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cuentas claras
Maribel Ramírez
¿El parto de la democracia? Podría decirse que hoy más que nunca la democracia partidista se ha visto en su máxima expresión en las cámaras legislativas. Ello sería bien visto si no fuera porque los enfrentamientos de las distintas corrientes en el Parlamento han derivado en un congelamiento intermitente de una serie de disposiciones e iniciativas de leyes prioritarias para el desarrollo económico del país. Después de forcejeos entre posturas partidistas se concretó la aprobación del paquete de leyes para el desempeño de las finanzas públicas en el 2000: salió sin mayor problema la Ley de Ingresos y la miscelánea fiscal, y aunque el Presupuesto de Egresos causó discusiones, se llegó a un consenso. Los legisladores de la oposición flexibilizaron su posición y al final permitieron reducir los montos reclamados para reasignaciones al gasto, muy independientes a lo propuesto por el Ejecutivo. Evitaron irse hasta el fin de año para definir esas cifras de ingreso-gasto gubernamental, prioritarias para cualquier agente, empresario, inversionista o analista que esté viendo de cerca la economía mexicana. Lo sorpresivo de este proceso es que en los indicadores financieros ya no se reflejó incertidumbre mayor en torno a lo que pudiera suceder. Por el contrario, la paridad del peso frente al dólar está cerrando el año con una estabilidad inusitada y las acciones en la Bolsa de Valores alcanzaron máximos históricos. Optimismo desbordado Todo el escenario en el ámbito económico se muestra optimista, a pesar del año electoral que viene. El gobierno federal proyecta para el 2000 un crecimiento cercano a 5%, el cual es confirmado por una gran parte de los especialistas privados. Se prevé una inflación de cuando mucho 10%, pues el titular del Banco de México, Guillermo Ortiz, considera que puede llegar a ser de un dígito, lo cual es muy bien visto por los inversionistas internacionales porque este compromiso de estabilidad en los precios es elemental para cualquier plan productivo en el corto o mediano plazo. Y lo mejor es que existe una amplia expectativa de que el poder de ingreso per cápita de los mexicanos va igualmente hacia arriba, de modo que debería empezar a sentirse la mejoría en la economía real o en los bolsillos de la mayoría. Según los más recientes datos del INEGI, en noviembre el ingreso per cápita llegó a niveles que se observaban en 1994, es decir, la crisis se está remontando cinco años después. Algunos faltantes Uno de los puntos pendientes que serán cruciales para que se cumpla el escenario positivo que nos ofrecen nuestras autoridades es que se empiece a dar una sana reactivación del crédito para personas y empresas. Los bancos, hasta hoy, se han mantenido al margen de la recuperación productiva de los últimos años, y aunque ya cuentan con recursos para otorgarlos en crédito, han dejado claro que no volverán a prestar hasta no tener un marco jurídico equilibrado que no sólo beneficie a los deudores. Aquí la cuestión regresa a nuestros legisladores, que este año no pudieron ponerse de acuerdo para una nueva ley de quiebras, ahora llamada Ley de Concursos Mercantiles, ni tampoco en torno a las reformas legales necesarias para agilizar la operación de garantías crediticias. La esperanza es que en enero el Congreso cite a un nuevo periodo extraordinario de sesiones para que saquen éstas y otras leyes pendientes. Otra carencia que no cubriremos hasta el 2001 es el descenso en el costo del dinero, pues los expertos estiman que a pesar del panorama positivo, las tasas de interés reales en México no podrán bajar a menos de 7 u 8% (descontando la inflación) hasta que México no demuestre que puede lograr una transición de gobierno ordenada |
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