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El mundo es una invención
"Vivir en Chile no es fácil porque la vida está herida"

Héctor González Jordán/Antonio Skármeta

Antonio Skármeta nació en Antofagasta, Chile, en 1940. Estudió filosofía y literatura en la Universidad de Chile y en la Universidad de Columbia en Nueva York. Uno de los escritores más importantes de su país, de actitud sencilla y despreocupada al hablar, accede a una plática durante su participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con motivo de la presentación de su reciente novela, La boda del poeta (Plaza & Janés). Entre sus obras más destacadas se encuentran Soñé que la nieve ardía (1975), No pasó nada (1980), El cartero de Neruda (1985) y Match Ball (1989).

Después del éxito de la película El cartero, usted saltó a un primer plano, aun cuando hay una diferencia de más de cinco años entre el libro y la película, ¿de qué manera enfrentó la fama que se dio entre El cartero de Neruda y su más reciente novela, La boda del poeta?

Creo que lo enfrenté y lo asimilé bastante bien. Recordemos que no soy un escritor debutante, ya tenía muchos libros publicados antes y, como bien dices, El cartero de Neruda se publicó en 1985; cuando la película se filma mi libro ya estaba traducido a 15 idiomas y mis otras obras también estaban traducidos a otras lenguas, de modo que es difícil que un éxito tan enorme, motivado por una película, afecte el proyecto de escritor. A esa edad ya está consolidado tu mundo de emociones, de personajes, tu modo de comunicarte con los lectores, así que es muy difícil que un éxito externo, por muy grande que sea, altere tu línea creativa. Esto es lo primero que te puedo decir, aunque hay un segundo y un tercer matiz. Cuando se tiene éxito literario, que además es comercial porque el libro se vende, evidentemente las editoriales sugieren con elegancia que uno pronto tenga un nuevo libro, yo nunca me dejé acelerar por ese proceso porque La boda del poeta es parte de tres novelas que escribí durante el tiempo que va desde El cartero de Neruda hasta hoy. Las otras dos novelas ya están terminadas, sólo estoy esperando que los editores me indiquen cuál es el plazo más prudente para publicarlas. Probablemente el año que viene una y al siguiente la otra. Son tres novelas que pertenecen a una misma galaxia de sentimientos y preocupaciones, que son básicamente el lugar del individuo fraternal en un mundo muy frágil y vulnerable. El tercer matiz del que hablo sería deshonesto no reconocerlo. Un éxito tan grande, saber que hay expectativas fuertes en la gente, agudiza tu conciencia de escritor profesional. Cuando mucha gente se te acerca, cuando las críticas han sido buenas y has inscrito tu nombre en la literatura universal, eres más cuidadoso, no te dejas ilusionar por el primer hallazgo, sometes la obra hasta que la crees transparente para el lector.

Su espectro de lectores ha aumentado tras el éxito de su novela en el cine. Ahora, está cerca ya no sólo del público que gusta de la literatura sino también del que gusta del séptimo arte aunque no necesariamente lea libros...

Para un escritor como yo esto es maravilloso. Para mí es esencial estar comunicado con el lector. Soy un escritor que gusta de la recepción, del aprecio hacia la obra, incluso más allá del grupo habitual de lectores, de aquellos lectores esporádicos o no profesionales, como espectadores de cine o de televisión. Eso me parece bien por el tipo de literatura que escribo, construida por seres cotidianos, que no tienen un proyecto de vida especial, sino aceptar lo que la vida les deja y que, por uno u otro motivo, la vida les pone por delante desafíos que ellos no esperaban y para los cuales suelen no estar preparados, de ahí que se desemboque en el humor o en la tragedia.

¿La edad influye al momento de percibir las emociones, hay diferencia entre tener 30 o 50 años, no es lo mismo estar de ida que de vuelta?

Esa es de las preguntas que llevan a precisar temas tan esenciales en tu vida. Te lo voy a contestar en dos sentidos. El primero se refiere a lo que es el sentido estilístico, la creación de un estilo. Para mí es muy importante que un escritor deje una huella original con su obra, que es una manera de percibir el mundo y comunicarlo. Una cierta lectura y un cierto sabor que tiene el texto, y que te dice, esto es. Es un orgullo para el escritor encontrar un camino para comunicarse. En mi obra, creo que hay ciertas aproximaciones novedosas a la creación literaria.

Cuando era joven influyó muchísimo la edad, en mis primeros cuentos del libro Desnudo en el tejado, ganador del Premio Casa de las Américas en 1969, mi estética era casi biológica, que se correspondía a la edad biológica que yo tenía. Pensaba que bastaba expresar con imágenes alucinadas que chocaran entre sí, que tuvieran su plena libertad, es lo que yo sentía y creía para que resultara comunicativo al lector. No me interesaba tanto escribir una literatura inteligible racionalmente, sino una que tuviera ritmo y a través de ese ritmo que tienen las palabras, tal y como lo hace la poesía, capturar el interés del lector y darle la sensación de que estaba ante una materia viva. Esa fue la primera etapa. Después, siguiendo con el tema estilístico, una experiencia muy fuerte fue la del golpe militar en Chile. El hecho de tener que salir de mi tierra y vivir mucho tiempo en otros países, motivó que mis libros se publicaran en varios lugares, es decir, estaba en contacto con un público internacional. De repente, en el exilio perdí algo muy esencial para un proyecto literario: hablarle a mi tribu. Me sentía como representante de una tribu, como un portavoz de jóvenes desordenados, rebeldes, que querían cambiar el lenguaje; que querían cambiar el mundo; que querían una rebelión contra todo, entonces la mía era una literatura con un lenguaje coloquial llena de subentendidos. Creía que estaba escribiendo para un círculo de gente con la que yo vivía literariamente. La situación de desprenderse de ese contexto que te aporta significados, por estar en tu propio país, en tu propia cultura, te hace descubrir que las fórmulas clásicas de expresión son más eficientes, en el sentido de que es mejor una selección de imágenes, de historias, de montajes de las situaciones, que simplemente bullir en un flujo donde uno busca más el ritmo y la sensación que la idea y la belleza de la expresión. Eso tiene que ver directamente con el hecho de haber conocido más mundos, más cultura y haber aprendido más idiomas, de que tú te insertas en la espontaneidad de tu vida, pero que además se suma a la cultura del otro, con el cual te ves confrontado. Esto desde luego enriquece el mundo, entonces opté por formas más clásicas de relato que las que tenía al comienzo.

Esto es en cuanto al estilo. Respecto a la percepción del mundo, también cambié fuertemente. Yo diría que todavía no estoy en una edad para estar de vuelta en todo. Tengo una curiosidad infinita y creo que el mundo está abierto completamente. Al contrario, siento que justamente algo que puede tener especial significación para el artista y el intelectual es mantenerse al margen de un mundo lleno de imágenes homogéneas, de comerciales, dominados por las políticas del poder; es necesario mantener vivo otro tipo de imágenes, de cuestionamientos, de héroes, de personajes; mantener una imaginación alternativa a lo que podríamos llamar la imaginación oficial. Así que estoy alerta y muchos de mis colegas también. Creo que el arte del nuevo milenio es la alternativa que va a permitir una antena distinta a toda la gente, de no aceptar un destino marcado, sino que va a ser la gota rebelde que va a colmarle los vasos. Entonces, en la juventud, tengo una percepción de un mundo más pleno, natural, salvaje, más espontáneo; porque siento que la libertad es algo con lo cual se nace y la ejerzo como joven rebelde, en mi literatura y en mi vida.

Los golpes políticos, la brutalidad, el salvajismo de la represión, el horror de la censura, todo esto me marca de otra forma, es decir, hiere mi confianza absoluta en el ser humano. Se introducen en mi literatura elementos más rudos, más trágicos. Aunque siempre matizados por lo que puede ser una definición de mi estilo, que es este juego irónico con los personajes y la complicidad irónica con el lector. Perdón si me he extendido pero es que la pregunta lo ameritaba.

¿Cómo vivió este desarraigo propiciado por el exilio?

Evidentemente se presenta una situación de desarraigo, de no estar en las raíces, en tu contexto. Lo que trae como consecuencia una enorme soledad, sobre todo cuando tú te has ido y sientes que dejas atrás a un pueblo sufriente con el cual estuviste y de pronto lo abandonaste. Esto crea desde un problema moral hasta un problema sentimental bastante fuertes. El exilio mismo no es una situación especialmente carente de interés para un escritor, porque al estar tan expuesto y vulnerable a otras tradiciones y otra cultura, la conciencia se amplía y viene una revisión que yo diría democrática y pluralista de los conceptos que han guiado tu vida, tus esquemas de acción y miras cara a cara el fracaso. Creo que el exilio, al dejar al artista en una posición más vulnerable, lo hace sabiamente extremar sus facultades y talentos para alcanzar al otro, al que no conoces. Tienes que conocerlo para seducirlo.

Y en ese momento de vulnerabilidad, cuando la situación se lleva a un punto extremo desde el exilio, ¿qué fue lo que usted aprendió al explorarse en otro contexto o en otra cultura?

Que el mundo es invención, que las culturas son respuestas atesoradas ante el misterio del universo. Que son preferencias de organización de la sociedad y que no hay un modelo único orgánico y predestinado para estructurar sociedades. En el exilio se te crea una enorme conciencia democrática.

¿Qué tanto determinó la dictadura a la literatura de Antonio Skármeta?

Creo que me determinó bastante, porque se acentuó una tendencia que yo tenía de colocar personajes muy individuales, con una intimidad muy insurrecta en circunstancias sociales. La experiencia de vivir procesos sociales tan intensos afectaba en la vida de mis personajes. No en el sentido de que yo quisiera ponerlo en el marco político, sino que el marco político venía a atraparlos a ellos. Un ejemplo inventado: estoy en Chile en 1974, me enamoro de una chica. Tengo 25 años, soy una persona solitaria, me cuestan trabajo las relaciones, pero de pronto conocí a una muchacha maravillosa, inteligente; hablamos de libros, vamos al cine, estamos a punto de hacer el amor, incluso he conseguido las llaves del departamento de un amigo, por la noche la cito a un café, pero ella no llega. Al día siguiente no aparece en clase en la universidad, a las 24 horas hay constancia de que esta persona fue apresada y desapareció de circulación. No saben sus padres, nadie sabe nada y así pasan cinco o diez años... la mataron. Yo, como un personaje de esta pequeña historia, sólo quería tomar un café, acostarme con ella. Como te digo, no ando buscando un marco político pero esa atrocidad que pasa ha destruido mi intimidad, ha destruido mi proyecto de vida y frente a eso yo tengo que reaccionar. Como personaje, voy a tener miedo, pero también voy a ser valiente, voy a buscar caminos de venganza o de acción, o quizá no hago nada y me quedo pasivo, o me voy a ir. Esto es lo que yo llamo la conección y está permanentemente en mis libros; personas que están siguiendo un proyecto pequeñísimo de vida, de pronto, se enfrentan a una serie de acontecimientos que ellos mismos no han buscado y ahí es donde yo quiero expresar a estos pequeños seres que deben tomar grandes decisiones y para las cuales habitualmente no están preparados. En la literatura me interesa mucho esta relación de lo pequeño con lo grande, de lo íntimo con lo social.

Siempre partiendo de la individualidad de alguien...

Exacto, aunque sin tratar de hacerlo emblemático ni símbolo de nada. Simplemente sigo la alternativa posible de la vida de ese personaje de ficción. La simbología y demás la aporta el lector con su experiencia. Por ejemplo, en El cartero de Neruda, al final aparecen dos señores muy amables que le dicen al cartero que lo van a llevar al cuartel de policía para hacerle un par de preguntas. A muchas personas de las que vieron la película o leyeron el libro eso los emocionó tremendamente, porque ahí se vio algo que no se dijo. Lo que se muestra en esa escena es a dos policías muy amables que sólo quieren reiterar una cosa. Sin embargo, el contexto que aporta el lector es tan grande que ilumina emocionalmente ese aspecto de la novela, yo no necesito hacer nada, únicamente describo la situación.

Usted tiene varias formas de establecer contacto con la sociedad chilena, a través de sus libros o de su actividad dentro de los medios, ¿cómo percibe a la sociedad chilena en vísperas de las próximas elecciones?

Todos los conflictos y todas las disputas que hay en torno a la sociedad chilena (me da vergüenza decirlo porquetodos los políticos lo mencionan, pero en realidad es cierto) es un proceso complejísimo, donde las fuerzas democráticas han ganado trechitos de libertad, espacios de conciencia en la gente. La paliza que dejó la dictadura fue muy fuerte, la gente va muy temerosa frente a cada procedimiento grave, por ejemplo, el encarcelamiento de Pinochet. Los políticos van muy cautelosos porque temen cometer el mínimo error y, al mismo tiempo, la gente aprendió a desconfiar de sus sentimientos y de sus emociones, porque estas pasiones desbordaron al país y vino ahí un padre muy severo a castigarlos, a torturarlos, a matarlos, a presionarlos, es una experiencia donde madres han perdido hijos y viceversa. Todo esto fue terrible, por eso, todo paso que se da en Chile es un paso muy político, negociado, para no caer en lo mismo. Esto hace que el proceso chileno de democratización haya sido muy lento, lleno de conflictos atenuados por la cautela política y por el temor permanentede los gobernantes ante confrontaciones que tendría eventualmente que haber decidido la democracia, pero que no lo hicieron por temor a que las fuerzas militares reaccionaran mal y entorpecieran una marcha lenta hacia una democracia imperfecta. Así es como hemos vivido en Chile todos estos años, desde que fue derrotado Pinochet hasta hoy. La detención de Pinochet ha sido como un espejo mural para Chile, donde hemos detectado algo que todos sabíamos, que el proceso chileno tenía una dosis de pragmatismo enorme y que dentro de ese pragmatismo se habían logrado avances, pero al mismo tiempo se dejaron algunos temas éticos bajo la alfombra. Cuando un país no está éticamente sano es complejo. Ahora, en pocos días, Chile enfrentará una elección presidencial muy fuerte, porque si el candidato de la Concertación, que es socialista, lograra tener una buena votación, ganaría una base muy sólida para iniciar una reforma constitucional que podría democratizar la Constitución, para que el país no se siguiera rigiendo por las leyes que dejó Pinochet. Es decisivo lo que puede pasar en Chile en estas elecciones; si llegara a ganar el candidato de la Concertación va a tener que gobernar de común acuerdo con la derecha democrática. Ese es Chile, un país muy de enredarse dentro del detalle técnico, que todo salga dentro de la ley para asegurarse que haya una pauta para discernir la verdad de lo falso. En el poder judicial hay una rémora de la relación de este poder con la dictadura en casos como la censura de La boda del poeta, que tú dices es un libro solamente y es una película nada más como La última tentación de Cristo, pero son sintomáticos de que hay una lucha que dar; estoy convencido que si este Presidente es elegido con una mayoría consistente: adiós censura. Pero también puede pasar lo contrario, que gane el candidato de derecha que se presenta con una cara populista, atacando a los políticos y escondiendo a quienes lo apoyan. Si llegara a tener una votación considerable nos enfrentaríamos a otro tipo de problemas. Pero vivir en Chile no es fácil, porque no es una vida plena, es una vida herida por las necesidades de la táctica política que no siempre produce la dicha de estar actuando correctamente. Eso lo formuló muy bien el presidente Aylwin y fue muy criticado por esa frase, pero a la larga se ha probado verdadera: "Intentaremos hacer justicia, en la medida de lo posible", dijo. Es una frase desgarradora; yo no lo diría, me presentaría como un escritor más romántico de justicia pase lo que pase, eso es fácil decirlo, pero a ver si teniendo tu trabajo, tu familia, tus hijos en el colegio, a ver si entonces se es tan puro, ése es el problema. Los intelectuales decimos cualquier cantidad de cosas, pero los políticos tienen otras responsabilidades.

Sin embargo, creo que vamos mejor, cada vez la gente joven es más libre, va soltando sus emociones, se ha hecho desafecta al modelo neoliberal. Ahí hay una razón para pensar que avanzamos. La detención de Pinochet fue un golpe moral que, creo, comienza la regeneración del país

Héctor González Jordán estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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