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por los caminos de sancho El Congreso
Renward García Medrano
Creo que aquel Merlín o aquellos encantadores que encantaron a toda la chusma que vuesa merced dice que ha visto y comunicado allá abajo le encajaron en el magín o la memoria toda esa máquina que nos ha contado, y todo lo que por contar le queda. Dice Francisco Labastida que su partido trabajará intensamente para recuperar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, unas 200 curules, y mantenerse como fuerza mayoritaria en la Cámara de Senadores. Me da la impresión de que no se trata de una frase de campaña, sino de una meta que el candidato presidencial del PRI cree que está a su alcance. Y que es una meta muy necesaria para la gobernabilidad del país. La actual Legislatura de la Cámara de Diputados es la más plural desde los tiempos de Porfirio Díaz y su composición política fue una especie de confirmación de la validez de la reforma electoral. Porfirio Muñoz Ledo lo entendió así y lo magnificó -como es habitual en este personaje singular- al grado de haber intentado, desde una alianza de minorías, transitar hacia un sistema parlamentario. El PRI y el gobierno subestimaron el avance electoral de las minorías y -en vez de negociar con uno o dos partidos pequeños para asegurar la mayoría simple- trataron de imponerse como "mayoría relativa", una forma más suave de nombrar a la primera minoría. El resultado fue catastrófico: el PRI perdió posiciones de poder en la estructura de la Cámara y no pudo evitar un virtual voto de censura al entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, lo cual se convirtió en uno de los factores de su retiro del gabinete. Sin embargo, una vez concluido el reparto de los cargos y dineros, en donde los pequeños partidos obtuvieron porciones de poder superiores a su representatividad, se disolvió la alianza inicial y se desató la contienda de egolatrías, tanto entre personajes del PRD y el PAN en la Cámara, como Muñoz Ledo y Santiago Creel, entre otros, como entre los legisladores y las dirigencias y liderazgos reales de sus respectivos partidos: allí asomó por primera vez el germen de la incapacidad de los actuales partidos de oposición para hacer alianzas con objetivos superiores a los circunstanciales. El PRD, el PAN y hasta los micropartidos han demostrado que la enfermedad del caudillismo no es exclusiva del grupo político heredero de la revolución. Contra lo que pudiera sugerir la lógica elemental, los diputados priistas no pudieron aprovechar la rivalidad de las egolatrías para atraer votos de los partidos pequeños, porque ese partido no podía mejorar el precio que cobraron al PAN y el PRD en su alianza inicial. Aunque la oposición no pudo articular siquiera un esquema elemental de programa político conjunto, sí fue capaz de unificarse frente a toda propuesta sustancial del Ejecutivo, como los paquetes económicos, para lograr concesiones a cambio de su voto aprobatorio. Si hubiera que sintetizar al máximo el resultado más importante de la primera Legislatura plural en la Cámara de Diputados, se diría que ha sido mantener al país al borde de la ingobernabilidad. Esto explica que Labastida no sólo aspire a ganar la elección presidencial sino, además, a recuperar la mayoría priista en el Congreso de la Unión. No creo que ese sea el escenario más conveniente para el país ni para el primer gobierno del siglo XXI. Primero, porque el PRI ha dejado de ser el monolito del pasado y no es probable que en la próxima Legislatura se reedite la disciplina absoluta y acrítica de los diputados y senadores. Segundo, porque una mayoría priista de más de dos tercios en ambas cámaras podría ser vista como un retroceso en el camino de la democracia. No sugiero que el PRI deba volver a ser minoría para favorecer el avance democrático, pues eso es tan disparatado como la noción de que no habrá democracia mientras el PRI continúe en la Presidencia de la República. Planteo, sí, que una sociedad diversificada como la mexicana se verá mejor representada en un Congreso plural que en uno dominado por un solo partido, y que así sea depende de la capacidad de los partidos y candidatos de oposición para obtener votos ciudadanos. Pero lo sustancial, en mi opinión, es que la gobernabilidad no pasa necesariamente por el predominio del Congreso de la Unión por el partido en el gobierno. Requiere que los legisladores y sus respectivos partidos hagan una seria autocrítica y se comprometan con la ciudadanía a cumplir con su deber primario, que es hacer leyes sin supeditarlo a objetivos partidistas ni mucho menos al cultivo de egolatrías tragicómicas. Es hora de reconocer que la clase política está rezagada en la marcha hacia la democracia y que la próxima Legislatura del Congreso de la Unión debe aprovechar el fracaso de la actual para evitar los riesgos que plantea la ingobernabilidad al país en su conjunto. Para ello hará falta que cada partido envíe a sus mejores hombres y mujeres a las cámaras legislativas y haga un compromiso de responsabilidad política con la ciudadanía Renward García Medrano es periodista. |
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