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memoria Las mañas de Fox
Pablo Hiriart
Por alguna extraña razón el candidato presidencial del PAN ha tomado la decisión de relanzar la idea de una alianza electoral con el PRD para llevar candidato único a la Presidencia de la República y a diputados en casi un centenar de distritos en el país. Vicente Fox no ha explicado cuáles son los nuevos escenarios para replantear la propuesta de la alianza, y se ha limitado a repetir con abundancia y fruición los argumentos ya conocidos. Según Fox éste es un momento histórico preciso para que la oposición unida venza al partido que ha gobernado México por 70 años: el PRI tiene alrededor de 40% de las preferencias y el conglomerado opositor tendría 60%, de acuerdo con la lógica totalizadora del guanajuatense. Independientemente de que está por verse si la actitud de los votantes sería tan automática como para obedecer de manera unánime el llamado de sus dirigencias a votar por otro partido, cuyo candidato representa al arquetipo del enemigo histórico al cual han combatido, hay otros factores que evidencian lo intempestivo de la propuesta de Fox. Quizá más que una propuesta, la del candidato del PAN es una reconsideración aderezada con unas cuantas cucharadas de mañas. Fue Fox quien se negó a ir a una amplia alianza opositora, con argumentos que revelaban con toda claridad que su intención era lanzar su candidatura sólo porque creía poder ganar sin la contaminación de aliados incómodos. La propuesta de Cárdenas para la integración de la alianza opositora era en método lógicamente impecable: que una elección abierta a toda la ciudadanía decidiera quién sería el candidato. Es cierto que la experiencia perredista de sus elecciones dejó una estela de desconfianza sobre su proceder democrático. Ello fue tomado por Fox como argumento central para no ir a elecciones primarias contra Cárdenas. Pero, ¿qué otra forma de elegir candidato había? ¿Cómo iba a ir el PAN a una alianza con el PRD, partido al cual no le confiaba ni siquiera la capacidad de comportarse en unas elecciones primarias? Todo eso ya se sabía, era material discutido y profusamente publicado en los medios de comunicación. Fox no quiso ir a la alianza con la única manera aceptable para partidos autónomos: a través de elecciones nacionales. Y ahora, cuando ya casi todos los partidos están en campaña, Fox ha resucitado el tema de la alianza para obtener un gobierno de transición con "autoridad moral y los consensos suficientes que permitan resolver más rápido los problemas del país". La idea de Fox tiene su buena dosis de maña. Le pide a Cárdenas que acepte que las encuestas decidan, como lo sugirió en agosto y septiembre, cuando la alianza abortó. Un mes antes de la elección hay que ver qué candidato de oposición va adelante en las encuestas y los demás deberían retirarse y plegarse a él, sostiene Vicente Fox. La estrategia no arranca de la nada: sabe que la candidatura de Cárdenas no levanta y en su opinión se ve cuesta arriba que vuelva a repuntar en las preferencias de la población. Pero lo que Fox no dice, es que cuando menos una parte de la debacle de Cárdenas ha sido por la eficaz labor del PAN y de su candidato presidencial para hacer aparecer al perredista como un "cartucho quemado". Tal vez lo sea y la aportación del PAN al derrumbe de Cárdenas haya sido puramente simbólica, y que la insistencia en presentarlo como político caduco no haya colaborado mucho al naufragio del ingeniero. Puede ser. Pero Fox ya tiene experiencia en ese tipo de estrategias. Durante todo el tiempo de campaña para la contienda interna del PRI se la pasó repitiendo que Roberto Madrazo era el candidato presidencial que Carlos Salinas oponía ante el elegido de Ernesto Zedillo. Sin embargo, al día siguiente de las elecciones priistas Fox se acercó a los madracistas para consolarlos por "lo que les hicieron": viajó a Tabasco y ofreció abanderar a todos los seguidores de Roberto Madrazo. Es su forma de hacer política, y está en su derecho. Lo que no puede pretender es que nadie se dé cuenta Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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