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Chile, partido por la mitad
El voto fluctuante decidirá entre Lagos y Lavín

Paulo Hidalgo y Felipe Olmos

Es importante analizar los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial en Chile porque representan el hecho político más importante de la actual década. Además, sus implicaciones políticas significan no sólo una alteración del mapa electoral chileno, sino que también tendrán impacto en la senda del desarrollo institucional y económico-social del país con el consiguiente efecto sobre las políticas públicas, de las cuales pretende dar cuenta este análisis.

Si bien era esperable la realización de una segunda vuelta electoral y que a ella pasaran los candidatos de las dos coaliciones políticas con representación parlamentaria, lo que arrancó a casi todo pronóstico fueron los siguientes datos:

-Una polarización brutal de las preferencias en torno a Ricardo Lagos y Joaquín Lavín que casi no dejó votos a las candidaturas alternativas de Tomás Hirsch, Sara Larraín y Arturo Frei que sumados no superaron 1.3%.

-El mayor fracaso electoral del PC, cuya candidata, Gladys Marín, sólo alcanzó 3.2% de la votación.

-Un enorme aumento de la votación derechista, cuyo candidato prácticamente empató con el abanderado concertacionista situándose a sólo medio punto de él (47.5 a 48 puntos).

El resultado representa un cambio del mapa electoral chileno que revela transformaciones en las matrices socio-culturales con que la ciudadanía se aproxima a la política. Es cierto que la crisis económica y la alta tasa de desempleo, junto con el desgaste que produce haber ejercido el poder por una década, puede explicar el descontento del electorado concertacionista, pero ello no aclara que esta vez se hayan traspasado fronteras político-ideológicas otorgándose el voto al candidato de derecha. A nuestro juicio ello se ha producido por las siguientes razones:

-Desideologización del escenario electoral: la detención de Pinochet en Londres en octubre de 1998 después de un periodo de convulsión y de renacimiento en el país de la temática de los derechos humanos significó su salida paulatina pero progresiva del escenario político nacional, lo que implicó diluir de la memoria histórica del electorado nacional el eje dictadura-democracia en la medida que el candidato que representaba a la derecha consiguió desmarcarse de tal eje.

-El aumento del voto fluctuante: el surgimiento de un nuevo electorado no solamente compuesto por los nuevos inscritos -que son pocos- sino por la decantación de un proceso evolutivo de un elector que no siente fidelidad a los partidos por los que tradicionalmente votó y que, por lo mismo, ya era apreciable en las elecciones de 1997 en la cantidad de votos nulos y blancos registrados. A ello se deben agregar los efectos del sostenido crecimiento económico de los últimos años que sin perjuicio de las desigualdades ha generado una cultura del consumo muy generalizada que gravita en la liquidez de las preferencias de la ciudadanía que se encuentra alejada de los grandes relatos políticos más clásicos.

-La penetración de la derecha en los sectores populares: la estrategia de este sector -principalmente la UDI- de avanzar en estratos populares y medios por la vía de un trabajo sistemático en los grupos populares y una oferta de soluciones concretas. Esto ha acontecido en particular en los sectores más vulnerables y en franjas no desdeñables de sectores medios emergentes que han sido cautivados por un discurso populista de soluciones aparentemente fáciles ante problemas reales que ha traído aparejado el desarrollo económico de estos años: aumento de la delincuencia y, por ende, de la inseguridad ciudadana, crecimiento exponencial del consumo de drogas -la llamada pasta base, residuo tóxico de la cocaína- inseguridad en el plano del bienestar por el sistema de salud público heredado que presenta carencias aún graves sin perjuicio de las enormes inversiones realizadas en infraestructura.

Si bien todavía no se ha dirimido el nuevo Presidente de la República, la noche del domingo 12 de diciembre tuvo vencedores y vencidos. El ganador fue la derecha y su candidato Joaquín Lavín, quien logró una votación que ni siquiera sus más entusiastas partidarios se atrevieron a pronosticar y que casi alcanzó a la mitad de los sufragios válidamente emitidos. Aumentado en más de un millón de votos el caudal electoral del sector es indudable que Lavín logró crecer hacia el voto fluctuante despolitizado y popular con una hábil estrategia basada en mensajes simples y directos de tipo efectista y populista.

Los grandes perdedores fueron las candidaturas alternativas, en especial las de izquierda dura, pues la de Frei Bolívar(1) no pasó de ser una aventura personal, de ahí que obtuviera la más baja votación de todos los presidenciables. En efecto, la izquierda extraparlamentaria no logró capitalizar el voto descontento -que optó por Lavín- y sólo consiguió retener su electorado más duro. El Partido Comunista vio reducida sus expectativas a 3.2% del universo válido de votación lo que, sin lugar a dudas, lo deja sin posibilidad de reagrupar, como era su aspiración, una potente fuerza de izquierda que se plantee como alternativa contra el "modelo neoliberal".

Para el candidato que obtuvo la mayor cantidad de preferencias (48%), Ricardo Lagos Escobar, la jornada fue amarga. Si bien estuvo a sólo dos puntos de vencer en primera vuelta, no logró tal objetivo y además, lo más importante,su contendiente directo se levantó como un adversario formidable que le siguió muy de cerca, de tal manera que no existió la ventaja que se esperaba y la elección quedó abierta a cualquiera de los dos para la segunda vuelta.

Es complicado hacer un pronóstico para el 16 de enero próximo más allá de vaticinar un estrecho resultado para el que resulte vencedor. En principio se puede afirmar que en términos político-históricos los sufragantes que se manifestaron por Lagos son más "duros" que los de Lavín, pero este efecto tiende a compensarse porque psicológicamente el candidato derechista galvanizó a su electorado con el resultado del 12 de diciembre pasado al obtener un "triunfo inesperado". El trasvasije de votos blandos de una candidatura a otra es fundamental para decidir la elección y en lo inmediato Lavín quedó mejor posicionado. Sin embargo, si ello no acontece Lagos tendría la primera opción puesto que indudablemente captará un mayor electorado de los candidatos alternativos. Por otro lado, los votantes que no manifestaron opinión en los pasados comicios difícilmente marcarán una tendencia en favor de uno u otro candidato. (Tras el fenómeno del abstencionismo existen un cúmulo de personas que efectivamente han cambiado de domicilio y se ven objetivamente imposibilitadas de votar. Ello sucede porque el padrón electoral se constituyó en 1988 y dado el tiempo transcurrido es esperable que la natural movilidad geográfica por razones laborales u otras haya desplazado a buen número de ciudadanos a lugares distintos de sus respectivas inscripciones electorales.)

¿Qué implicaciones tiene el resultado electoral para el modelo político-económico y social y las políticas gubernamentales? Un análisis preliminar debería llevar a la conclusión de que la votación obtenida por los dos principales candidatos representa la consolidación del "modelo", puesto que aunque de forma diferente, ambos presidenciables muestran grados de consenso en los aspectos fundamentales de tal esquema económico y juntos sumaron 95.5% de la votación; en tanto que las fuerzas alternativas al modelo sólo lograron 4.1%.

Esto significa, en lo político, la aceptación de las reglas del juego establecidas en la Constitución de 1980 con los obvios cambios que el propio candidato derechista ha admitido que conforman una democracia imperfecta como los relativos a los senadores designados. En lo económico, la consolidación de una economía abierta que mantiene sus equilibrios macroeconómicos y favorece la competencia y la inversión sin cambios tributarios de importancia.

Sin embargo, a nivel de políticas públicas sí es posible trazar una clara línea divisoria entre ambos candidatos. Si bien Lavín ha puesto énfasis en las políticas sociales, pues su discurso pretende hacerse cargo de los problemas de la gente y establece como prioridades la salud, la educación y el trabajo, lo cierto es que sus recetas no pueden ser sino las que enarbola la derecha económica; esto es, crecimiento económico con políticas sociales focalizadas para producir empleo y reducir la pobreza, por un lado, y reducción del gasto público y entrega de los servicios públicos a los privados con lo que es previsible un reforzamiento de la salud privada en desmedro de la salud pública, lo mismo que en educación. Así, también, puede esperarse que no se avance mucho en materia de legislación familiar, especialmente en la discusión de una ley de divorcio.

Lagos, por el contrario, cree en una mayor injerencia del Estado en las políticas sociales, principalmente a través de la regulación de servicios públicos, como la educación y la salud e impulsaría un fortalecimiento de la red de seguridad social cuya punta de lanza -a raíz de los hechos de reciente data- será, sin duda, la creación de un seguro de desempleo. En la concepción de Lagos las personas son percibidas como ciudadanos frente al Estado y no como clientes frente a un gerente. De este modo, se buscará una mayor igualdad en el acceso a una educación de buena calidad (se pretende crear una Superintendencia de Educación, entre otras medidas de reforzamiento del sistema público) y a una salud que cubra enfermedades catastróficas y a la tercera edad.

Sin duda, ambos seguirían con la modernización económico-productiva del país que incluye avanzar en el proceso de privatización de puertos y sanitarias y seguir la senda de integración de nuestro país a los mercados internacionales junto con el aporte de capitales privados a las grandes obras de infraestructura que el país requiere. Evidentemente con un eventual gobierno de Lagos habrá más fiscalización en la entrega de servicios públicos por privados y la integración a los mercados se hará sobre la base de impulsar mínimos laborales y ambientales adecuados a los estándares que maneja el mundo desarrollado.

Las diferencias más apreciables entre ambos se observan en el plano político-institucional. Si bien Lavín se ha manifestado dispuesto a algunas reformas constitucionales, ha colocado este tema en un segundo plano absoluto por no estar, según el, entre las prioridades de la gente, cuestión que continúa complicando nuestra inserción en un mundo ante el cual todavía no exhibimos completas credenciales democráticas, como lo demuestra el arresto del general Pinochet en Londres. En materia judicial es esperable un cambio de énfasis del candidato opositor desde la reforma judicial que ha desarrollado exitosamente este gobierno a una política más represiva contra el mundo de la delincuencia, así como una aplicación irrestricta de la Ley de Seguridad Interior del Estado contra las minorías étnicas.

En cambio, es claro que Lagos profundizará en todas las materias señaladas como heredero del legado concertacionista que es claramente contrario a las instituciones de una democracia semiprotegida que contempla nuestra carta fundamental y favorable al reconocimiento de las minorías étnicas y al fortalecimiento del Poder Judicial para asegurar los derechos humanos. Lo que sí parece improbable es que alguno de los candidatos altere el tipo de régimen político que tenemos o el sistema electoral binominal(2)

Nota

1 Arturo Frei Bolívar fue senador de la Democracia Cristiana por la ciudad sureña de Concepción. Al perder la nominación dentro de su partido para reelegirse simbólicamente, visitó a Pinochet en Londres, renunció a la DC y se proclamó candidato independiente a la Presidencia buscando captar votos de centro con un discurso que más bien apelaba al pinochetismo duro.

2 El sistema binominal electoral, en dos palabras, es la modificación al mapa electoral hecha por la Constitucion de 1980, elaborada por Pinochet y reformada en algunos aspectos por la Concertación, que supone la fijación de un umbral de 50% de votos para elegir a dos representantes por distrito o duplicar a la votación de la lista antágonica; de otro modo, el segundo candidato más votado obtiene el escaño. Este binominalismo ha servido para subsidiar a la derecha puesto que ha impedido que la Concertación duplique su votación en varios lados y ha logrado puestos de representación.

Paulo Hidalgo es sociólogo, profesor del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile. Felipe Olmos es abogado, magister en Ciencia Política, profesor ayudante del mismo instituto.

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