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guía de perplejos Jonathan Swift
José Luis Durán King
Dejé de considerar a Jonathan Swift un autor de cuentos infantiles cuando leí la terrible sentencia que abre las puertas de un libro trágico, La conjura de los necios, del malogrado escritor John Kennedy Toole. La sentencia de Jonathan Swift es conocida por una gran cantidad de lectores y reza de la siguiente manera: "Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él". Voltaire, quien fue un contemporáneo del joven Swift, decía que el "ingenioso decano Swift" nunca sería comprendido en Francia, presumiblemente porque la superficialidad de los paisanos de Voltaire era reconocida allende las fronteras. El ingenioso decano de quien se sabía era poco tolerante con los pensamientos mentecatos, tampoco hizo mucho para que lo comprendieran no sólo en Francia sino en el resto de Europa, sobre todo porque sus explicaciones siempre venían investidas con el manto de la parodia. Así, si se insiste en leer a Swift en busca de propuestas "reales", se caerá invariablemente en la profundidad oscura y cenagosa de la parodia. Jonathan Swift nació en Dublín, Irlanda, en 1667, pocos meses después de la muerte de su padre. Llegó a este mundo en una época cuando la turbulencia política era el sino del reinado de William y Mary. Como muchos otros protestantes, Swift abandonó Irlanda para asentarse en Inglaterra, donde pasó varias de las décadas siguientes trabajando como secretario del escritor y diplomático sir William Temple. Con la ambición burocrática de hacerse de un lugar en este mundo, Swift esperaba que sir William lo recompensara algún día con el otorgamiento de un puesto prominente, deseo que nunca se vio cumplido, pues el diplomático fue despedido de manera humillante, nombrando, en uno de sus actos crepusculares, a Swift como vicario en Irlanda. Sin tener mejor cosa en qué ocuparse, Jonathan Swift empezó a escribir. Sus primeras obras fueron tres sátiras. En La batalla de los libros se burla lo mismo de los valores antiguos que de los modernos; Cuento de una bañera destaca por su brillante articulación; mientras que en Una disgresión en alabanza a la disgresión reduce hasta el absurdo todo discurso aprendido. Fue a partir de estos trabajos que el autor desarrolló una técnica satírica cuyos objetivos no dejaron títere con cabeza de la sociedad donde el escritor se desenvolvía. Una segunda oportunidad para destacar políticamente se le presentó en 1710, cuando Swift fue enviado a Inglaterra a negociar en nombre del obispo irlandés anglicano. Entró de lleno en la vida política de Londres, escribiendo propaganda en favor de los tories y desenvainando la espada ideológica contra personajes prominentes de la religión en la rubia Albión e incluso contra el mismísimo papa. Sin embargo, aunque no lo quisiera reconocer, Swift siempre fue un perdedor en los campos que no eran suyos. La fortuna del escritor declinó con el triunfo de los Whigs en 1714, y el guerrero regresó a Irlanda a servir como decano de St. Patrick. Y permanecería el resto de su vida rumiando lo que él consideraría un exilio. "Reconozco que ningún hombre es lo suficientemente miserable hasta que es condenado a vivir en Irlanda", alguna vez escribió. Los años en Irlanda, de 1714 hasta su muerte en 1745, produjeron los escritos más conocidos de Jonathan Swift, los Viajes de Gulliver, así como su ingreso a la política local con las publicaciones de Las cartas de Drapier y de Una propuesta modesta para prevenir a los niños de la gente pobre de ser una carga para sus padres o para el país y hacer de ellos gente beneficiosa para el público. En esta última obra, Swift llegó muy lejos al sugerir que las dificultades de Irlanda podían ser considerablemente paliadas si la gente pobre se comiera a sus propios hijos, es la más "monstruosa" de las propuestas del escritor de cuentos para niños. La prolongada carrera de Swift como escritor satírico le granjeó muchos y poderosos enemigos "oficiales", pues el escritor también supo lo que era sufrir los embates de la artillería proveniente de los "amigos". El conde de Orrery, por ejemplo, quien fue amigo del decano, le atizó bien y bonito a este último acusándolo de misántropo: "La representación que él ha otorgado a la naturaleza humana es horrible e incluso merece apartar la vista de lo que escribe". Tal confusión acerca de lo encontrado de las obras de Jonathan Swift ha persistido en el transcurso de los años, pues si bien no puede regatearse la calidad de sus trabajos, tampoco es sencillo despojarlos de su oscuridad de pensamiento, de furia y obscenidad. Los críticos de nuestro siglo han intentado -con poco éxito, por cierto- despojar los escritos de Swift de su naturaleza misantrópica. La monumental y "definitiva" biografía fabricada por Irvin Ehrenpreis simplemente omite muchas de las historias de dudosa procedencia atribuidas a la pluma del autor de los Viajes de Gulliver. Un tanto ingenuamente Ehrenpreis propone que de Swift destilemos lo esencial y que nos enfoquemos en las cuestiones más interesantes. Dicha propuesta sería sensata en caso de que fuera posible, pues lo "esencial" e "interesante" de la obra de Swift es precisamente su carácter misántropo y su oscuridad de pensamiento José Luis Durán King es autor del libro de cuentos Tabula Rasa. |
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