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Santa Claus

Julieta García González

Cualquiera podría decir que Santa Claus ha cambiado radicalmente desde que surgió como figura pública hasta nuestros días. Que ahora comercializa su nombre y se aprovecha del gusto popular por los trineos de unicel y los renos de peluche. Esto puede ser cierto, pero Santa no ha cambiado en esencia. No es un tipo políticamente correcto, por ejemplo. No se tienta el corazón si hay cosas o personas que no despiertan su confianza. Y si comercializa su figura es para seguir siendo lo que es: un gordinflón que regala conforme el bolsillo de las familias que recibirán. No me parece del todo mal. De algo tiene que vivir, pues.

No se deja llevar por las modas. Si lo hiciera, ahorita sería un hombre muy delgado, con el pelo al ras de la cabeza y barbita de candado y sólo les regalaría a los pobres. No andaría por la vida de rojo, un color que no le sienta bien (un "estudio de color", de ésos que hacen en clínicas cosméticas, le haría ver que, como tiene rosácea -mejillas enrojecidas, quizá por el frío-, el rojo de plano no le va). Quien quiera que esté a la moda se mete a un gimnasio para que se le noten los músculos. Por eso en Hollywood les cuesta trabajo conseguir un Santa Claus: nadie quiere engordar tanto ni dejarse una maraña en la cabeza ni usar las botas por encima de los pantalones.

Como no atiende estos asuntos de la corrección política y no quiere quedar bien con nadie, tampoco le preocupa que le digan Santa Claus aquí y en China. Han sido vanos los intentos por ponerle San Nicolás, Santo Clós, San Claudio...

Además, Santa es un poquitín fayuquero. Por más que sea lo que es, bien podría respetar las leyes arancelarias o limitarse a comprar en el país de origen del niño que le pide juguetes. Pero no quiere comprar todo en un lugar ni usar otro medio de transporte que no sea el coche ni adelgazar; no le importa que exploten su figura, no quiere ponerse ropa normal... Podría hacerlo y darnos a todos la sorpresa y ser recibido en Los Pinos y en Buckingham y ganarse el Nobel de la Paz. Pero no le da la gana. Y me parece bien

Julieta García González estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Correo: julietaga@yahoo.com

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