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Histerectomías
Fedro Carlos Guillén
Existen operaciones que causan sudoraciones nomás de escuchar el término que las describe; "punción lumbar", por ejemplo, es una palabra que quita el hipo, pues uno imagina el momento cuando es atravesado, entre dolores agónicos, por una agujota más larga que mis malos pensamientos. Sin embargo, pocas intervenciones despiertan mayores recelos que todas aquellas relacionadas con nuestras estructuras sexuales. Una gran cantidad de hombres consideran a la vasectomía como el primer peldaño en la escalera de la impotencia y hay otros que con la sola mención de la palabra "próstata" ponen los ojos en blanco y caen desmayados al piso. En el caso de las mujeres, una de las intervenciones más temidas es la histerectomía, procedimiento quirúrgico a través del cual se extrae el útero de aquellas personas que corren peligro por algún tumor o el crecimiento desmedido de las paredes uterinas. Desde luego es comprensible que una intervención de este tipo pueda ser causante de depresión, como ocurre en todos los casos de aquellos que por diversas suertes quedan "incompletos". Asimismo, pocas zonas de nuestra vida nos producen tantas expectativas o temores como la sexual; el arte de la seducción y el placer son motores sociales de 500 caballos y la posibilidad de que sufra alteraciones nuestra capacidad de amar y ser amados (¿no es una bella metáfora?) es, desde luego, una fuente de muy explicables paranoias. No obstante, un reciente estudio es portador de noticias magníficas para todas aquellas (escribiría "aquellos" para respetar el enfoque de género pero en este caso particular no cabe) que son sometidas a una histerectomía. El estudio se realizó con una población de mil 132 mujeres que recibieron este tratamiento quirúrgico y demostró esencialmente y en contra de toda la sabiduría popular, que la vida sexual de estas damas fue significativamente mejor después de la operación. La mayoría reportó una mayor actividad sexual después del procedimiento para retirar el útero, además experimentaron orgasmos más frecuentes y de mayor intensidad. La investigadora Kristen Kjerulff, profesora de epidemiología de la Universidad de Maryland y autora del estudio, declaró que este hallazgo puede contribuir a evitar los miedos con que muchas mujeres enfrentan la operación. Los investigadores argumentan que muchos de los problemas asociados a disfunciones en el útero son impedimento para una relación sexual plena y placentera y que, por ello, cuando se practica la operación cesan estas causas y mejora la actividad sexual, además de que se elimina cualquier riesgo de embarazo. El trabajo se realizó con muestras de mujeres con seis, 12, 18 y 24 meses después de la intervención. En el caso de las encuestadas un año después de la operación se encontró que el porcentaje que reportaba por lo menos cinco relaciones sexuales por mes se incrementó en 10% (para aquellos que frunzan el ceño, no olvidar que cinco es mejor que cero) y que 72% de las entrevistadas declararon la presencia de orgasmos en su actividad comparado con 63% antes de la cirugía. También se demostró que dos años después de la histerectomía el porcentaje de mujeres que sentían dolor durante la actividad sexual disminuyó de 40 a 15%. Lo dicho, éstas no pueden sino ser buenas noticias para todas aquellas que perciben con temor una intervención de este tipo y que ahora podrán entrar al quirófano con la envidiable tranquilidad de que después de la anestesia y el obligado periodo de convalecencia, podrán navegar por los mares misteriosos de una vida sexual plena (lo que quiera que esto signifique) a mayor cabalidad y sin mengua alguna. Felicidades, señoras y señoritas Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM. |
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