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Convulsión
El CGH y la maldad de Seattle

Julián Andrade Jardí

Lo dicho, en la última semana las cosas en la UNAM se pusieron peor, lo que ya es decir. La detención de decenas de paristas no es sino el ejemplo de cómo la posposición en la aplicación de la ley termina por pervertir cualquier acción de gobierno.

Salieron libres, pagaron una fianza que en los hechos significa miles de veces las cuotas que no están dispuestos a pagar y regresaron a la sede diplomática, para que no queden dudas de que lo que pasó sólo fue un mal entendido y que la huelga va para largo.

Vi el video de la SSP y lo que queda claro es que la detención fue casual, si dos minutos antes se retiran, no habría pasado nada.

Hay que tener en cuenta que no fueron arrestados en el momento de lanzar cohetes y piedras contra la embajada, sino en pleno Paseo de la Reforma, cuando ya se retiraban, después de romper vidrios en comercios de la zona y de destruir uno que otro parabrisas, para que quede claro cuán indignados están por la represión en Seattle.

No deberíamos sorprendernos de que los grandes desastres sucedan en medio de la negociación y cuando se alcanzan tímidos acuerdos. La ultraizquierda suele actuar así, ya que no tiene ni el mínimo interés de que el conflicto se solucione.

Es tiempo de que se tomen cartas en el asunto y que se entienda que ahí existe un ingrediente de convulsión social evidente. No hay que esperar que la autoridad intervenga -ya sabemos que primero tiene que haber alguien que explique qué significa aplicar la ley- pero sí que los universitarios aislen a ese tipo de organizaciones, algunas de ellas ligadas al EPR y al ERPI.

Por cierto, en el video no se pueden distinguir los provocadores de los "buenos muchachos" del CGH. Ahí todos celebraban los desmanes, ninguno intentaba aplacar a los rapados que apedreaban la embajada y ninguno se consternó con la destrucción de vidrios y repisas.

Buscar culpables ajenos al CGH no es sino hacerse locos, posponer la explicación y envalentonar, aún más, a los sectores más radicales del movimiento estudiantil.

¿Que estas acciones sirven a las posiciones más autoritarias dentro del gobierno federal y de la capital? Claro que sí, pero también lo hace mantener la Universidad cerrada, tirando a la basura la historia de nuestra institución de educación superior más importante y dejando a la educación pública no muy bien parada.

Atorones

Pero en el área de las negociaciones tampoco podemos ser optimistas. La conformación del equipo negociador del rector es, cuando menos, arriesgada, ya que en él permanecen funcionarios que tenían una posición muy distinta a la que hoy defienden.

En tanto Juan Ramón de la Fuente no designe, de modo definitivo, a quienes serán sus colaboradores, el conflicto permanecerá trabado.

La rectoría requiere de un equipo flexible, con un mando único y con compromisos claros hacia lo que plantea el rector. La mezcla de grupos y de lecturas del conflicto puede ser muy sana a la hora de discutir el futuro de la Universidad pero es contraproducente como se ha visto en un proceso de negociación sumamente complicado

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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