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tintero A Dios no lo conoce nadie
José Luis Martínez/Enrique Maza
En su libro El diablo. Orígenes de un mito, publicado por Océano, el escritor y sacerdote jesuita Enrique Maza indaga la naturaleza del mal y rechaza la versión cristiana que lo emparenta con los ángeles caídos para desarrollar un teatro fantasmagórico. Afirma la inexistencia del diablo, que no es "sino una figura simbólica, una comodidad literaria para darle un nombre manejable a una abstracción: el mal". Es un mito utilizado históricamente por la Iglesia -explica en entrevista- como un instrumento de poder, "el cual se esconde siempre en el secreto y presiona con el terror". La idea de este ensayo surgió de la película El exorcista, en una de cuyas escenas dos sacerdotes jesuitas presencian la posesión diabólica de una niña. Karras, el más joven de ellos, pregunta al viejo y experimentado Merrin: ¿Cuál es el propósito de la posesión, qué sentido tiene? Y Merrin responde: ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede tener la esperanza de saber? "Yo pensé -dice Enrique Maza-: pero si eso es precisamente lo que debemos saber, porque las posesiones diabólicas van en contra de todos los planes de Dios: la misericordia, el perdón, el amor, la libertad. Si Dios deja que el demonio posea a una persona y la haga hacer cosas contra su voluntad y contra el bien, estaríamos ante un ser contradictorio, un Dios payaso y sádico que se divierte torturando a la gente inocente. Entonces, la idea de este libro fue decir que Dios no es eso y, por lo tanto, las posesiones diabólicas no existen, éstas se pueden explicar de otra manera -por la psicopatología, por ejemplo-, pero el rostro de Dios es de bondad, no de terror." ¿Si el diablo no existe, esto no pone a prueba también la existencia de Dios? No creo, el diablo es una criatura, Dios no, son dos cosas completamente diferentes. El diablo es un mito atribuido a Henoc, hijo de Caín y nieto de Adán y Eva. Según la leyenda, como era un patriarca muy santo, Henoc fue arrebatado al cielo sin morir. Entonces el autor de esta historia se finge Henoc que pasea por el cielo y ahí aprende todas las cosas sobre ángeles y demonios, lo cual es sólo fantasía. Sin embargo, el diablo después se vuelve una figura filosófica, metafísica, real, y entonces es cuando yo pregunto: "¿Es Dios el origen de esta criatura?". No, por supuesto. Además lo que se dice en los libros de Henoc no es dogma de la Iglesia, ni algo que se pueda probar, por eso a mí no me pone en cuestión la existencia de Dios sino las fantasías de los hombres. Ahora, al diablo como un símbolo, desde luego que lo acepto. Por otra parte, usted habla de la libertad del hombre como un don divino, por medio del cual puede elegir entre el bien y el mal. Así es, Dios nos hizo libres y por eso podemos elegir una cosa u otra. Eso es lo bello de ser humano, es lo bello de la libertad, yo puedo escoger entre amar o dejar de amar, entre la bondad y la guerra, entre el perdón y la venganza. Y yo creo que el infierno es eso, la proyección de la eternidad de la venganza humana. No sabemos qué hay del otro lado de la vida y, sin embargo, proyectamos nuestras venganzas hacia un infierno en donde Dios tortura eternamente, es un Pinochet eterno, ¡por Dios santo, eso no puede ser! No puede ser que conciban a Dios como alguien que tortura en las llamas eternamente a quienes se portaron mal, ¡por favor, no vale tener un concepto de Dios así! Cruel, vengativo e injusto. Sí, pero eso es lo que los hombres dicen de Dios, no es Dios mismo sino un concepto. Por otra parte, Dios es un desconocido, el eterno desconocido, el inefable, y por eso el mandamiento: ámense ustedes entre los hombres, porque psicológicamente Dios a mí no me llena, no me motiva, no me mueve, no estoy a su altura, en cambio al otro -al hombre- sí lo tengo presente, sí lo veo. A Dios no lo conoce nadie, yo no conozco a nadie que se haya tomado un café con él para que me diga qué cosa es Dios; es el gran misterio, pero estamos haciendo del misterio un problema y entonces llegamos a esto, al diablo y al infierno. ¿Cómo creer en el misterio, en lo inefable? Eso es simple lógica, es ver todas las cosas que existen en la Tierra: las flores, el universo, los astros, la bondad humana, la ternura, el arte, la música, la poesía, y ver que todo esto debe tener un origen. De alguna manera, con su idea de Dios y la negación del diablo su libro se vuelve una crítica a la Iglesia católica, a las tesis que sostiene al respecto. Por supuesto que sí. Yo me pregunto: ¿por qué la insistencia en el diablo, en el infierno, en el confesionario, en el viernes santo? ¿Por qué no la insistencia en la resurrección, en el perdón, en la bondad, en la vida? Y entonces respondo: porque aquéllos son instrumentos de un poder y el poder se esconde siempre en el secreto y presiona con el terror, con la amenaza, y creo que la Iglesia ha utilizado muchas de estas cosas para forzar una conducta determinada. Pienso que muchas de las cosas de la Iglesia van a tener que entrar en cuestión tarde o temprano, de hecho, la gente ya las está cuestionando y está abandonando la Iglesia por su autoritarismo, por su cerrazón. Y se va porque siente un vacío, no porque esté convencida de otra cosa ni porque la sustituya con algo que le dé plenitud interior. Tad Szulc, su biógrafo, le proporciona al papa una serie de cifras sobre la disminución de sacerdotes, de monjas, de matrimonios y de la asistencia a los ritos eclesiásticos, y le pregunta: "¿No le preocupa que la gente se esté yendo de la Iglesia?". No, dice el papa, con tal de que quienes permanezcan sean fieles. Yo me digo, ¿fieles a qué? Además pienso si la misión de la Iglesia es conservar a esos que son fieles o es ir a predicarles a otros el mensaje de amor del Evangelio. Pero en fin, es un hecho que la gente se está yendo de la Iglesia porque ya no soporta la cerrazón de la jerarquía eclesiástica; de alguna manera, la Iglesia está enferma de poder y exhibe un autoritarismo feroz, cuando la autoridad es servicio a la libertad y no el dominio del hombre. Sin embargo, este autoritarismo evidencia la crisis actual de la Iglesia. Exacto, aunque la crisis actual de la Iglesia tiene una gran cantidad de manifestaciones, por ejemplo, la cuestión de los anticonceptivos. La Iglesia está terca en que no se deben utilizar y que hacerlo es pecado, y nadie le hace caso, todo el mundo practica la anticoncepción y la autoridad de la Iglesia se tambalea. Por otra parte, creo que la crisis de la Iglesia se debe también a que no tiene respuestas para lo que sucede en el mundo actual, en el mundo moderno. La Iglesia tiene que renovarse. Por ejemplo, aceptar que cada quien tiene su concepto de Dios y todo el mundo tiene derecho a pensar en él como quiera y a tener la religión que quiera, porque las religiones son humanas, no son revelaciones divinas, son organizaciones de gente que comparte una fe y se une para rendirle culto a Dios de determinada manera. ¿Cómo son asumidas las voces críticas, como la de usted, dentro de la Iglesia? No con la brutalidad de antes, como en la Inquisición. Mire usted, Umberto Eco habla del trauma de la diferencia: todo aquel que sea distinto que yo me causa problema. Si es distinto a mí porque tiene otro sexo, otro color de piel, otra lengua, otra religión, por lo que sea, lo rechazo por ser diferente a mí. Y eso es lo que está pasando -lo que ha pasado históricamente- en la Iglesia con toda la gente crítica. Y ahí están todos los juicios que se han hecho en Roma, uno tras otro, a todos los teólogos que piensan distinto, que se atreven a pensar distinto o a decir una cosa diferente; la Iglesia siempre ha reaccionado así. ¿Por qué continúa dentro del sacerdocio pese a las situaciones prevalecientes dentro de la Iglesia católica? Esta pregunta me la hicieron antes por un artículo que escribí en Excélsior (en la época de Julio Scherer); me la hizo una maestra del CCH, y yo le respondí: "Dígame usted dónde hay unas estructuras que no sean criticables para que me vaya yo ahí". Si hay problemas en México y no me gusta cómo lo están gobernando, critico pero me quedo aquí y enfrento los problemas, otra cosa sería huir y no hay a dónde porque en todas partes hay dificultades, injusticias, odios. Con todo esto, ¿hacia dónde se dirige la Iglesia? La Iglesia está revisando muchas cosas, Paulo VI lo dijo muy claramente en el decreto con el cual canceló las indulgencias, que eran un aberración absoluta. Empieza su decreto con estas palabras: "La Iglesia va penosamente a través de la historia buscando la verdad, porque no la posee". Cuando la Iglesia reconozca eso como lo reconoció Paulo VI será otra cosa, porque entonces podrá admitir y respetar la verdad de los otros como exige que los demás respeten su verdad, eso es todo. ¿La Iglesia tiene futuro? Yo creo que sí, sobre todo porque la Iglesia no es la jerarquía eclesiástica, la Iglesia es el pueblo de Dios y tiene futuro en los pobres, en toda la gente humilde y sencilla que ama a los demás y cree en Dios. Ahí es donde tiene su futuro la Iglesia, no en la jerarquía eclesiástica y en su estructura de poder José Luis Martínez S. es periodista. |
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