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bahías Escándalo, no
Rafael Cordera Campos
El proceso electoral del año 2000 dio inicio de manera oficial en octubre, y a partir de ese momento las autoridades electorales y los sujetos principales, es decir, los partidos políticos y diversas instituciones y organismos de la llamada sociedad civil, entre otros, se dedican a trabajar por y para las elecciones. En ese contexto en construcción, la Comisión de Radiodifusión del Instituto Federal Electoral, un organismo colegiado en donde participan las representaciones de los 11 partidos políticos con registro, entregó a la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión los lineamientos generales aplicables en los noticieros de radio y televisión, respecto de la información o difusión de las actividades de campaña de los partidos políticos o coaliciones. Entre varios, dos son los temas que me interesa destacar para el amable lector. Uno, que se refiere a una recomendación de no hacer caso a todo aquello que se refiera a la vida privada, en particular de los candidatos a la Presidencia de la República y, otro, donde se subraya la importancia de atender a los planteamientos programáticos de campaña de los partidos y sus mujeres y hombres más destacados. Acerca del primer lineamiento, poco habría que agregar si tanto aquí como en otras latitudes en los medios de comunicación no se hubiera hecho de más en cuanto a la fama pública de individuos y familias. No son pocos los casos en donde los escándalos prácticamente han puesto por los suelos la dignidad y el respeto que todos se merecen. En otros tantos casos se han construido culpabilidades por adelantado ahí en donde la justicia no ha llegado al punto de probar algo. Si aquí se avanzara, aunque fuera lo mínimo, sería reconocido. El segundo tema: prestar importancia y atención a las plataformas electorales, a las ofertas que los partidos y sus candidatos presentan a la ciudadanía, no tengo la menor duda de que sería la mejor manera como los medios pueden cooperar tanto con las autoridades electorales y los partidos políticos, como también con la sociedad. Si el debate de ideas y proyectos lograra encontrar un nivel superior al actual y si también los medios le imprimen la misma importancia, entonces no habrá duda respecto de un significativo avance en términos del desarrollo de la cultura democrática. Aquí es precisamente donde todos deberían hacer el mayor esfuerzo de cooperación. Poner el acento en los temas sustantivos, en las principales ideas, en todo aquello que define la propuesta para el desarrollo nacional, en lo que toca a las cuestiones principales y estratégicas, puede significar que la sociedad tenga más elementos para precisar y decidir su voto. Y de esto se trata, de que el ciudadano común tenga más información y de que su voto sea bien pensado. Simplemente, con ello estaríamos en otra situación de cultura democrática y para eso hay que reconocer que en los últimos años se ha destacado sobremanera la participación ciudadana, en particular en el momento de acudir a las urnas. No es menor el compromiso que debieran asumir los partidos y sus candidatos, aceptando que es indispensable que se eleve el nivel del debate y del intercambio de ideas. Ahora que parece estarse perfilando la posibilidad de que los candidatos a la Presidencia de la República debatan entre sí, es importante seguir insistiendo en que, de lograrse ese intercambio, éste debiera ser ejemplar y pedagógico. Lo primero por el respeto que deben merecerse todos sin excepción y, lo segundo, porque ahí radica la gran posibilidad de hacer aparecer a la política y a los políticos como verdaderamente necesarios para nuestro país. Pero eso sí, habrá que verlo para creerlo. Con todo esto nos despedimos del amable lector y junto con él del equipo de etcétera. A todos les deseamos muchas felicidades y esperamos poder encontrarnos aquí mismo, en este espacio amable, en el ya muy próximo 2000. ¡Feliz año! Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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