etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
libros cultura mañana tianguis
espectáculos águila y sol etcétera
columnas

por los caminos de sancho
El Congreso
Renward García Medrano

el revés de la trama
Utopías infamantes
Edgardo Bermejo Mora

barandal
Los alumnos
Ciro Murayama

textos
Crímenes legales
José Antonio Gurrea C.

guía de perplejos
Cobayas
José Luis Durán King

freakziones
Lluvia de noviembre
Patricia Peñaloza

 

 

 

 

 

bahías

El peor crimen
Padres que maltratan e incluso matan a sus niños

Rafael Cordera Campos

En solidaridad con el doctor Guillermo Soberón

Según reporta el Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar, adscrito a la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, en lo que va del año han muerto violentamente 148 niños, de los cuales 114 (70%) han padecido la violencia por parte de sus padres.

La desnutrición y el síndrome del niño maltratado aparecen como causas importantes en dichos fallecimientos, pero los menores han muerto a balazos, por golpes con objetos contundentes en manos de sus progenitores que, según informa Crónica (22/XI/99), están frustrados por su precaria situación económica. Aun existiendo dicha frustración, no se justifica la violencia y la consecuente pérdida de las vidas de los niños.

Se ha dicho mucho acerca de este tema. Los especialistas y los opinadores han analizado la pobreza como causa importante, aunque no exclusiva, de esa desastrosa situación. Otros han incursionado por la vía de los efectos de los medios de comunicación, particularmente por la presentación televisiva de la violencia multifacética. Y así, por esos medios y objetivos, los terribles efectos de la violencia contra los infantes nos deberían obligar a pensar en todo aquello que se puede hacer para disminuir en lo posible esa situación.

Por ello mismo es importante que un organismo público esté dando seguimiento e investigue esa temática. Pero también hay que recordar que, por ejemplo, durante las elecciones federales de 1997 los infantes fueron a votar por sus derechos. Aunque hubo polémica al respecto, lo que no podemos obviar ahora es que muchos niños votaron y escogieron como uno de sus principales derechos el que dice que no deben ser maltratados.

Los infantes que acudieron a las urnas exigieron ser respetados íntegramente y por todos y, además, eligieron entre los principales los derechos a la buena educación y contar con un adecuado medio ambiente. Las elecciones infantiles para la difusión de los derechos de los niños fueron una novedad para los mexicanos y, a la vez, todo un éxito: acudieron a las urnas tres millones 709 mil 704 y ahí decidieron por los tres derechos que hemos mencionado. Por eso mismo hay que reconocer que ellos, los niños, sí saben qué quieren y les preocupa el mundo de los adultos pero, en particular, manifiestan que necesitan buenos tratos y ahí exactamente se está fallando.

Sin lugar a dudas, las investigaciones del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar son importantes y deberían dar lugar a una reflexión de carácter nacional. Los gobernantes y los gobernados, el Estado y la sociedad deberían estar atentos a un tema delicado relacionando directamente con el futuro del país. La escuela es tal vez uno de nuestros mejores vehículos para enfrentar ese tipo de situaciones, tanto por el hecho de que el problema es un asunto en donde la educación juega un papel muy importante, como porque sus efectos multiplicadores en la sociedad se han mostrado de gran trascendencia.

No es menos importante el papel que pueden jugar los medios de comunicación. La educación cívica, aquella que pretende formar y forjar ciudadanos que reconozcan y fortalezcan el Estado de derecho, es algo que debe desarrollarse en la escuela, como ahora se está haciendo, pero esa labor se fortalecería enormemente si en los medios se adoptaran decisiones en ese sentido, si los directivos y los dueños de la prensa escrita, la radio y la televisión, tomaran nota del problema y asumieran plenamente la responsabilidad que les corresponde.

No es una labor sencilla ni se podrá resolver en el corto plazo. Pero es necesario impulsar políticas y programas serios, consistentes y realistas, que incidan por lo menos en la reducción de ese mal que nos aqueja y lastima a la niñez. Es un asunto que debería tener la importancia que se merece precisamente porque es de interés nacional, de futuro para el país

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores