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Conocer a Zarandona

Sergio Peña

Conocer a Zarandona, el patriarca vasco en el exilio, equivale a recordar aquellas palabras pronunciadas por don Adolfo Sánchez Vázquez a propósito del exilio español, del que él mismo forma parte: "Lo importante no es dónde se está sino cómo se está". Y en estas palabras se resume lo mejor y lo peor del destino del patriarca vasco y protagonista de la novela Zarandona, de Josu Landa. Se trata de la historia de una víctima cualquiera de tiempos convulsos, Zarandona, y no del típico dirigente político exiliado; se trata de sus debilidades y sus grandezas, aferrado a su voluntad nacionalista vasca, en Venezuela, y con Euskal Herria cada vez más cerca por estar más lejos; se trata de una versión de la nostalgia.

Esta es la primera novela de Josu Landa y cuenta con el peso de ser también la primera escrita acerca de la diáspora vasca a causa del franquismo. Y aunque es su primera novela, no es loprimero que escribe: Josu Landa es conocido por su destacada labor ensayística en diversos suplementos culturales de México, España y Venezuela, entre otros países; también es poeta, autor de siete poemarios, reconocido con el Premio Carlos Pellicer de Poesía 1997, y traductor de Octavio Paz al euskera. Y no obstante todo lo anterior, no bastaría para hacer de Josu Landa por pase automático un novelista. Pero Josu Landa se ha empeñado en hacerlo y como puntos en favor cuenta con una historia nada convencional (un aldeano vasco sacado del caserío y la guerra a tamborazos que de pronto se halla inmerso en la cachondez de la sabana de Venezuela) y un contexto por el que nadie, hasta donde se sabe, había pasado: el vascoparlante en un país latinoamericano y sus nexos (conflictivos, afectivos, idealizados y traicioneros) con los suyos. Algo así como una historia de Isaac Bashevis Singer, aunque la lengua del protagonista no sea yidish sino vascuence y en lugar de vivir en Nueva York, viva en la Orinoquia.

Quizá se podría hablar de una literatura de los guetos, a propósito de Zarandona, como fue la de los noruegos que llevaron su lengua a Islandia en el año 800 d.C., donde floreció la mejor literatura nórdica antigua. Como si un vasco de la generación X de pronto tuviera la oportunidad de ver en Zarandona lo más auténtico de una cultura que ya no conoció o, cuando menos, de un mundo que cada vez se le olvida más: el de sus paisanos levantando piedras en tierras lejanas, con txapel (boina) e ikurrin (bandera vasca), y su lucha por asirse a una identidad que a él le ha sido obsequiada

Josu Landa, Zarandona, México, Euskal Etxea-Centro Vasco, 1999, 174 pp.

Sergio Peña estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

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