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primera plana Diarios nuestros de cada día
Marco Levario Turcott
El pluralismo mexicano es una de las constataciones principales de la transición democrática. Aquí y allá -en gobiernos o congresos locales, en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, en el amplio y variado abanico de opciones electorales, también en los medios de comunicación- el país muestra una intensidad política a la que poco a poco nos iremos acostumbrando. Aquella vitalidad coexiste aún con algunas de las viejas estructuras y las prácticas que garantizaron la estabilidad del régimen de partido único y la tutela omnímoda del Presidente. Por eso, en México se observan varios claroscuros que, en el ámbito de la política, irán definiéndose conforme se asienten una agenda puntual, así como el diálogo y la negociación entre los actores principales de la vida pública. En uno de esos claroscuros, sin duda, están los medios de comunicación que, a pesar de múltiples deficiencias tanto éticas como profesionales, han hecho un indudable aporte al país. Las ofertas informativas a las cuales tenemos acceso parten de un indudable esfuerzo profesional para, además de dar cuenta de hechos, contribuir a explicarlos. En la pantalla o en la radio, en la prensa escrita y hasta en la Internet, observamos y escuchamos una labor tesonera por responder, corresponder y reflejar las expectativas ciudadanas. Infrecuente en el espacio que semana a semana ocupa este columnista, aquel reconocimiento se atenúa dadas las coordenadas de sensacionalismo y difusión de rumores, entre otras prácticas perniciosas, en las cuales siguen incurriendo no pocos profesionales del periodismo. El pasado jueves 9 de diciembre, el presidente del IFE señaló a los medios de comunicación como una de las instituciones de la democracia y, según varios partes informativos, por eso mismo afirmó que éstos no pueden formar parte de apuestas políticas. Quienes participan en la difusión informativa, igual que quienes lo hacen siguiendo cualquier otro oficio, difícilmente dejarían de tener simpatías o antipatías por una u otra oferta política. Incluso, las distintas apuestas editoriales configuran el mosaico versátil y heterogéneo de opiniones que hay en el país. En consecuencia, es natural que haya empresas periodísticas cuyas filias las lleven a expresar su adherencia a Cuauhtémoc Cárdenas (La Jornada) o a Francisco Labastida Ochoa (Excélsior y unomásuno) o a cualquier otra candidatura. El problema está en cuando ese periodismo de facción distorsiona u omite la información en aras de sus preferencias. Que los medios de comunicación participen de apuestas políticas es entendible, lo cuestionable es cuando por ese motivo incumplen con su labor o, cuando orientados por lograr una mayor audiencia o venta de ejemplares, imprimen un sesgo sensacionalista a la información que proporcionan. Tales actitudes las vemos a diario, lo mismo en lo que respecta a Chiapas, porque un periódico (La Jornada) recoge los pareceres del laureado escritor José Saramago para enfatizar que en esa entidad se vive la guerra, que en lo referente a los centenares de cadáveres que diversos medios aseguraron se encontraban en el norte del país, enterrados por obra y desgracia del narcotráfico. El morbo lo vemos ahí y donde varios columnistas escriben sobre las preferencias sexuales de algunos políticos (Julio Hernández en La Jornada, el pasado 8 de diciembre) y hasta de las esposas o la condición civil de varios candidatos a la Presidencia de la República (el mismo autor un día después) tomando como base que "con su muerte, María Esther Zuno de Echeverría ha abierto, en un momento muy oportuno, la posibilidad de hablar sobre las esposas de los presidentes". En el seguimiento espectacular de los sucesos, los medios no siempre promueven la reflexión, como indispensable para entender que le asiste el derecho al secretario de Hacienda, José Angel Gurría, en lo que respecta a la pensión que cobra y, ello, independientemente de lo ofensivo que pudiera ser para algunos el monto de esa prestación legal. El sensacionalismo lo vemos cuando en el diferendo habido entre el gobierno del Distrito Federal y la Secretaría de Educación Pública por el asunto del cobro de agua, los medios actúan conforme sus simpatías políticas (recogido con entusiasmo por algunos tabloides, el encono, empero, ha sido causa de la falta de entendimiento y las acusaciones mutuas habidas entre los funcionarios de esas instituciones). Espectacularidad hay, es decir, mucho ruido y poca información, cuando leemos las ocho columnas del diario México Hoy, en su edición correspondiente al jueves 9 de diciembre: Plan para tomar CU por aire y por tierra. La nota no precisa en la fuente que le permite asegurar aquella especie a los editores, pero le da absoluta credibilidad y, así, lo despliega en su portada. La agenda de los diarios De acuerdo con el tema del cual se trate es el medio que muestra aquel talante informativo. Qué decir, por ejemplo, respecto de las declaraciones del ex abad Guillermo Shulenburg quien, en días pasados, puso en duda la existencia de Juan Diego. La ferocidad con la que reaccionaron algunos miembros de la Iglesia fue correspondida por El Heraldo de México, que quién sabe con qué autoridad exigió también la ex comunión del polémico sacerdote y, de paso, enseñó la fe religiosa de sus editores. Esa misma filia la encontramos en otros órdenes de la vida pública, defensores acérrimos del gobierno mexicano o perseguidores continuos que desconocen cualquiera de sus logros, periodistas que desestiman los esfuerzos del PRI y enfatizan los del PRD o el PAN, al revés también, quienes sólo "informan" para enaltecer los esfuerzos del tricolor y cuestionar los del sol azteca y el blanquiazul. Que La Jornada tenga una abierta preferencia en favor del EZLN no justifica las distorsiones informativas en las que ha incurrido; lo mismo sucede con ese diario cuando resalta las actividades del candidato perredista al gobierno del Distrito Federal, mientras omite los actos de campaña de otros aspirantes al cargo. Lo mismo ocurre con unomásuno, tabloide que ha expresado varias veces sus simpatías por el candidato del PRI a la Presidencia de la República y que, al mismo tiempo, ha minusvalorado cuando no las publica, las posturas de los demás contendientes. Ese periodismo de facción lo encontramos diario en los diarios Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx |
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