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el revés de la trama

Ex ciudadanos
Ahora buscan porciones del poder

Edgardo Bermejo Mora

No es probable que este año de elecciones presidenciales se repita el fenómeno del Grupo San Angel que vimos en 1994, es decir, la reunión de un grupo de notables con el propósito de incidir a fuerza de proclamas, declaraciones, comidas y desayunos en el perfeccionamiento de nuestro juego democrático, que evitase el "choque de trenes". Y no es probable no tanto porque nuestras leyes en materia electoral no sean aún susceptibles de mejoras, ni tampoco porque se tenga por seguro que los pactos de civilidad y competencia real entre los partidos florecerán en los próximos meses, sino principalmente porque la mayoría de aquellos antiguos ciudadanos independientes, que precisamente fincaban en dicha autonomía su legitimidad, cedieron a la vuelta de un sexenio al activismo y la militancia partidista o parlamentaria, accedieron a puestos de gobierno, o al menos se muestran ahora abiertamente simpatizantes de uno u otro candidato. De manera que la utopía ciudadana se diluyó finalmente en el proceloso mar de la política partidista que aspira a la conquista si no de todo al menos de una porción del poder.

Tan sólo dos de sus principales promotores, Demetrio Sodi y Jorge Castañeda, tarde o temprano renunciaron a la pretendida neutralidad ciudadana, para acercarse cada vez más, sobre todo el primero, a los océanos de la política de carne y hueso. En el caso de Sodi, encontró en una diputación bajo las siglas del PRD la salida más natural a sus inquietudes, y ya de ahí se siguió de largo hasta aspirar sin éxito a la candidatura del PRD al gobierno de la ciudad de México. Castañeda, si bien más huraño y cuidadoso de su propia trayectoria de independencia, mantiene una estrecha cercanía política con Vicente Fox, y es un secreto a voces que funge como uno de sus principales asesores.

La lista es más larga. Santiago Creel, por ejemplo, que fue consejero ciudadano en el IFE, y en esa calidad de independencia forjó sus primeros años de participación pública, no sólo se convirtió con el tiempo en un legislador del PAN, sino que ahora es el flamante candidato del blanquiazul al gobierno de la ciudad de México. Ocurrió algo similar con Miguel Angel Granados Chapa, quien desertó también de las filas ciudadanas tras ocupar un asiento en el IFE, para aceptar la candidatura al gobierno de Hidalgo bajo las siglas del PRD y del PT; y a pesar del rotundo fracaso de su postulación, hoy sigue mostrándose públicamente como un abierto simpatizante del ingeniero Cárdenas.

Con rumbo al PRD o al gobierno que de él emanó, también dejaron atrás el tótem de la ciudadanía inmaculada, Ricardo García Sainz, hoy legislador perredista y uno de sus más destacados parlamentarios, y Clara Jusidman, quien se desempeña como secretaria de Desarrollo Social en el gobierno perredista de la capital. En un caso similar habrá que considerar las senadurías de Carlos Payán y de Enrique González Pedrero, así como la diputación federal que obtuvo el ex forista Bernardo Batiz.

Hacia el PAN se acercaron también quienes antes participaban, ya como militantes de izquierda o en el caso del actual diputado Francisco J. Paoli; o bien como veteranos de la participación ciudadana: don Julio Faesler, actual diputado federal por Acción Nacional. Entre los sanangelinos que finalmente regresaron al PRI o al gobierno hay que apuntar a Elba Esther Gordillo, actual dirigente del sector popular de su partido, a Jesús Reyes Heroles, que pasó por el gabinete de Zedillo y ahora se desempeña como embajador de nuestro país en Washington; y a Jesús Silva Herzog, actual candidato del PRI al gobierno de la ciudad de México.

Un caso aparte es Adolfo Aguilar Zinser, único acaso que ha logrado combinar su desempeño como ciudadano independiente, con una ardua participación parlamentaria primero como diputado federal y ahora como senador. Con todo, Aguilar Zinser forma parte del equipo cercano del candidato Vicente Fox.

Nos tomó un sexenio comprender que la "ciudadanización" de la política, ese despropósito mendaz cocinado al vapor de la transición y sus mitos, no es el camino más natural para que un país madure y prospere en materia política. El ensueño de una "sociedad civil" arquetípicamente sana, sensata y honesta que habría de subvertir a la "sociedad política", corrupta, pragmática y oportunista por obra y gracia del prejuicio, encontró sus fronteras en ámbitos obligados como la procuración de los derechos humanos, o la organización de las elecciones, pero se topó con pared a la hora de querer sustituir a la política y a los políticos.

Quizá el ejemplo más emblemático ocurrió con el llamado Seminario del Castillo de Chapultepec, un sucedáneo del Grupo San Angel que intentó, desde la plataforma de la academia y la entereza ciudadana, convencer a los partidos de un paquete de reformas electorales que finalmente se abortó. Fueron los partidos, en un proceso mucho más complejo e imprevisible, los que, con sus limitaciones y sus avances, sacaron a fin de cuentas la única reforma electoral de este sexenio

Edgardo Bermejo Mora es escritor y periodista. Correo: edbeme@prodigy.net.mx

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