etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
libros cultura mañana tianguis
espectáculos águila y sol etcétera
columnas

por los caminos de sancho
La UNAM, sitiada
Renward García Medrano

nostalgia
¿Eso es diálogo?
Julián Andrade Jardí

bahías
Levantar la huelga
Rafael Cordera Campos

barandal
No dan la talla
Ciro Murayama

guía de perplejos
Jonathan Swift
José Luis Durán King

freakziones
Plastibodas
Patricia Peñaloza

 

 

 

 

 

conversación

30 años de jazz
Fred Frith: Arte e improvisación

Xavier Quirarte

"¡Soy un genio!", exclama Fred Frith y lanza una gran carcajada. La frase está cargada de su cálido sentido del humor, aunque uno sabe que, en efecto, estamos ante un genio; frente al hombre que, como pocos, ha hecho de la improvisación un arte. Desde la formación del grupo de culto Henry Cow hasta la fecha median tres décadas de creación en espiral ascendente. Y, sin embargo, o precisamente por eso, su mirada transparente permite advertir el alma del artista que no está dispuesto a abandonar el eterno proceso de aprendizaje.

"Cuando tienes 13 años tu realidad depende de los encuentros fortuitos", dice en entrevista recordando sus inicios en la música, cuando se enfrentó a la variedad de estímulos que lo han llevado por sendas muy diversas. En grupos como Art Bears, Massacre y Skeleton Crew, y a través de cientos de colaboraciones con músicos afines, Frith ha mantenido su esencia de explorador sonoro insaciable. Esto lo ha incitado también a trabajar con pintores, compañías de danza o cineastas. La realidad del Fred Frith adolescente abarcaba su hogar, en Heatfield, Inglaterra, donde su padre, pianista, escuchaba música clásica del siglo XX, Bartók y Debussy, sobre todo. Mientras, sus hermanos se turnaban para oír, a Django Reinhardt, el mayor, y a Elvis Presley, el otro. En la escuela, un amigo yugoslavo le enseñaba canciones folclóricas en la guitarra, y con otros amigos escuchaba toda clase de música.

"Los últimos años de los 60 fueron un periodo muy importante, porque con el advenimiento del LP se podía conseguir mucha música que antes no era posible. Entonces podías encontrar todo. Yo mezclaba todo en mi mente. Escuchaba a Ostad Vidayadkan, un gran maestro de la cítara, a Captain Beefheart y las piezas electrónicas de John Cage, todo en la misma semana. Así eran las cosas entonces."

La mente del guitarrista y compositor -y ocasionalmente bajista- funciona de manera similar en estos días, al grado que Tim Hutchinson ha dicho que, a la manera de los grandes novelistas, ha venido haciendo la misma pieza desde los 60. "Creo que es cierto en el caso de todos los compositores. Aunque hagas muchas variaciones, al final regresas a las mismas ideas básicas, y sigues trabajándolas, replanteando las mismas preguntas desde ángulos diferentes. Porque eso es lo que somos: individuos. Hay pocos compositores que no trabajen a partir del mismo material, aunque hay algunos que tienen un cambio en su vida y transforman todo".

Si algo hermana los proyectos en los que Fred Frith ha participado, tanto en su faceta de compositor como de improvisador, es un deseo de búsqueda constante, un afán por no repetirse. "Siempre me he interesado en los dos terrenos. Como siempre, de manera simultánea estoy haciendo un proyecto muy orientado al rock y escribiendo canciones y piezas para grandes ensambles. También estoy involucrado en la improvisación. Así ha sido antes y estoy seguro que así seguirá siendo siempre".

En un tiempo en el que buena parte de la música parece creada en un laboratorio en condiciones asépticas, Frith prefiere la música con un poco de suciedad. "Sí -dice con una risa contagiosa-. Con frecuencia en mi música escuchas una superficie, y luego lo que está debajo de ella. Esto es cierto en la música compuesta y en la improvisada. Vivimos en un mundo donde hay una superficie de la sociedad, lo que ésta cree que debe ser, pero que realmente no es. Por eso, siempre sientes el pulso de gente que reacciona a lo que supone debe ser. Para mí así es la sociedad, y así es mi música".

La industria, por supuesto, se resiste a la música creada por el guitarrista que ha mantenido en alto la bandera de la independencia. "La industria es la industria. La buena música nunca ha sido su función. Hay música que surge a pesar de la industria y a través de ella, pero su criterio es terrible. Leí el otro día en el periódico que un cantante de country, que no conozco, había sido echado de su compañía porque las ventas de sus discos habían caído a sólo 250 mil copias. Y yo pensaba: ¡Dénme su contrato!".

Quien se adentra a la arquitectura sonora de Fred Frith se encuentra con una obra que requiere verdadera atención por parte del escucha. Su música nunca será popular, pero no está dispuesto a transigir para lograr el éxito masivo. "Creo que la música improvisada nunca será popular. Si se volviera popular cambiaría, no sería igual, sería otra cosa. Es importante advertir que no se trata de elitismo, sino de gente que está improvisando junta, como Chris y yo. No hacemos estas improvisaciones porque pensemos que es la única música importante, que nosotros somos importantes porque la hacemos y que no nos interesa el hecho de que a los demás no les guste. Eso realmente no es cierto. Hacemos la música que es verdadera para nosotros, y entre mayor sea el número de personas que la escuche, más felices estaremos. Pero no vamos a hacer una música diferente sólo para tener más público".

Por el trabajo desplegado por Fred Frith, pareciera que estamos ante un ser con más de cinco sentidos, que se adaptan a las circunstancias para influir en ellas. "Tienes que enfrentarte a la música de acuerdo con el contexto en el que trabajes, porque cada uno produce un resultado diferente". Uno de sus trabajos más conocidos es, tal vez, el realizado en la película de Sally Potter, Lección de tango. "Disfruté mucho trabajar en esta cinta. Sé que hay gente que dice que es demasiado Sally Potter, pero no estoy de acuerdo. Creo que es muy valiente porque, por ser mujer, sus juicios son más fuertes que si fuera hombre. Si fuera hombre e hiciera una cinta en la que estuviera bailando, dirigiendo y actuando, todos dirían lo grande que es. Pero como es mujer todos dicen que es muy egoísta".

La música, reflejo de la sociedad, es todavía machista, concede Frith, "aunque depende de la música que se trate. Sí hay mucho machismo, por supuesto. Pero las cosas también están cambiando. Si vas a un concierto de heavy metal por supuesto que no vas a ver muchas mujeres, mucho menos en el escenario. Pero en el mundo del jazz y la música improvisada las cosas están cambiando bastante rápido. En el disco que hice con mis piezas gráficas hay probablemente 20 mujeres entre 45 músicos. Para mí eso es parte de mi realidad actual, no lo veo de otro modo".

Imposible resistir la tentación de pedirle a Fred Frith los nombres de cinco músicos que hayan contribuido a cambiar su vida. Advierte que esto variará mañana, pero accede dar la lista del día: "Alexis Korner, porque fue mi primera exposición al blues. Charles Mingus, porque Tim Hutchinson me regaló el disco Live at the Town Hall, y recuerdo que me gustó especialmente su crudeza. Aunque los arreglos se están rompiendo en la locura, todos los músicos son capaces de llevarlos por su propio camino. Esto me dio la idea de que se podían hacer arreglos que a la vez fueran sueltos y poderosos. Chris Cutler, porque fue el militante, polémico, dogmático que me forzó a ver la música de una manera completamente diferente. Y me da mucho gusto que todavía toquemos juntos. Violeta Parra, porque escribió hermosas canciones y me enseñó algo acerca de la simplicidad, lo que todavía me gusta. Y el quinto va a ser truculento... hay tantas posibilidades. ¡Pete Townshend!, ¿por qué no?... Este día", culmina con una saludable carcajada que seguramente percibe el guitarrista de los Who del otro lado del Atlántico

Xavier Quirarte es periodista. Su libro más reciente es Ritmos de la eternidad (CNCA, 1999).

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores