etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
cultura mañana tianguis libros
espectáculos etcétera
el mundo


La Cumbre, ceñida
por la política de EU

María Cristina Rosas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

real politik

Crónica del derrumbe
Autoritarismo y demagogia en la OMC

María Cristina Rosas

"Cambiaremos a la OMC o nos desharemos de ella", dijo Jimmy P. Hoffa (hijo del legendario Hoffa) quien, como su padre, preside al poderoso sindicato de transportistas en Estados Unidos. "Queremos divulgar el mensaje de que la OMC está en problemas: los ciudadanos están protestando", añadió. Mientras tanto, el director general de la atribulada institución, Mike Moore, expresaba su consternación por las protestas masivas en las calles de Seattle, que impidieron el desarrollo de los trabajos de la Tercera Cumbre Ministerial. A pesar de ello, Moore insistía: "Esta conferencia será un éxito".

Esto es parte de lo que ocurrió en Seattle, cuyo pasado "radical" fue recordado por sus habitantes del 29 de noviembre al 3 de diciembre. Y es que la ciudad portuaria posee uno de los movimientos ambientales más fuertes, además de una de las tasas más altas de sindicalización de la nación. Ubicado en el estado de Washington, Seattle fue la base de los wobblies, el sindicato socialista más famoso del país. De hecho, la única huelga general en suelo estadounidense que paralizó a una ciudad entera, tuvo lugar en Seattle en 1912. En aquellos años, los asesores del Presidente estadounidense se referían a EU como un conglomerado de "47 estados y los soviets de Washington".

En los 60, un conglomerado de miles de personas, con muy poco en común (estudiantes, sindicatos, grupos ecologistas, milicianos patriotas, comunistas, gerentes de empresas, maestros y trabajadores sociales), pertenecientes a una amplia variedad de razas, religiones y grupos económicos, tomaron las calles de Seattle echando mano de la desobediencia civil proclamando "la protesta del siglo".

Hasta hace poco, Seattle era un lugar solitario, aislado por las montañas y el mar. Era la localidad más remota para quienes no eran ricos y, de hecho, huían de los lugares donde vivían los más acaudalados. Era un pequeño pueblo, en donde los visitantes se maravillaban luego de perder la cartera o el bolso que les eran devueltos con los contenidos intactos. Pero ese Seattle, rústico, frío y húmedo, cambió. Muchos habrían querido que el cambio sólo fuera climático pero no fue así. En unas cuantas décadas, Seattle se convirtió en el hogar del mayor número de millonarios per cápita en el mundo y actualmente alberga en su seno a corporaciones tan exitosas como Boeing y Microsoft.

Lo sucedido en el marco de la Cumbre de la Organización Mundial de Comercio es algo que a muchos habitantes de Seattle no los tomó por sorpresa. Aunque claramente, ante la falta de memoria histórica, las autoridades se vieron en grandes problemas para responder a la avalancha de 35 mil personas que tomó las calles en defensa de los derechos laborales, las tortugas, el medio ambiente, el bienestar social y también, en muchos casos, sólo por protestar. En varios puntos del centro de Seattle se veían pintas con símbolo anarquista, mientras que en otro lugar, un grafitero se sinceró con los anonadados transeúntes al garabatear en una pared: "No sé qué es la OMC... pero odio a los ricos".

Martes 30: Yo protesto, tú protestas, nosotros te reprimimos...

De los hoteles Sheraton y Hilton ningún delegado asistente a la cumbre ministerial pudo salir a la calle. "¿Qué sucede?", se preguntaban algunos. Las respuestas no llegaban. "Hay disturbios en las calles, ya sabes", respondía una voz apenas audible en medio del ajetreo. "¿Qué no se nos está haciendo tarde para llegar a la inauguración de la cumbre?". Cadenas humanas de activistas bloqueaban las salidas de los hoteles, hasta que la policía llegó a verter spray pimienta. Las voces de la multitud se escuchaban y alcanzaban a hacer eco en el interior de los hoteles: "¡Todo el mundo los está viendo! Usen sus químicos y nosotros usaremos nuestras voces! ¿Por qué nos hacen esto?". Gritos de inconformidad, horror, enojo, frustración, pululaban en el ambiente.

"Estados Unidos podrá ser la primera potencia mundial, pero también puede ser la más desorganizada", comentaban algunos delegados de países latinoamericanos, visiblemente molestos con la situación. "¿Qué garantía tenemos de que nuestra integridad va a ser respetada?", decía un delegado sudafricano. El ambiente se tornó más tenso cuando llegaron noticias de que una delegada de Colombia había sido agredida por los manifestantes. El representante comercial de Estonia también fue bloqueado por la turba iracunda. Frustrado, el diplomático replicó a quienes le impedían el paso: "Soy socialista y estoy preocupado por la desigualdad que impera en el mundo. Pero no entiendo qué es lo que quieren. ¡Ustedes están locos!".

Las tiendas y establecimientos comerciales del centro de la ciudad cerraron sus puertas, incluyendo a McDonald`s, Nike Town, Banana Republic, The Gap, Old Navy y Nordstrom, entre otros. Ello allanó el camino para que los manifestantes tomaran las calles. Algunos aprovecharon la situación e incurrieron en actos vandálicos. Nike Town fue una de las víctimas, pues las ventanas del establecimiento se derrumbaron por la fuerza de los anarquistas. Alguien decía que no era justo que los establecimientos fueran atacados de esa manera. Otros más hacían notar que fenómenos similares han ocurrido en otras latitudes, y recordaban a José Bové (presente también en Seattle), el granjero galo que saltó a la fama luego de destruir un restaurante de la cadena McDonald`s en Francia. Y es que McDonald`s, al igual que otros consorcios, son identificados como el "rostro de la globalización", y quienes se sienten agraviados por este proceso la toman contra Nike Town, The Gap y la franquicia de las hamburguesas.

Las esperadas participaciones del secretario general de la ONU, Kofi Annan, y de la representante comercial de Estados Unidos, Charlene Barshefsky, en los trabajos de la reunión fueron canceladas ante la falta de medidas de seguridad. Madeleine Albright, secretaria de Estado, quien iba a ser la oradora principal en la ceremonia de apertura de la cumbre, se disculpó ante los delegados de los 135 países asistentes y regresó a Washington sin más. Incluso, los disturbios plantearon dudas en torno a la posibilidad de garantizar la seguridad del presidente William Clinton.

Hacia la noche de ese día, el alcalde de Seattle, Paul Schell, decretó el toque de queda y pidió el apoyo de la Guardia Nacional para garantizar el orden en la ciudad. El jefe de la policía, Norm Stamper, justificó el uso de la fuerza contra los manifestantes al indicar que éstos triunfaron en su consigna de colapsar la cumbre de la OMC. La noche-madrugada del martes-miércoles 30 de noviembre-1 de diciembre semejaba a las que muchos países sudamericanos y centroamericanos vivieron en décadas pasadas, custodiados por las fuerzas del orden, con sus ciudadanos atemorizados. En Seattle muchos se preguntaban si la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense era válida en la ciudad-puerto o si sólo se trataba de un espejismo circunscrito al papel.

Miércoles 1 de diciembre: Cárcel y más disturbios

Sin haber superado el mal sabor de boca del día anterior, los delegados se dirigieron al Centro de Convenciones para enterarse de que el toque de queda se mantendría mientras durara la cumbre de la OMC. Muchos no pudieron ocultar su malestar. Más sorprendente resultó saber que el alcalde Schell dio a conocer una medida muy polémica: el uso de máscaras antigas por parte de los manifestantes sería un delito que se castigaría hasta con seis meses en prisión y una multa de 750 dólares. El alcalde deploró que se utilizaran gases lacrimógenos, sprays pimienta y balas de goma contra los manifestantes, pero se mostró satisfecho de que "nadie resultó herido pese a las medidas". Por su parte, el jefe de la policía confesó que las protestas del día anterior lo tomaron por sorpresa, dada la magnitud y las derivaciones vandálicas que tuvieron.

La tensión que se mantenía a las afueras del Centro de Convenciones se reproducía también en el interior de éste. La presencia del presidente Clinton en la ciudad, y el rumor de que haría un pronunciamiento en torno al trabajo infantil y la vinculación entre derechos laborales y comercio, enfureció a más de uno de los delegados.

Pero, quizá, lo que más molestó a las representaciones de buena parte de los países en desarrollo fueron las pláticas secretas entre Estados Unidos y la Unión Europea para resolver el diferendo agrícola, dado que la pretensión de que un arreglo Washington-Bruselas fuese legitimado por las naciones del mundo sin que éstas tuviesen voz ni voto era políticamente equivocada. Ese día, en una reunión con granjeros locales, el Presidente estadounidense aprovechó la oportunidad para limar asperezas con la Europa comunitaria cuando manifestó: "Quiero decirle a los pueblos de Europa y de todo el mundo que nunca permitiría que una sola libra de algún producto estadounidense abandone este país si existe evidencia de que es inseguro y nocivo para la salud, y ningún granjero de mi país lo aprobaría". Clinton se refería a la virtual guerra comercial que existe con Bruselas en torno a la carne estadounidense cultivada con hormonas que los europeos rechazan.

Y el esperado discurso de Clinton se produjo, en el ánimo de congraciar a la administración demócrata con los sindicatos y organizaciones ecologistas que se manifestaban a las afueras del Centro de Convenciones. Clinton dijo que los países que no son cuidadosos de los estándares laborales deben ser sancionados. Y en un estilo agresivo, se refirió a la producción de pelotas de futbol en Pakistán, a la industria del calzado de Brasil y a la elaboración de fuegos artificiales en Guatemala como ejemplos de actividades que se realizan sin cuidar el bienestar de los trabajadores. Por ello se crearía un grupo mixto de cooperación OMC-Organización Internacional del Trabajo. Esa fue la mecha que encendió a los países en desarrollo que, en adelante, estarían cada vez más renuentes a negociar con Washington. Pero también afuera continuaba el descontento. Para ese momento se reportaban 400 detenidos en las cárceles de Seattle.

Jueves 2 de diciembre: La lucha apenas comienza

En esta ocasión, los disturbios más preocupantes tenían lugar en el seno mismo de la reunión de la OMC. En su último día de visita en Seattle, el presidente Clinton suscribió la Convención de Naciones Unidas sobre Trabajo Infantil, la cual está llamada a prohibir la explotación de los niños, que al decir de las autoridades estadounidenses es una práctica común en los países en desarrollo y constituye una forma de dumping social que subsidia los productos que se comercializan en el mundo de manera "desleal". El escepticismo inundó el Centro de Convenciones donde sesionaban las delegaciones de las naciones miembros de la OMC. "¿Por qué recibe tanta difusión la suscripción de esta convención sobre trabajo infantil por parte de Estados Unidos? Esta nación es la que tiene uno de los índices de sindicalización más pobres en el mundo industrializado, además de que Washington no ha suscrito importantes Convenciones de la Organización Internacional del Trabajo en materia de derechos laborales", expresaba un delegado canadiense.

Mientras tanto, se confirmó que la Unión Europea aceptó negociar con Estados Unidos los productos transgénicos, aparentemente con la oposición de buena parte de los delegados europeos presentes en Seattle. Pascal Lamy, el comisionado de Comercio de la Unión Europea, fue quien dio su brazo a torcer, recriminado por los delegados de Francia, Italia, Dinamarca, Bélgica y Gran Bretaña.

En una maniobra diseñada para ganarse a las naciones pobres y lograr un consenso mínimo que permitiera acordar una declaración conjunta con el fin de echar a andar la Novena Ronda de Negociaciones Comerciales Multilaterales en el 2000 en Ginebra, EU, Japón, la Unión Europea y Canadá trataron de gestionar una iniciativa conjunta para apoyar la competitividad de los 48 países más pobres del planeta. Sin embargo, no hubo acuerdo entre los poderosos, lo cual fue interpretado por las naciones en desarrollo como un gesto de mala voluntad y pésimo gusto, sobre todo considerando las consignas de los manifestantes afuera del Centro de Convenciones. El pesimismo invadió a la delegación anfitriona al ser notificada de que prácticamente todas las negociaciones (la agrícola, la de implementación de acuerdos, la de acceso a los mercados, la de nuevos temas y la de cuestiones sistémicas) se encontraban paralizadas por las delegaciones desencantadas con la forma como evolucionaron las cosas en los últimos días.

Por la noche, el toque de queda se extendió a otros vecindarios aledaños al centro de la ciudad, a pesar de que sus residentes ni participaron en manifestaciones ni tenían opinión alguna sobre la OMC. Ello propició que los vecinos se unieran a los manifestantes bajo la consigna: "¡Esta es nuestra ciudad y podemos transitar por nuestras calles cuando nos plazca! ¡Fuera la represión!". Esta solidaridad de los vecinos de Seattle con los manifestantes agudizó la problemática cuando diversas organizaciones civiles presentaron denuncias ante los tribunales de justicia de Seattle por el comportamiento "anticonstitucional" del alcalde Schell, y de las fuerzas policiacas y la Guardia Nacional. Jerry Sheehan, portavoz de la Unión Americana de Libertades Civiles sentenció: "Tras haber pecado por la falta de previsión el martes y haberse dejado ganar las calles por los manifestantes que se oponen a la OMC, las autoridades de Seattle reaccionaron declarando el toque de queda. Eso es deplorable".

Viernes 3 de diciembre: El derrumbe

El desgaste de los delegados era evidente. En muchas de las reuniones las discusiones se tornaron bizantinas respecto de la función que debe cumplir el comercio e, inclusive, tratando de definir el significado de ciertos conceptos. Agobiados por el caos externo, muchos carecían del ánimo para seguir adelante. Y como las decisiones en la OMC deben tomarse por consenso, era natural que muchos se desentendieran. Las reuniones, programadas para finalizar a las seis de la tarde, se prolongaron hasta las diez de la noche, momento en que la OMC y el gobierno anfitrión anunciaron a la opinión pública internacional el fracaso de las negociaciones y la imposibilidad de alcanzar un acuerdo para convocar a la Ronda del Milenio del 2000.

Afuera, las autoridades citadinas también vivían su infierno. Cientos de manifestantes rodearon la cárcel del Condado de King, donde se encontraba buena parte de los activistas detenidos. La cárcel fue rodeada por los inconformes desde el jueves, y los momentos de tensión fueron muchos, hasta que el diálogo se impuso para destensar el área. Pero para ese momento los manifestantes (tanto los encarcelados como los que transitaban por las calles de Seattle) estaban felices: la cumbre de la OMC había fracasado y ellos contribuyeron sustancialmente al derrumbe.

Diez cosas que odio de la OMC

Pero la historia no termina aquí. En menos de dos meses habrá una nueva convocatoria para celebrar otra reunión ministerial donde se tratará de gestionar el acuerdo para dar inicio a la Ronda del Milenio. Las negociaciones se llevarán a cabo, y la citada ronda comenzará en algún momento. Sin embargo, lo sucedido en Seattle arroja importantes enseñanzas.

La primera es que el fracaso de la reunión se dio gracias al activismo de las ONG; a la forma atropellada como los guardianes del orden lidiaron con los activistas y los vándalos; a la manera torpe como pretendieron negociar los países industrializados con los más pobres la liberalización del comercio; y también al ambiente político preelectoral que se vive en la Unión Americana. El saldo es de sobra conocido: muchos resultaron golpeados, y no sólo quienes protestaron en las calles de la ciudad-puerto. El daño para la administración Clinton y para el vicepresidente Albert Gore tal vez sea irreparable, dado que la agenda en favor del libre comercio no ha podido cumplirse. La OMC mantendrá la crisis que la aqueja, no sólo por los desacuerdos entre EU y la Unión Europea sino también porque ahora como nunca violentó el diálogo Norte-Sur al pretender Washington y Bruselas que los países pobres acataran acuerdos de cuya negociación fueron marginados. Asimismo, la imagen de las ONG resultó ampliamente deteriorada. En ello tuvo mucho que ver la identificación que los medios de comunicación y algunos delegados (incluyendo voceros de la OMC) hicieron de los manifestantes como sinónimo de vándalos y anarquistas. Ciertamente numerosas ONG marcharon en paz y no se involucraron ni en disturbios ni en daños a la propiedad. Pero distinguir a este grupo de quienes sí actuaron de mala fe, se tornó difícil.

¿Por qué estas agrupaciones descargaron su furia contra la OMC? La organización People For Fair Trade and Network Opposed to WTO (Gente en favor del comercio recíproco y red contra la OMC) ha esgrimido diez argumentos que recibieron amplia difusión, tanto en el mundo virtual de Internet como en el mundo real.

Esas diez razones para repudiar a la OMC son: 1) la OMC dicta las políticas de los gobiernos; 2) la OMC persigue el libre comercio a cualquier costo; 3) a la OMC sólo le preocupan los intereses comerciales y ello opera por encima de las consideraciones en favor del desarrollo; 4) en la OMC los intereses comerciales tienen prioridad sobre la protección ambiental; 5) la OMC dicta las políticas de los gobiernos en esferas como seguridad alimentaria, salud y seguridad humana, porque los intereses comerciales deben prevalecer; 6) la OMC destruye empleos y ensancha la brecha entre ricos y pobres; 7) los países pobres carecen de margen de maniobra en la OMC; 8) la OMC es el instrumento de los lobbies poderosos; 9) los países débiles no tienen alternativa y se ven obligados a ingresar a la OMC, y 10) la OMC es antidemocrática.

Mucho de lo expresado en esa lista es verdad. Aunque las verdades a medias son, en realidad, mentiras. Nadie niega que el mundo se caracteriza por una brecha creciente entre ricos y pobres, sobre todo en un sistema capitalista que sólo puede prosperar a partir de la desigualdad. También es verdad que imperan diferentes términos de intercambio, que los países industrializados erigen nuevos mecanismos proteccionistas y que mientras exigen apertura de los mercados de las naciones en desarrollo, condicionan el acceso a sus economías con diversas prácticas desleales de comercio. También es verdad que el capital corporativo tiene amplios márgenes de maniobra y que los mecanismos de control hacia la inversión extranjera han sido desmantelados rápidamente en los países en desarrollo, sin que los capitales puedan ser vigilados por un sistema monetario internacional adecuado. Es muy irritante ver, por ejemplo, que en la discusión en torno a la llamada "guerra del plátano" entre EU y la Unión Europea, el interés de las transnacionales bananeras haya prevalecido sobre las naciones caribeñas directamente afectadas por el dictamen de la OMC. Pero si de modificar el statu quo se trata, se debe reconocer que buena parte de las ONG que asistieron a Seattle se limitaron a manifestar su repudio contra la OMC sin ofrecer alternativas. Posiblemente la única excepción fue Médecins sans Frontières, ganador del Premio Nobel de la Paz este año, que gestionó en el seno de la reunión de la OMC con EU, que Washington garantice que las patentes de los medicamentos sean accesibles a los países pobres, quienes podrían obtenerlas fácilmente en caso de urgencia médica.

Por su parte, la OMC ha divulgado un listado donde habla de sus virtudes: 1) el sistema multilateral de comercio ayuda a mantener la paz; 2 ) el sistema posibilita que las disputas sean analizadas de manera constructiva; 3) un sistema que se basa en reglas más que en el poder hace la vida más fácil para todos; 4) un comercio más libre disminuye el costo de vida; 5) el sistema multilateral de comercio da a los consumidores más opciones, y una amplia gama de bienes de calidad entre los que puede elegir; 6) el comercio incrementa los salarios; 7) el comercio estimula el crecimiento económico y ello es positivo para el empleo; 8) los principios básicos hacen al sistema económico más eficiente, y reducen los costos; 9) el sistema protege a los gobiernos de intereses mezquinos, y 10) el sistema alienta el buen gobierno.

Esta lista es tan general que, igual que la de las ONG, peca por su amplitud y por citar verdades a medias, sobre todo porque los argumentos esgrimidos giran en torno a la normatividad internacional, y dejan de lado la real politik, las relaciones de poder que irremediablemente se reproducen en el seno de la OMC. Negarlo es francamente ocioso.

Hay otro aspecto que merece un análisis cuidadoso. Es lugar común decir que lo visto en Seattle, las protestas, evidencia los estragos de la globalización sobre las sociedades. Que los activistas que hicieron acto de presencia en la ciudad estadounidense son el testimonio fehaciente del conflicto Norte-Sur, puesto que representan a los marginados, a los have-nots del capitalismo salvaje.

Empero, habría que reconsiderar la gestión de las ONG. Si se analiza con detenimiento el listado de organizaciones no gubernamentales registradas oficialmente ante la OMC para participar en Seattle (disponible en http://www.wto.org), se observará que la mayoría proceden justamente de los países industrializados, especialmente de EU y Canadá, y en menor medida de Francia y Alemania. Sin negar que algunas de estas ONG tienen experiencia lidiando con los problemas del desarrollo de las naciones pobres, sería exagerado pretender que operen efectivamente como voceras de las naciones en desarrollo. Lamentablemente, las ONG del Norte suelen aplicar cierto paternalismo hacia las ONG del Sur, como si en los países pobres fuera siempre necesario que los ricos y poderosos señalen el camino a seguir. Sólo por la composición mostrada por las ONG acreditadas en Seattle, sería difícil aceptar que su interés era repudiar al capitalismo rampante que tanto daño hace a las naciones pobres. Ciertamente en países como los industrializados, las ONG gozan de recursos y capacidad de despliegue que les permiten hacerse visibles en actos como la cumbre de la OMC. Pero de ahí a que se asuma que por el simple hecho de ser ONG portan la representación de los pobres y desvalidos, hay una gran distancia que no debe ser pasada por alto.

En suma: la cumbre de la OMC fracasó, al igual que sus protagonistas, tanto los gubernamentales como los no gubernamentales. Cabría preguntarse entonces, qué se puede esperar de las reuniones que con frecuencia llevan a cabo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, organismos a los que se culpa de la miseria y la marginación en buena parte del planeta y que, pese a ello, ni en sueños han sido impugnados como la OMC lo fue en Seattle. Dos cosas pueden resultar de todo este proceso: una OMC desgastada que se colapsaría a sólo cinco años de su creación, o una OMC revitalizada, más sabia en sus decisiones y menos excluyente. El pesimismo, sin embargo, inclina la balanza hacia un escenario dantesco

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores