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textos Bush, Gore y las campañas
María Cristina Rosas
¿Qué sucede con los "gallos fuertes" de los partidos Demócrata y Republicano? ¿Será posible que el énfasis puesto en la recaudación de recursos para financiar sus respectivas campañas los haya alejado del común de la gente? Y, por ende, aquellos candidatos que han priorizado el human touch, ¿serán capaces de destronar a los alicaídos reyes Bush y Gore? Tanto va el cántaro al río, que se rompe. Se ha hablado hasta el cansancio de la necesidad de una reforma sustancial a las normas sobre financiamiento a los partidos políticos en EU, y la elección presidencial del 2000 podría ser un parteaguas. Es como en las peleas de box: en una esquina figura el favorito, en torno a quien giran las apuestas a razón de diez a uno. En la otra se encuentra el rival, por quien nadie da un centavo, pero que muy bien podría dar la sorpresa contra todos los pronósticos. Ciertamente ésta es una elección en la que las campañas proselitistas han empezado más temprano que de costumbre. Y cuando George W. Bush y Albert Gore más seguros estaban de su aplanadora preelectoral, hicieron acto de presencia, con modestos recursos, pero con un acercamiento al común de la gente, McCain por el Partido Republicano y Bradley por el Partido Demócrata. Los resultados preocupan mucho a Bush y Gore. En Nueva Hampshire, McCain se encuentra muy por encima de Bush, con una ventaja de nueve puntos. También en ese estado, Bradley lleva la delantera sobre Gore por 12 puntos en las preferencias electorales. ¿Qué ocurre? A poco más de dos semanas de celebrarse las primarias en Nueva Hampshire, la presunta autosuficiencia, el desdén y la falta de acercamiento con el electorado están haciendo estragos a las huestes de George W. Bush y Albert Gore. Y es que mientras Bush pasaba poco tiempo en Nueva Inglaterra, McCain prácticamente se mezcló entre el populacho, estrechando las manos de hasta el último parroquiano de Manchester, gris capital de Nueva Hampshire. Una táctica similar ha desarrollado Bradley. Así las cosas, en diciembre Bush descubrió que en vez de trabajar los bolsillos de los "patrocinadores" había que empezar a hablar con la gente. Pero para entonces, su imagen ya enfrentaba varios problemas: diversos analistas criticaban su ignorancia sobre los asuntos internacionales. Otros más destacaban su mediocre expediente en Yale. Los menos hicieron notar que en los primeros debates públicos hubo poca originalidad y prevaleció la politics as usual. Tanto se ha devaluado la imagen de Bush en Nueva Hampshire, que algunos asesores le han aconsejado lo dé por perdido, y en cambio proponen trabajar en otras latitudes. Si bien el "efecto McCain" es todo un prodigio, también se debe reconocer que en otros estados de la Unión Americana este ex veterano de Vietnam tiene poco empuje, por lo que es difícil imaginar que efectivamente pueda destronar al rey texano George Bush. Sin embargo, McCain calcula con frialdad la situación. Según él, si Bush perdiera Nueva Hampshire,Carolina del Sur, Arizona y Michigan cambiarían las reglas del juego. Aun así, McCain sólo despunta en Nueva Hampshire y en Arizona. En su contra tiene limitados recursos económicos (de ahí que sea el más entusiasta en proponer reformas al financiamiento de los partidos políticos, dado que la estructura actual no le es favorable). En contraste, Bush dispone de varios millones de dólares además de un ejército de cuatro mil voluntarios en todo el territorio estadounidense. Los conocedores del sistema político estadounidense señalan que McCain in Wonderland desaparecerá después de los sucesos en Nueva Hampshire, cuando se le acaben también sus limitados recursos. Se dice lo mismo de Bradley. Aun así es innegable que las primarias de Nueva Hampshire serán muy interesantes y reñidas en estos comicios, incluso más que antaño. Mientras tanto, Gore y Bradley debaten respecto a la pertinencia de participar en encuentros periódicos que podrían ser transmitidos por la radio y la televisión en lo que algunos consideran un intento desesperado por el actual vicepresidente no sólo de remontar la desventaja en las tendencias de voto que enfrenta ante George W. Bush sino, ahora también, de cara al "fenómeno Bradley". Con todo, los logros de Bradley y McCain son un llamado de atención respecto de la equidad y la posibilidad de que efectivamente en los comicios haya una participación que no favorezca exclusivamente a los poderosos. Aunque, en honor a la verdad, así se ha definido históricamente la política estadounidense: la jefatura del gobierno de ese país ha recaído, casi siempre, en aquellas personas capaces de contar con el beneplácito de los grupos económicos y políticos más influyentes, quienes a su vez apoyan a estos personajes que son, a su manera de ver, los únicos capaces de garantizar los intereses creados. Es innegable también que tanto Bush como Gore se encuentran en posiciones políticas envidiables: el primero como gobernador de Texas y el segundo como vicepresidente del país, lo cual les da visibilidad y amplia capacidad negociadora para ganar el apoyo de los sectores económicos y políticos más influyentes de la primera potencia mundial. Bush, quien ahora está en plan populista, tratará de remontar el marcador atacando a McCain en sus dos talones de Aquiles: la disminución de los impuestos y la educación. Las apuestas, en ese sentido, favorecen menos a McCain. Pero Bush no podrá cantar victoria, al menos mientras el pequeño David posea una honda que estaría en posibilidad de arrojar contra Goliat. Y esa honda es justamente la capacidad de disentir respecto de un sistema político que borra casi automáticamente del escenario político a los pequeños David, por más legítimas, sabias y pertinentes que puedan ser sus agendas políticas María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx |
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