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Caifanes con piel de jaguar
Crónica de un concierto en Puebla

Héctor González Jordán

Los Jaguares siguen rugiendo pese a todo. Pocas bandas de rock nacional alcanzan una interacción tan perfecta con su público, como el grupo encabezado por Saúl Hernández, que desde hace un año se han dedicado a tocar en todo lugar donde ha podido. En esta ocasión la cita fue en el Foro de la Expo Puebla (el pasado 6 de diciembre), una especie de bodega con capacidad para cuatro mil personas aproximadamente.

Con la intención de ir prendiendo a un auditorio ansioso por brincar y cantar a grito pelado, se escuchan en off The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Jimi Hendrix y Led Zeppelin. Por fin, casi 60 muinutos después de lo previsto, las luces del escenario se apagan y aparecen los músicos arropados por cientos, o quizá miles, de gritos, silbidos y aplausos. El concierto da comienzo con "Parpadea" y "Derrítete", ambas de su más reciente disco: Bajo el azul de tu misterio. Ligadas una a la otra este par de rolas sirven de preludio para lo que será la invocación a "Los dioses ocultos"; de inmediato cientos de voces se hacen una, y decenas de cuerpos rebotan incansablemente sobre el suelo. Como unos Caifanes con piel de jaguar se presentan ante un auditorio hetereogéneo: desde infantes hasta treintañeros, desde quienes apenas los han descubierto bajo el nombre de Jaguares hasta los fieles que los siguen desde principios de la década de los 80, cuando respondían al apelativo de Las Insólitas Imágenes de Aurora.

En medio del júbilo masivo Saúl y compañía prosiguen con "Cuéntame tu vida", un rolón clásico que es coreado por prácticamente todo el personal, y acto seguido acometen con "Dime Jaguar", en donde la fuerza de las guitarras de César López "El Vampiro" y de Jarris Margalli se dejan sentir por todo el recinto. A estas alturas cualquier cosa que hacen o dicen es celebrada por un público que se postra ante una de las pocas bandas mexicanas que ya están más allá del bien y del mal.

En el recital también incluyen versiones rejuvenecidas de "Ayer me dijo un ave" y "Las ratas no tienen alas". Esta última se enriquece cuando Sabo Romo, el ex bajista de Guillermo Briseño, brinda un solo de antología, lejos de acrobacias innecesarias y aspavientos absurdos. La ovación para Sabo es unánime. "Perdí mi ojo de venado" y "Piedra" se fusionan en versión acústica que precede a la canción que en palabras de Saúl cambió la vida del grupo: "La célula que explota". Apenas se escuchan los primeros acordes y el escándalo se torna ensordecedor. "No dejes que" continúa con el momento melancólico, indudablemente el mejor del concierto. Saúl, por su parte, continuamente habla con su público, lo saluda, les agradece su presencia, por momentos politiza su discurso. Su imagen muy por encima de su castigada voz se niega a perecer y su figura llena el horizonte de los fanáticos que clavan su vista en el escenario; tal parece que la fuerza que necesita la recibe de sus decenas de seguidores.

"De noche todos los gatos son pardos" y "Milagro" nos permiten disfrutar de los efectos casi psicodélicos que "El Vampiro" crea con su arma de seis cuerdas. No hay tiempo, no hay espacio para el sosiego. El recorrido a través de la historia y distintas facetas de la banda no cesa. Lo mejor, desde luego, el material caifanero. Más de 15 canciones han dado contenido a un recital que amenaza con terminar al ritmo de "Fin". Así, conforme entramos al epílogo se generaliza la petición de una de las obras cumbre del grupo: "Viento", pieza que no pierde fuerza al paso de los años. Con "Afuera" se despiden de un auditorio que exige aún más. El demandado encore llega: "Miedo" y "Vamos a hacer un silencio", dan el cerrojazo final a la presentación de poco más de dos horas. Tras el concierto no quedan dudas de que actualmente Jaguares son mejores en concierto que en estudio, con todo y que a Saúl cada vez se le entiende menos

Jaguares y su gira "El final de un gran principio" toca tierras chilangas mañana 17 de diciembre en el Palacio de los Deportes.

Héctor González Jordán estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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