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Un Retes sin fuerza

Raúl Criollo

Para Rebeca, Toño y Gabriel,
por sus huellas en el desierto

Gabriel Retes prometió que Un dulce olor a muerte sería una película técnicamente distinta a cualquiera de sus diez trabajos anteriores. Lo hizo, y ése es el mérito único e irrevocable del filme.

Los apartados técnicos: fotografía, edición, sonido, son de primera línea; igual que la dirección escénica y puesta en cámara, que exhiben una gran ejecución técnica del director.

La historia está basada en la novela homónima del escritor Guillermo Arriaga Jordán y narra los problemas generados en el pueblo de Carranco (San Luis Potosí) por el asesinato de una joven. La trama pretende convertirse en óptica incisiva de la corrupción y del poder del rumor, como inductores directos del crimen, la complicidad y la tragedia. La historia se cuenta bien, pero el interés no llega o, al menos, no captura al espectador. Las escenas que suponen la mayor crudeza visual de la cinta (el crimen, el encuentro final en la cantina) carecen de la fuerza y viveza que sí tienen muchos diálogos, incluyendo la plática-confrontación en el río de Ramón (Diego Luna) con el hombre que le hace ver el crudo rostro del miedo para convertirse en asesino.

El actor argentino Héctor Alterio hace un buen trabajo pero no puede dominar el acento y genera desconcierto. La actriz española Ana Alvarez lo hace mejor, haciendo valer las horas de estudio del acento potosino. El resto del reparto tiene un desempeño sólido y son el punto más importante de la película, desarrollando plenamente el sentido satírico que el director trata de imprimir en los personajes. A Diego Luna el protagónico le queda grande. Gabriel Retes declaró durante el rodaje: "Tengo todos los medios (...), así que si la película no sale, será, definitivamente, por culpa mía". El lo dijo

Un dulce olor a muerte. Dir. Gabriel Retes. Con: Ignacio Retes, Juan Carlos Colombo, Odiseo Bichir y Alvaro Carcaño, entre otros.

Raúl Criollo estudió Comunicación en la Universidad Veracruzana.

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