y un loco peligroso que pasaba de la cólera de Dios a la gracia divina frente a un Herzog inmutable, el cual concentraba en él su fría violencia. Dos monstruos megalómanos reunidos en amor y odio formando un dúo infernal: cinco películas en 15 años, de 1972 a 1987, de Aguirre, la ira de Dios a Cobra verde, pasando por Nosferatu, Woyzeck y Fitzcarraldo.

Klaus Kinski murió en 1991, ¿por qué esperar ocho años para realizar este documental?

No esperé. Era el momento justo. Cuando todavía estaba vivo pensaba ya en esta película sobre nuestra colaboración truculenta y difícil de comprender. Eramos como dos masas críticas que basta acercar para que exploten. Su muerte me pesó hasta que la película se hizo naturalmente. Me encanta que la gente ría en el cine, es prueba de que los espectadores captan el humor y la ternura del filme.

Nos hablas de un Kinski egomaniaco, ¿qué adjetivo te reservas para ti?

Encuéntralo tú...

¿Calculador? ¿Sin escrúpulos? ¿Inmoral? Durante el rodaje de Fitzcarraldo, en la selva virgen del Amazonas, después de una rabieta del actor, los extras indios estaban aterrorizados por tu mutismo. Te propusieron eliminar a "Kinski el diablo". ¿Por qué lo rechazaste?

Todavía lo necesitaba, y sólo me importaba el resultado en la pantalla. Pero más tarde lamenté haberles hecho abandonar el proyecto.

Te hubieran metido a la cárcel...

¡Imagínate! En la selva virgen del Perú, la ley de la jungla está en vigor. El puesto de policía más cercano se encontraba a 400 kilómetros. Algunas buenas botellas de whisky y un par de cientos de dólares hubieran sido suficientes para atestiguar un accidente de caza. (Herzog, hombre que sonríe muy poco, ríe a carcajadas.)

Eva Mattes, la María de Woyzeck y Claudia Cardinale, su compañera en Fitzcarraldo, llevan una mirada benévola sobre Kinski. Alaban su profesionalismo y su bondad...

Me costó trabajo encontrar testimonios favorables, pero sobre todo no quería caer en la denuncia. Si estas actrices experimentaron fraternidad con él, es sin duda porque su presencia en los lugares del rodaje fue de corta duración: 17 días Eva Mattes, y poco más Claudia Cardinale. Ve tú a saber lo que se habría producido si hubieran pasado más tiempo en su compañía...

La percepción de la naturaleza de Klaus Kinski te irrita. Es opuesta a la tuya: erótica para el actor, obscena para ti...

Para Kinski, la naturaleza es decorativa como una tarjeta postal. No me gusta su lirismo romántico cargado de fuertes acentos de new age. Habla de la armonía del universo, ¡pamplinas! Si existe armonía, es engañosa. En medio de la selva, la naturaleza no tiene nada de maravillosa: es asesina.

En el epílogo de tu retrospectiva hay una secuencia donde Klaus Kinski, iluminado, magnético, atrae a una mariposa a su cuerpo hambriento de amor. Se conmueve hasta el éxtasis por esta atención "natural".

Es esa imagen la que me gustaría guardar en la memoria, aun cuando la razón la rechace. Para revelarte todo, salvé esta secuencia de la basura. Hay que saber por qué la mariposa se subió a la oreja, a la mejilla, a todo el cuerpo de Kinski: porque transpiraba, y los insectos aprecian el sudor humano. De hecho, no era más que una degustación de sal. (Werner Herzog ríe al trivializar esta imagen conmovedora.) Pero lo que me importa es el efecto que produce en el espectador.

Después de su muerte has filmado muy pocas ficciones, ¿Klaus Kinski es irreemplazable? ¿El era tu destino?

Eramos destinos recíprocos, y no es presunción. Pero después de Cobra verde había explotado toda su amplitud. Kinski se había consumido como una flama. Ya no tenía proyecto para él. Sabía que cualquier otra película no hubiese sido más que una repetición. Lo cual debía evitarse. Luego, corté todo contacto con él.

En abril, en Minnesota, publicaste un manifiesto titulado Lessons of Darkness en el cual te conviertes en el enterrador del cine-verdad. Accesoriamente, denuncias allí el turismo, ¿una provocación?

Mucho mejor si se genera debate. Fue una reacción espontánea, puntual, para irritar a los medios. El cine-verdad corresponde a una mentalidad de contador, que se contenta con examinar la superficie, y confunde hechos y verdad; los hechos crean normas y la verdad iluminación. De todas formas, para mí, la frontera entre la ficción y el documental no existe. Considero Fitzcarraldo mi mejor documental

Tomado de Le Nouvel Observateur.

Traducción: Carlos Vidali Rebolledo.

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