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textos Derechazo en Uruguay
Susana Mallo Reynal
Contrario sensu de lo que ha afirmado Fukuyama sobre la muerte de las ideologías, en Uruguay éstas viven y luchan. Esto quedó demostrado el domingo 28 de noviembre cuando en el país se confrontaron dos proyectos. Por un lado la continuidad de un gobierno basado en políticas económicas articuladas en torno al mercado -el cual se constituye en un valor supremo- y, por otro, una fuerza progresista que cree en una economía basada en procesos de justicia social con equidad. El primero de estos proyectos está representado por dos partidos tradicionales, Colorado y Blanco, que han gobernado durante 160 años el país. El segundo, de izquierda, representa un modelo producto de confluencias de distintas orientaciones políticas, donde encontramos desde marxistas ortodoxos hasta democristianos. Una oportuna reforma de la Constitución en 1998 habilitó el proceso de balotaje, con lo cual se impidió al Encuentro Progresista-Frente Amplio acceder al gobierno, pese a haber obtenido casi 40% de los votos. Es de destacar la victoria de Vázquez en octubre, que consagró a la centro-izquierda como la primera fuerza política del país, la dejó como la primera mayoría en el Congreso y convirtió al mismo Tabaré en el candidato a Presidente más votado de la historia de Uruguay. En la segunda vuelta fue derrotado por la coalición blanco-colorada o "por el partido rosado", como afirman los sectores más populares. El candidato Jorge Batlle triunfó con 51.6% de los votos, derrotando al candidato de izquierda Tabaré Vázquez, que obtuvo 44%. Tal como lo planteó el actual presidente Julio María Sanguinetti, esta elección implicaba la opción entre dos familias ideológicas con una visión distinta de proyecto de país, de sus prioridades, sus necesidades y, sobre todo, su futuro como nación. Mientras la izquierda enfatizó durante toda la campaña la necesidad de dar respuestas al creciente deterioro de la educación, la salud y el desempleo -temas latinoaméricanos candentes-, la coalición de derecha planteó la necesidad de la continuidad de la actual política económica para asegurar "el gasto 0, la inflación 0 y el equilibrio fiscal total". Tal como afirmó Batlle al día siguiente de su victoria. ¿Cómo se llegó a este resultado? Sin duda era claro en septiembre que los votos no le alcanzarían al Encuentro Progresista para triunfar en la segunda vuelta; no obstante el optimismo reinante en relación con la posible adhesión del votante del Partido Nacional. Esto no fue así y la derecha aprovechó todos los flancos que ofreció la izquierda, que en realidad fueron muchos. Al decir de un teórico contemporáneo: "El poder otorga saber y el saber otorga poder". Durante la campaña electoral, el Encuentro Progresista presentó un programa económico-político sumamente desagregado, mientras que la coalición blanca-colorada sólo planteó grandes lineamientos programáticos. Esto significó que el programa de la izquierda fuera utilizado inteligentemente sobre todo en lo relativo a los temas económicos. La propuesta de Vázquez de aplicar un nuevo impuesto, el de la Renta a las Personas Físicas, tocó el punto más vulnerable de cualquier electorado: el bolsillo. Lo hizo apelando a los temores más profundos de la clase media. Debemos destacar, sin embargo, que Uruguay es uno de los pocos países del mundo donde no existe dicho impuesto, de corte claramente liberal. Las declaraciones del Frente, que en un principio expuso que ese impuesto grabaría los derechos bancarios, y luego se desdijo, a lo que se sumó los fondos que se usarían para un proyectado "plan de emergencia", provocaron gran incertidumbre. Sobre esto hincaron el diente los medios de comunicación que produjeron un estado de alarma generalizado, acentuando los temores. La hegemonía del bando vencedor en este ámbito público fue notable. Como afirmó un periodista de la CNN: "La prensa en lugar de cumplir el papel de un cuarto poder, se constituyó en un poder de cuarta. Pero a los méritos comunicacionales que sin duda se le deben atribuir a la coalición de partidos, deben sumarse los errores de la izquierda, donde sin duda aparecen cuestiones de fondo, tales como una parte del país con una estructura muy conservadora y reacia al cambio, como elementos más coyunturales, señalados algunos de ellos por un viejo líder de izquierda, el cual afirmó que la fuerza del Frente Amplio está en la movilización y no en los medios, donde objetivamente "estamos y estaremos siempre en inferioridad; entonces hipotecamos nuestra carta fuerte, desmovilizamos a nuestra militancia en los primeros días de noviembre y ésta quedó un tanto atónita". Sin embargo, si bien la votación no permitió a la izquierda su acceso al gobierno, la performance no se puede vivir como una derrota. Sin duda el hecho más trascendente ocurrió en la primera votación, la cual refleja cambios hondos y subliminales en grandes sectores del país, lo que hace entrever un gigantesco campo social para trabajar a futuro. En cinco meses el país será nuevamente convocado a elecciones, se decidirán las 19 intendencias que conforman el territorio nacional. La izquierda se apresta a ganar las más pobladas, lo que significaría 60% de la población. Días arduos todavía para una nueva definición electoral y para un proyecto de izquierda que aún no capta la sensibilidad de las mayorías Susana Mallo Reynal es profesora-investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Uruguay. |
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