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Siempre igual, y permanece
El Cascanueces

Fernando Maldonado M.

Cada año se repite el milagro de ver un soldadito de juguete llamado Cascanueces, que cobra vida la noche de Navidad para pelear con su capa y espada contra la mala voluntad del Rey de los Ratones. Nació en diciembre de 1892 en el Teatro Marynski, de San Petersburgo, Rusia; con libreto y coreografía de Lev Ivanov y música de Piotr I. Tchaikovsky (1840-1893). El Cascanueces nos convoca a la fantasía del movimiento, a la poesía del ballet -un arte mudo- que tiene mucho que decir a los jóvenes y a los viejos de fines del siglo XX, apesadumbrados por los múltiples problemas que les aquejan. El ballet constituye un arte inmediato universal, dirigido a todas las clases sociales, que bailan a su manera por una disposición del alma más que del cuerpo. El Cascanueces en Bellas Artes se presentará en varias funciones durante la temporada navideña.

A 107 años de su nacimiento se escenifica como un ritual en todas las grandes capitales donde hay una compañía de danza. ¿Por qué el milagro de su permanencia? ¿Por qué no ha muerto como otras coreografías? Siempre hay cambios en la producción, en la magia del escenario y en los bailarines. Las principales líneas en la historia y de la acción son siempre las mismas.

El secreto de su permanencia radica en su música brillante y delicada, en sus pizzicatos, en sus pasajes íntimos que nos trasladan a otros reinos tranquilos e hipnóticos, paraísos soñados. También radica en que su historia sentimental es original, de amor y amistad, el anhelo de un cambio cada fin de año para salir de lo cotidiano, que sea placentero e inolvidable. Por ello, le recomendamos El Cascanueces para que sea feliz y junto con el Hada de Azúcar paladee el espíritu navideño

Fernando Maldonado M. es periodista especializado en danza.

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