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¿Eso es diálogo?
El rey Louie en Minería

Julián Andrade Jardí

El tedio, esa es la palabra más elocuente para definir el diálogo público que se mantiene en Minería y anuncia la universidad del futuro. Son ocho horas diarias de oír sandeces, de asumir el pésimo nivel académico que impera y observar el gris subido de la mayoría de los representantes del rector.

Es poco probable que los señores del traje gris puedan hilvanar, ellos también, un discurso coherente y atractivo que despierte a esa parte de la UNAM que ve cómo la torre de rectoría se empieza a caer a cachitos, con una pasividad bíblica.

Quizá ése sea uno de los grandes problemas de la institución: su incapacidad para enfrentar, con frescura y novedad, la locura del CGH, pues la vía legal está cancelada, hasta que los universitarios sepan explicar qué significa el Estado de derecho. Hasta el día de hoy, nadie ha sabido hacerlo. Quizá en el próximo milenio las cosas vayan mejor y algún jurista pueda intentar, al menos, un enunciado que conmueva a nuestros gobernantes, enfadados por las quejas de los que no saben construir consensos y de los que creen que las leyes sirven, precisamente, para que no se imponga la violencia. Ojalá exista suerte, insisto.

El rojo-fuego

Minería parece un tablado en el que el rey Louie, el orangután de El libro de la selva (en la versión de Walt Disney) le canta a los personajes de La muerte de un burócrata (en su expresión cubana, por supuesto).

Louie quiere saber el secreto del "rojo-fuego" y los señores de la rectoría quieren terminar con la pesadilla y cobrar su aguinaldo. ¿Diálogo de sordos? Ni eso, mundos paralelos, que si acaso se juntarán en el Polo Norte. ¿Quién es más divertido o más ultra?, parece ser la cuestión.

Las cosas han llegado a grados que harían estremecer a Solyenitsin. Hace unas semanas el rector se reunió con alumnos de Economía, para platicar sobre el problema que enfrenta la UNAM. Ahí estaba un miembro del CGH al que le dieron la palabra. El dirigente estudiantil hizo una severa crítica del Banco Mundial, el neoliberalismo y la educación burguesa. El rector le dio la mano a la hora de las despedidas y el joven, como es natural, tuvo la gentileza de corresponderle. Craso error, porque lo observaban los comisarios de la huelga. Ahora el crítico tendrá que hacer méritos, lavando los baños, para recobrar la confianza de sus compañeros.

La estrategia de las autoridades es la siguiente: aceptar todo, para derrotar en el congreso la intransigencia y ganar posiciones académicas. No suena mal, pero se está volviendo imposible, sobre todo porque los muchachines del CGH son una mezcla de histerias y agravios sociales, para quienes la negociación es una trampa y un símbolo de la corrupción y la derrota. Poco importa lo que se argumente al respecto, pues la intransigencia es la que gobierna el pensamiento y la voluntad de los huelguistas.

Lo que no deja de ser curioso, es que algunos representantes del rector empiecen a culpar a Francisco Barnés de lo que está pasando. Acuden al expediente del escaso manejo político del problema, pero no recuerdan que ellos mismos aplaudieron y apoyaron las decisiones del ex rector y lo hicieron, en muchos casos, porque eran correctas, aunque no sabían a lo que se enfrentarían.

Así es nuestro sistema político: cruel, sustentado en la traición y la desmemoria. Pero no hay que ser ingenuos, si la estrategia de Juan Ramón de la Fuente también fracasa, serán los primeros en criticar su irresponsabilidad.

En fin, la UNAM entrará al nuevo milenio en huelga y nadie puede apostar sobre su futuro. Al menos hay diálogo, sostendrán algunos, pero creo sinceramente que es difícil, si no imposible, llamar de esa forma a lo que acontece en el Palacio de Minería

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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