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real politik Festejo panameño
María Cristina Rosas
1999 será recordado como el año de los plazos y los aniversarios memorables. En abril, la OTAN celebró su 50 aniversario de vida (o agonía). En mayo, el Consejo de Europa también cumplió diez lustros de actividades. En octubre, la República Popular China recordó cinco décadas de su revolución. El pasado 20 de diciembre, el pequeño enclave portugués de Macao fue devuelto a Pekín. Pero los grandes sucesos de este año seguirán hasta el último minuto, dado que el 31 de diciembre el mundo no sólo será testigo del colapso de millones de computadoras sino que en una acción menos dramática, las últimas tropas estadounidenses estacionadas en Panamá abandonarán ese enclave, con lo que formalmente concluirán 85 años del control de Washington sobre la zona del canal conforme a lo dispuesto en los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Los escépticos consideran que Panamá, cuya independencia de Colombia se produjo en 1903, es un Estado artificial, cuya existencia misma obedece al interés de EU por construir un canal interoceánico en momentos cuando los proyectos para edificar esta magna obra en México y Nicaragua no cuajaron. Respecto a México, el momento que más cerca estuvo la edificación del canal interoceánico en el Istmo de Tehuantepec fue justamente con motivo de la intervención francesa en la segunda mitad del siglo pasado cuando, a cambio de apoyo de parte de EU para enfrentar a las tropas de Napoleón III, el presidente Juárez suscribió el Tratado MacLane-Ocampo que no fue ratificado por el Congreso estadounidense. Y respecto a Nicaragua, el proyecto se frustró cuando muy astutamente los nicaragüenses difundieron un sello postal en el que se mostraba un volcán haciendo erupción justo en el área donde Estados Unidos construiría el canal interoceánico. Pero la historia de un canal que uniera a los océanos Atlántico y Pacífico es mucho más vieja y se remonta a más de cuatro siglos, cuando el rey Carlos I de España ordenó en 1534 el primer estudio de un canal en el istmo de Panamá, dado que los exploradores españoles estaban descubriendo (y explotando) las riquezas de Perú, Ecuador y Asia y requerían una ruta más segura y rápida para comunicarse con España. Al paso del tiempo, los europeos competirían con los estadounidenses en el proyecto del canal interoceánico. Por ejemplo, hacia 1835, el coronel estadounidense Charles Biddle fue enviado con la encomienda de efectuar una exploración en el istmo centroamericano que tendría el propósito de decidir si era o no factible crear un canal en la zona. Tras cuatro años de sobrevivir en la inhóspita jungla, agobiado por los mosquitos y la propagación de la malaria, Biddle concluyó que sería imposible edificar un canal en la región. Hasta cuatro décadas después el empresario galo Ferdinand de Lesseps -creador del Canal de Suez- retomó el proyecto. Para Francia y Gran Bretaña, la construcción de un canal en el istmo centroamericano era deseable porque dividiría al continente americano en dos, limitaría la hegemonía estadounidense y completaría el círculo de transportación marítima que ya existía con el Canal de Suez. De manera que el proyecto en Panamá se inició en 1879. El problema es que las condiciones de Panamá son muy distintas a las imperantes en Egipto. En tanto en Panamá existen una selva y terreno montañoso, la zona de Suez es desértica y plana. Las condiciones de trabajo en Panamá eran terribles y a diez años de iniciados los trabajos, menos de 10% de las excavaciones habían sido completadas, en tanto la Compagnie Universelle du Canal Interoceanique fue declarada en bancarrota y Lesseps fue a juicio para ser encarcelado más tarde por los cargos de fraude. El costo para su equipo y trabajadores fue monumental: 22 mil personas murieron, ya fuera porque las explosiones con dinamita no se manejaron con cuidado, o porque en las estaciones de lluvia los deslaves sepultaban a las personas, o porque las enfermedades tropicales cobraron miles de víctimas. Esta situación allanó el camino para que Estados Unidos reafirmara su hegemonía continental, y luego de las negociaciones que entabló con Gran Bretaña en el marco de la guerra de los Boers, se aseguró de tener el terreno libre para retomar la construcción del canal interoceánico. Así, a principios de siglo, siendo Panamá una provincia colombiana, EU convenció a los políticos locales para que buscaran la independencia. Washington los respaldó y en 1903 se concretó la secesión panameña. Colombia fue indemnizada por los estadounidenses y en seguida se inició la edificación del canal. Una vez completada la magna obra en 1914, Estados Unidos mantuvo derechos soberanos sobre la zona del canal, franja de tierra a ambos extremos del territorio panameño. El canal tiene 83 kilómetros de largo y tres grupos de esclusas; 13 mil barcos lo cruzan anualmente a un costo promedio de 30 mil dólares por embarcación. Por el canal transita 4% del comercio mundial. La llamada "zona del canal" incluye, además, 147 mil hectáreas y en total tomó 40 años concretar la obra. En su tiempo costó 400 millones de dólares, y de los 75 mil trabajadores involucrados en su edificación, 30 mil murieron durante la construcción. A pesar de las condiciones tan peculiares en las cuales se produjo el nacimiento de Panamá, el nacionalismo panameño se mantuvo y en muchas ocasiones la presencia estadounidense en la zona del canal fue repudiada. Se recuerda, por ejemplo, el incidente que se produjo en 1964 cuando 22 panameños intentaron izar la bandera de Panamá en una escuela estadounidense en la zona del canal. Los 22 murieron. Estos choques más la pérdida de importancia estratégica del canal (se dice que 10% de los barcos de carga del mundo son muy grandes para transitar por ahí) determinaron que el entonces presidente James Carter negociara con su contraparte panameño Omar Torrijos, los célebres tratados para devolver el control del canal a Panamá. Tras los sucesos del 31 de diciembre de 1999 muchos se preguntan qué le depara en el futuro a Panamá. Más de un especialista vaticina que el país será incapaz de administrar apropiadamente el canal. Por ejemplo, la supervivencia de éste depende de un mantenimiento adecuado de las instalaciones, y ello implica que parte de los ingresos que reciba el gobierno panameño deberán dedicarse a ese fin. Sin embargo, con la historia de corrupción imperante en los gobiernos latinoamericanos existe el temor de que el panameño se sienta tentado a canalizar las utilidades a otros fines. El siguiente problema se deriva de la percepción de que si los estadounidenses no están a cargo del manejo del canal, serán menos proclives a utilizarlo, con lo que los ingresos originalmente estimados por Panamá podrían desplomarse. Y en este sentido hay una tercera consideración que debe preocupar necesariamente a México. Con la firma del TLC y el fortalecimiento de las relaciones comerciales y financieras entre México y EU, el tema de la construcción de un canal en el Istmo de Tehuantepec es cada vez más frecuente. México es actualmente el segundo socio comercial de la Unión Americana, y el canal interoceánico en territorio nacional tendría enormes ventajas estratégicas para los estadounidenses por la situación geográfica (siendo México vecino contiguo de EU) y la seguridad en el tránsito por el canal tanto en tiempos de paz como de guerra, pues distancias más remotas incrementan los riesgos de sabotaje y otra serie de problemas. Sin embargo, para México un canal interoceánico implicaría la partición del territorio en dos porciones. La porción sureña estaría integrada por los estados más pobres de la República, ricos en recursos naturales (como el petróleo), pero más expuestos a los esquemas económicos y de seguridad de Washington, dado que el estado lamentable de las fuerzas armadas mexicanas seguramente haría reposar la protección del canal en tropas de EU. No es necesario insistir tampoco en el hecho de que la tradición centralista del sistema político mexicano condenaría prácticamente al abandono a los sureños estados de la República mexicana, agobiados por la pobreza, el subdesarrollo, las guerrillas y otras secuelas vinculadas a esos problemas. Hay también otras preocupaciones en materia de seguridad para el caso específico de Panamá tras el retiro estadounidense. Quizá el más importante tiene que ver con la guerra civil que se desarrolla actualmente en Colombia, donde las fuerzas del gobierno se enfrentan a las guerrillas y a la simbiosis guerrilla-narcotráfico. Dada la vecindad geográfica, el temor es que esa guerra se extienda al territorio panameño. De hecho es sabido que se han producido varios incidentes debido a que el ejército colombiano ha incursionado en Panamá persiguiendo a los guerrilleros que se ocultan en la jungla del sur de ese país. Asimismo, miles de campesinos colombianos se internan en Panamá huyendo del conflicto. Si bien Panamá ha perdido importancia estratégica en términos de comercio, sigue siendo importante en otro sentido. La base aérea estadounidense Howard, que estaba estacionada en la zona del canal, fue el núcleo de los esfuerzos antinarcóticos de Washington en América Latina. Con su cierre, Estados Unidos está buscando otros lugares donde querría emplazar bases militares para seguir desarrollando el combate al tráfico de estupefacientes con claros tintes intervencionistas en los asuntos internos latinoamericanos. Panamá, de todas maneras, se enfrenta a un problema muy serio. En 1989, cuando el llamado "hombre fuerte de Panamá", el general Manuel Antonio Noriega fue indiciado por Estados Unidos como narcotraficante y perseguido en territorio panameño por los soldados estadounidenses, el ejército de Panamá prácticamente fue desmantelado. Ello puede ser una invitación para que guerrillas o tropas colombianas conviertan a Panamá en campo de batalla. Asimismo, un escenario de este tipo puede dar pie, en atención a los términos de los Tratados Torrijos-Carter, a que EU retome el control de la zona del canal para garantizar su seguridad en caso de que Washington considere que los panameños son incapaces de lograrlo. Actualmente Panamá tiene únicamente una fuerza policiaca como cuerpo garante de su seguridad. Y para muchos fue una mala señal que ninguna alta autoridad estadounidense de la administración Clinton estuviera presente en la ceremonia de transferencia del pasado 14 de diciembre en Panamá. Tampoco hay que olvidar que los Tratados Torrijos-Carter siempre han sido impugnados en EU. Se recuerdan, entre otros célebres comentarios, las apreciaciones del almirante Thomas Moorer, quien considera que el presidente James Carter cometió un error en la negociación, dado que el canal "lo construimos nosotros, lo pagamos nosotros y debemos usarlo nosotros". La otra preocupación es que la transferencia del control de la zona del canal a Panamá podría afectar la situación financiera del país, conocido como "la Suiza latinoamericana", que ha ofrecido históricamente el secreto bancario y excelentes condiciones para los inversionistas extranjeros. Y es que si bien el canal genera la mayor parte de los ingresos a Panamá, el sector financiero se ubica en segundo lugar no sólo por las utilidades que posibilita sino por los empleos que crea. Cuando Estados Unidos invadió Panamá, hace diez años, el sector financiero del país se vio severamente dañado, y apenas logró una pequeña recuperación en fechas recientes. Sin embargo, cualquier indicio de incertidumbre podría llevar a los inversionistas a colocar sus recursos en lugares menos problemáticos, como las Islas Caimán. Por último, conviene tener presente que siendo Panamá un país necesitado de inversión extranjera, es posible que la administración del canal le sea otorgada al mejor postor, algo que preocupa considerablemente a Estados Unidos, sobre todo por los sucesos más recientes. Una empresa con sede en Hong Kong, Hutchison Whampoa, ganó el derecho a operar algunas instalaciones del Canal de Panamá en cada uno de sus extremos, tras una licitación plagada de irregularidades. Todo parece indicar que la empresa tiene vínculos con el gobierno chino. De ahí que analistas como el almirante Moorer consideren que China podría utilizar las instalaciones portuarias para emplazar misiles en Panamá que apuntarían, naturalmente, a Estados Unidos. Esta posibilidad ha sido rechazada por la empresa y por los gobiernos de Washington y Pekín. Pero esta situación ha traído al presidente Clinton muchas críticas, sobre todo luego de que sostuvo: "Pienso que los chinos están apoyando la transición (del canal) asegurándose de que sea manejado de una manera competente". Quienes impugnan a Clinton señalan que si la idea era que el canal se quedara en "manos competentes" entonces Estados Unidos era el indicado para seguirlo controlando. Pero obviamente Clinton no desea que los republicanos hagan de la devolución de la zona del canal otro tema electoral que podría dañar aún más la campaña de Albert Gore. Pese a los malos augurios, la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, se muestra optimista. Ella afirma que desde que se signaron los Tratados Torrijos-Carter se inició una transición por más de 20 años que garantiza que la devolución sea "suave", llevando a una administración adecuada del proceso. Sin embargo, el retiro de las tropas estadounidenses afectó a la economía local y la narcoeconomía de Colombia es muy poderosa para un país tan vulnerable como Panamá. Moscoso ha dicho, con un dejo de orgullo, que ahora sí Panamá es un país independiente. Y es que a principios de siglo, Panamá ni siquiera existía. Pero a fines de siglo todo parece indicar que los panameños tendrán que trabajar arduamente para sortear los desafíos que encaran. Tal vez les tome otros 100 años consolidar esa "independencia política" que hoy no tiene ecos en el terreno económico en ese país que muchos consideran "el ombligo latinoamericano" María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx |
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