etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
cultura mañana tianguis libros
espectáculos águila y sol etcétera

el país

la granja
Pavor al YK2
Raúl Trejo Delarbre

memoria
Cárdenas a la yugular del PAN
Pablo Hiriart

personal
Santa Claus
Julieta García González

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

textos

Teatro de las democracias

Yuriria Sierra

Fue la primera Legislatura donde no se aglomeró la mayoría priista. Fue la primera Legislatura que puso en marcha aquello que los teóricos de la política llamarían una genuina separación de los poderes. Fue la primera Legislatura que negó al Presidente de la República un permiso para salir de territorio nacional. La primera Legislatura (al menos en la era del PRI) donde se armaron los golpes y trancazos; jalones de corbata,agarres de la greña, recordatorios familiares, dimes y diretes que, hasta el día de hoy, todavía no acaban. Infantes en riña, pelos sucios, pantalones rotos. La cara sucia, los mocos fuera de lugar, las manos puercas; lo último a tener en cuenta es la (relativa) importancia de los legisladores para la nación.

Pero se equivocan quienes dicen que eso sólo sucede en éste, nuestro amado país. No, no es culpa de los mexicanos; la política que germina en todas las modernas democracias vive cada vez más bajo el signo de lo insostenible. Es una cuestión de mercado; la política también está compelida por las leyes de la oferta y la demanda: para vender hay que subrayar diferencias que no necesariamente existen.

La Cámara de Diputados se ha convertido en el centro de cotizaciones de una oferta por lo demás contingente y cortoplacista. Es innegable que la dinámica de interacción entre los diversos grupos de interés en México ha adquirido una nueva celeridad; es innegable que, por lo menos, las fotografías de dormidos (¿soñadores?) diputados, o las de más de 300 manos levantadas al unísono, o la alta cocina al vapor de las iniciativas, ya no son el común denominador del quehacer legislativo en nuestro país. Sin embargo, tampoco podemos afirmar que la tan esperada y aclamada pluralidad en el Congreso haya rendido algún fruto tangible para los nacionales (porque para varios de los actores en cuestión fue generando dividendos, mediáticos si no políticos, después de cada trifulca; no siendo éste el caso de los grandes temas que todavía aguardan en la agenda nacional).

Los únicos cuatro asuntos que vale la pena mencionar, en los cuales la mayoría opositora de la Cámara de Diputados hizo una labor conjunta, son la negativa a la privatización del sector eléctrico, en la que calcularon que el pago político (en términos de opinión pública), sería mayor que el de avalar la privatización parcial de los servicios que el Estado ya no puede costear sin apostar a los números rojos; la tan discutida reforma electoral que se topó con la "congeladora" que, por momentos, quiso derretirse al calor de los galileos en la Cámara alta; la ley de financiamiento a los partidos; y los ya acostumbrados jaloneos para la aprobación anual de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación.

En suma, la mayoría opositora que puebla la actual Legislatura no rindió el fruto que hasta el más escéptico estudioso esperaba en los albores de la nueva generación legislativa en la diversidad. La representación política no obtuvo victorias (si acaso las libró). Material de controversia destinado, sólo, a la cápsula de medios; es el caso del aborto, el voto en el extranjero, el servicio civil de carrera, el matrimonio entre personas del mismo sexo (que jamás llegó hasta el pleno), las modificaciones a la Ley del Seguro Social, las peticiones de los acuerdos de San Andrés, etcétera. Y, por supuesto la tan mencionada, cortejada, manoseada y ultrajada (antes de nacer), reforma del Estado.

Sin duda, ha sido la Legislatura más intensa (en términos de toma y daca) desde que el PRI armó la superestructura que le permitió extender su control sobre todos los poderes del Estado y la organización social. La mayoría opositora perdió, por puro pragmatismo, la oportunidad -igualmente pragmática- de generar mayor adhesión social de cara a las elecciones del próximo año. Una vez más, la visión de corto alcance le juega al boomerang a los políticos mexicanos. Desaprovecharon la oportunidad y difícilmente tendrán una similar; la ciudadanía ya entendió de qué se trata el teatro de las democracias emergentes: yo como digo una cosa digo otra (que ni a Florinda Meza le salía tan bien)

Yuriria Sierra estudia Ciencia Política en el ITAM. Correo: ysierra33@hotmail.com

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores