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No importa el tamaño
Marina Robles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Transformando la vida

Marina Robles

Desde la invención de la agricultura ha sido posible modificar plantas y animales a través de procesos de domesticación paulatina y lenta. Esta forma de conocer y transformar el mundo desarrollado por la humanidad ha llegado a condiciones sorprendentes en términos de la velocidad para lograr transformaciones genéticas de las especies y obtener lo que actualmente se conoce como organismos vivos modificados.

Este tema se ha colocado entre los más polémicos de la actualidad y seguramente continuará siendo motivo de grandes discusiones en los próximos años. La razón no es casual y obedece, en gran medida, a que la virtud de la nueva tecnología se ha convertido también en su tragedia. Esta trágica virtud se debe a la velocidad para lograr los cambios genéticos en las especies, que no ha permitido, en la mayoría de los casos, el tiempo necesario para evaluar cuidadosamente los impactos que estos nuevos organismos pueden tener sobre el medio ambiente, sobre las estrategias de producción o sobre la salud humana.

La polémica sobre sus impactos, como generalmente sucede, mantiene principalmente dos posiciones: los que sólo presentan los beneficios reales y potenciales de las nuevas especies, omitiendo sus limitaciones y riesgos, y los que enfatizan los riesgos haciendo caso omiso de las contribuciones al desarrollo científico, técnico y económico, así como a la producción alimentaria y la salud humana.

Estas circunstancias han promovido movilizaciones en distintas partes del mundo (Europa y ahora Estados Unidos) con la idea de parar el consumo de productos manipulados genéticamente. Sus logros no son despreciables.

En Europa se han promovido boicots sobre distintas empresas y esto mismo empieza a suceder en Estados Unidos. Como respuesta, compañías como Monsanto, Du Pont, Novartiscoei A.G. y otras han formado una alianza para enfrentar las campañas antibiotecnológicas reuniendo decenas de millones de dólares para armar la defensa que al parecer involucra toda una estrategia de comunicación.

Una parte de las dificultades del proceso que se está viviendo es que la manipulación genética está realizándose sobre diversas especies, vegetales, roedores, bacterias, protozoarios, invertebrados, peces; con objetivos tales como el incremento pesquero, la biorremediación de agua y suelo, el control biológico de plagas, la búsqueda por incrementar la inmunología humana, etcétera.

El riesgo que puede implicar cada uno de estos organismos vivos modificados depende de varias circunstancias: del tipo de moficación genética que se haya hecho, de la biología de la especie en cuestión y de las condiciones del sistema específico donde se pretenda introducir tal espécimen.

La única forma de establecer adecuadamente el nivel de estos riesgos es a través de evaluaciones caso por caso, lo que hace la labor compleja y costosa en tiempo y recursos. Sin embargo, seguramente ésta será la única forma de transitar hacia un manejo adecuado de los organismos vivos modificados, tanto social como ecológicamente, donde quede claro qué costos estamos dispuestos a pagar, a cambio de qué beneficios, y cuáles no

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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