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bahías Levantar la huelga
Rafael Cordera Campos
Si alguien calculó que la larga duración de la huelga significaba terminar el año con la UNAM cerrada, no se equivocó. Y no me refiero aquí a quien desde la dirigencia de la Coparmex dijo, prácticamente desde su inicio, que lo mejor era mantenerla así por lo menos durante dos años. Además de esas voces, están aquellas que lo han dicho desde un principio: los ejecutores del secuestro de la institución, los huelguistas y el famoso CGH. En esas estamos todavía y la gran perjudicada es la Universidad Nacional Autónoma de México. Quienes la han secuestrado han logrado que su prestigio, una vez más, esté en entredicho y francamente a la baja; también en sus haberes los huelguistas podrán contar con un creciente abandono de la institución por parte de los estudiantes, que se van no solamente a la Ibero, como lo decía por televisión uno de los que mantienen la huelga a capa y espada, sino también a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Intercontinental, el Instituto Tecnológico de Monterrey, etcétera; la pérdida de cuadros formados y por formarse, la "desaparición" de materiales y equipo diversos, la suspensión o retraso de investigaciones o lo que cada uno de los afectados quiera agregar. El daño está hecho, aparece de diversas maneras y provoca estados de ánimo que serán, sin lugar a dudas, un obstáculo a la hora de querer recuperar lo posible en una institución tan importante para el país. Pero los huelguistas, si bien no han estudiado nada, saldrán de su movimiento graduados en solidaridad con las organizaciones de precaristas, entre otras, a las que prefieren otorgar solidaridad antes que ir a sentarse a la mesa de diálogo con la representación de las autoridades universitarias. Esas son sus prioridades precisamente porque sus claves siguen siendo la dilatación de cualquier diálogo y, sobre todo, alguna negociación y compromisos que equivale, como desde casi ocho meses, a una negativa prolongada. Nada de novedoso tiene ese método si se mira con algo de atención hacia Chiapas y las formas de "negociación" del subcomandante. Por eso, y por lo que han demostrado los representantes del CGH, habría que acompañar ese diálogo público, cuyas consecuencias son por ahora incalculables, con expresiones de todo aquello que se ha logrado organizar en el ámbito del personal académico, de los ex alumnos y lo que se pueda capitalizar también entre los estudiantes. En el año 2000, de seguir las cosas como hasta ahora, será necesario contar con la expresión de una base social que logre conjuntar voluntades y esfuerzos para levantar la huelga e impulsar la participación de las comunidades universitarias. No se ve por ahora otra perspectiva. El grupo que tiene secuestrada a la institución no ha demostrado hasta hoy ninguna voluntad para resolver el problema. Pareciera que lo único que le interesa es mantener cerrada a la universidad y eso está siendo cada vez más grave para todos, para el país, la sociedad y el Estado. En todo caso, la situación sólo cambiará si hay capacidad de convocatoria y se logra construir una nueva voluntad colectiva y mayoritaria por la recuperación institucional. Aunque no se puede olvidar que buena parte del daño está hecho Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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