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en el balcón
"Necesito Ying-Yang"
Adriana Curiel/Huemanzin Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rumberas

Mujeres pletóricas de candela y sensualidad, las rumberas marcaron un hito dentro de la cinematografía nacional y, a la vez, alimentaron las fantasías sexuales de quizá millones de hombres de toda América Latina que allá por los 40 y 50 fueron hipnotizados por los cachondos movimientos de caderas y hombros de estas féminas, inalcanzables para el común de los mortales. Para Fernando Muñoz, autor de Las reinas del trópico, de todas las mujeres que bailaron música afroantillana en la pantalla grande, sólo cinco llegaron a la cima del gusto popular y crearon el género de rumberas: María Antonieta Pons, Rosa Carmina, Meche Barba, Amalia Aguilar y Ninón Sevilla. Con motivo del lanzamiento de un número especial de la revista Somos dedicado a "las rumberas del cine mexicano", estas tres últimas se reunieron recientemente en el Salón Los Angeles, donde uno de nuestros fotógrafos las captó.

De padres españoles, pero nacida en Nueva York "por un mero accidente", Meche Barba debutó a los seis años en los llamados "salones de variedad", lugares itinerantes que sirvieron de plataforma para actores como "Cantinflas", "Resortes" y "Palillo". Después de breves apariciones en algunas películas menores, su primer contacto con el cine de rumberas fue al actuar en Rosalinda (1944), de Rolando Aguilar, en donde la estrella era María Antonieta Pons. Su primer estelar vendría dos años más tarde con Humo en los ojos, de Alberto Gout. Posteriormente Gran casino, Cortesana, Negra consentida... en total 38 cintas entre 1937 y 1953.

Conocida como "El torbellino del Caribe", la cubana Amalia Aguilar fue descubierta por el empresario Julio Richard en el Florida Night Club de Panamá, en donde se desempeñaba como bailarina. De inmediato la trajo a México (1944). Aquí debutó en el Teatro Lírico y un año más tarde incursionó en el cine con Pervertida, de José Díaz Morales, a la cual seguiría más de una veintena de inolvidables filmes, en donde prodigó sus bailes. Entre ellos, Dicen que soy mujeriego y Calabacitas tiernas, ambos de 1948.

Ninón Sevilla deseaba convertirse en monja misionera, pero su pasión por el baile y el mundo del espectáculo fue más fuerte. También cubana, la llamada "Venus dorada" arribó a México en 1946. Participaba en pequeñas obras cuando fue descubierta por el productor cinematográfico Pedro Arturo Calderón quien, embelesado por sus piernas y su erótico vestuario, la hizo debutar en Carita de cielo, del mismo año. Su carrera fílmica continuó con exitosas cintas como Pecadora, Aventurera y Sensualidad. Sus dotes de actriz, así como su mirada expresiva y desafiante baile provocaron que muchos críticos de la época la llegaran a comparar con Marlene Dietrich.

Hoy, Amalia Aguilar se encuentra completamente retirada de los escenarios; de hecho, se alejó de éstos desde la segunda mitad de los 50. Meche Barba, quien también abandonó el medio artístico a raíz del cambio en la temática de las películas, regresó a los foros en 1991 -luego de cuatro décadas de retiro- con la película Los años de Greta, de Alberto Bojórquez, y a partir de 1982 ha intervenido en cuatro telenovelas. Ninón Sevilla, por su parte, se retiró a finales de los 50 y sólo retornó para participar en algunas películas de los 80, como Noche de carnaval y, al igual que Meche, en varios culebrones. Lleva nueve

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