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¿Se acabó la fiesta?
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

cuentas claras


Enrique Contreras Montiel

Repartir sin compartir

El año 2000 inició quizá con uno de los sueños más acariciados por la oposición: redistribuir el presupuesto público. La oposición logró que éste se incrementara en 15 mil 200 millones de pesos, en teoría, bajo un criterio de beneficio social.

Esta cantidad no es nada despreciable. Con esos 15 mil 200 millones de pesos se podría echar a andar otra Secretaría de Medio Ambiente, o de Desarrollo Social, o de Energía; casi una de Salud, de Comunicaciones y Transportes, incluso una de Hacienda y Crédito Público, o de Defensa Nacional; también la quinta parte de una de Educación.

Todavía más, con esa cantidad se podrían mantener por diez años los gastos de la Presidencia de la República, cinco años a la Secretaría de Relaciones Exteriores, cinco y medio la de Comercio y Fomento Industrial.

No obstante, se decidió repartir en lo que los legisladores de la oposición consideran importante y que, efectivamente, para algunos, como los pensionados será muy importante aunque para otros, como los funcionarios, será como "oro molido" en tiempo de grandes hambrunas electorales.

 

El método

Para modificar el presupuesto público se recurrió a dos subterfugios. Por un lado, se recalculó el precio esperado del petróleo. Inicialmente, en la elaboración del presupuesto que presentó el Poder Ejecutivo al Congreso de la Unión se hizo una estimación de que el precio del barril de petróleo podría promediar alrededor de 15.50 dólares. Con el presupuesto de la oposición, ese cálculo pasó a 16 dólares el barril, arrojando una cantidad de alrededor de siete mil 500 millones de pesos. La parte restante se dejó en manos del Ejecutivo, que a su vez aseguró que se deben hacer ajustes y "recortes al presupuesto de otras instituciones para completar la parte restante".

 

El regalo

Para fines políticos inmediatos, la oposición se anotó un golazo. Por primera vez en muchísimos años, los jubilados podrán ver un incremento sustancial a sus pensiones y habrá más dinero para repartir a los pobres. Sin embargo, para fines prácticos, quizá al partido en el gobierno federal no se le hubiera ocurrido poner en su cartita a los Reyes Magos un deseo así, de ese tamañote.

El mecanismo de presupuestación en México implica que con anticipación las instituciones gubernamentales tienen que elaborar su Programa Operativo Anual, en el cual se especifican incluso las unidades ejecutoras. El presupuesto se envía al órgano encargado de centralizar los diferentes presupuestos, con lo cual se elabora la propuesta del Presupuesto de Egresos. Para no hacerla cansada, implica un largo proceso de negociación, en el cual se precisa el orden de prioridades para que a la hora de recortar no se eliminen los programas sustantivos de la institución. La aplicación de la metodología actual de presupuestación permite, cuando menos en teoría, identificar el uso de los recursos públicos hasta el detalle.

Este comentario implica, pues, que o los legisladores están muy imbuidos de las estructuras presupuestales de las secretarías a las cuales se asignarán esos recursos (hipótesis probablemente falsa) o le han dado un gran regalo a esas instituciones, consistente en recursos frescos y sin ataduras para ser usados en tiempos de elección, etiquetados para los sectores que constituyen el grueso de los electores: los pobres

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