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Sustenciosos sonidos
Ruth Juárez y Aldo Altamirano
Charles Baudelaire escribió alguna ocasión: "Hay naturalezas puramente contemplativas y totalmente impropias para la acción que, sin embargo, bajo un impulso misterioso y desconocido actúan alguna vez con una celeridad de la que ellas mismas se hubieran creído incapaces". La naturaleza de los sonidos y su inerte complejidad en ese magnífico proceso cuyo acústico resultado sería la música, en disímiles ocasiones y contextos recibe un incognoscible impulso, en donde el artista imprime sus más sublimes sentimientos hasta otorgarle a la música una innovadora y distinta esencia para el deleite hipersensible del oído humano. Tal es el caso del virtuoso artista estadounidense Phillip Glass, quien nació en Baltimore en 1937 y cuyos preceptores fueran dodecáfonos, así como compositores del renombre de Aaron Copland y William Schuman (durante sus estudios tanto en la Universidad de Chicago como en la Julliard School de Nueva York). Sería a partir del inicio de los 60 que Glass comienza a interactuar con otras personalidades, quienes de alguna manera provocan esa caótica búsqueda de un estilo propio para interpretar y componer la música. Fue determinante la relación que tuvo durante casi dos años en la ciudad de París con Nadia Boulanger, pues a partir de entonces él protagonizaría la transcripción de algunas obras del hindú Ravi Shankar (cuyo virtuosismo con la sítara envolvió intempestivamente a Glass), comenzando así una epopeya de investigación que lo mantendría ensimismado con los sonidos primigenios y arcaicos de India y norte de Africa. El disco String Quartet No. 1 (1966) fue el resultado de que Phillip Glass, al regresar a Nueva York, emprendiera un proceso de experimentación con técnicas de composición hindúes mezclándolas con las técnicas de Occidente. Este trabajo sonoro consiste en ocho unidades melódicas que se repiten por entero en sí mismas para concluir en una única composición minimalista. En su siguiente concepción intitulada Two Pages (1967), de ocho unidades pasa al implemento de solo una, para la construcción totalitaria de su trabajo. El minimalismo, hay que recordarlo, es un fenómeno primordialmente estadounidense que comenzó al término de los 50 y que al principio de los 80 sufrió una inescrutable mutación que lo mantuvo inmerso en los recurrentes ritmos cíclicos que son elementos irrefutables de las técnicas de composición hindú. En 1976 Phillip Glass, en compañía de Robert Wilson, concibe su notable primer trabajo operístico intitulado Einstein on the Beach. El carácter insondable y por tanto enigmático que se sugiere entre el movimiento y el sonido, entre la actuación y la música, fueron motivos determinantes para que Glass encontrara en esa teatral mixtura un subjetivo puente entre el escucha y el artista, que lo llevaría a proseguir con el detallado esculpir de otras complejas óperas. Satyagraha, Akhnaten, The Voyage e Hydrogen Jukebox, son sólo algunas de ellas. Pero Glass también ha digerido y reinventado imágenes. The Thin Blue Line, Powaqqatsi y, por supuesto, Drácula (1931), cuya reedición fue creada e interpretada al lado del cuarteto Kronos, son tres de los filmes sonorizados por este músico minimalista, que alguna vez durante un ensayo, como él mismo lo recuerda, se percató de que entre los repetitivos beats de su música emergían sustanciosos sonidos, entonces detuvo la música para preguntar si alguien estaba cantando, y en realidad nadie lo hacía; se trataba sólo de un efecto psicoacústico que fluía de entre su música. Este jueves 2 de diciembre en el Metropólitan Phillip Glass tendrá un íntimo acercamiento con el público mexicano condensando la más purista esencia del artista, armado únicamente con su piano, y su estoico deseo por encontrar los tesoros ocultos en la interacción entre el público y el artista Ruth Juárez y Aldo Altamirano son productores de la serie Ex-perimento que se transmite los sábados a las 19 horas en Radio UNAM (96.1 FM). |
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